A la sombra de
las 'fake news'

La época dorada de la
desinformación






Andrés Jiménez MacKellar

Las mentiras son tan antiguas como el ser humano, y bien utilizadas pueden servir desde para escabullirse de una situación comprometida hasta para ganar unas elecciones. En ocasiones incluso son más efectivas que la verdad, cuando no más cómodas, porque una sociedad polarizada las abrazará con fervor si concuerdan con su discurso.

Aunque el origen de las 'fake news' sea remoto, en los últimos años han adquirido una nueva dimensión que las ha convertido en una de las mayores amenazas de las democracias de todo el mundo, bien porque se han aprovechado del alcance de las redes sociales, o por la complejidad de definir qué es una noticia falsa.

Hace no demasiado, esa etiqueta se le ponía a una información ficticia que buscaba un rédito político o económico, o simplemente engañar a aquel que la leyera, mientras que en la actualidad sirve para atacar a los medios de comunicación que no repiten el mantra político de uno u otro.

Por ello, el Grupo de Alto Nivel sobre noticias falsas y la desinformación en línea de la Comisión Europea vio necesario definirla como "información verificablemente falsa o engañosa que se crea, presenta y divulga con fines lucrativos o para inducir a error deliberadamente a la población, y que puede causar un perjuicio público".

Julio Montes es co-fundador de Maldito Bulo, un medio español que desmiente informaciones falsas y que forma parte de dicho grupo. Opina que "la verdad vende" desde la irrupción del actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y que eso está devolviendo parte de la credibilidad que los medios de comunicación habían perdido en años anteriores.

Lo confirma el informe anual de Edelman sobre la confianza, que crece 5 puntos en el caso de los medios y disminuye un 2% para las plataformas:

¿Qué pasa con Facebook?

Algoritmos, alianzas con fact-checkers y pocos resultados

Si las redes sociales son una red de autopistas para la desinformación, Facebook es la M-30.

El fundador del gigante tecnológico, Mark Zuckerberg, acudió al Congreso de EE.UU. el pasado 10 de abril para explicar por qué los datos de 87 millones de usuarios fueron filtrados a la empresa de asesoramiento político Cambridge Analytica, que los utilizó en beneficio del por entonces candidato republicano, Donald Trump.

La empresa recolectó la información personal de aquellos que accedieron a un test de personalidad que habían desarrollado, así como la de todos sus amigos. Esta fue utilizada para lanzarles mensajes políticos acordes con su perfil psicológico, para que apoyasen a Trump en las urnas.

Muchos de esos mensajes atacaban a la demócrata Hillary Clinton con información falsa, algo que se extendió durante toda la campaña electoral, y que incluso continuó cuando el magnate neoyorquino ya se había instalado en la Casa Blanca.

Zuckerberg rechazó la idea de que las 'fake news' distribuidas en Facebook habían tenido algún impacto en el resultado de dichos comicios, pero tuvo que pedir disculpas cuando el tiempo y las posteriores investigaciones le quitaron la razón. Desde entonces, la red social ha puesto en marcha varios recursos para poner trabas a la desinformación.

Algunas de las noticias falsas pretenden redirigir al usuario a portales en los que resulta difícil navegar debido a la gran cantidad de anuncios que tienen. Se produce así un negocio extremadamente rentable mediante el clickbait y el engaño.

Para intentar frenarlo, Facebook ha prohibido que las páginas que compartan informaciones falsas con frecuencia se puedan anunciar.

Cuando un medio de fact-checking desmienta una de las publicaciones, esta aparecerá con una advertencia pública en los muros de los usuarios. Aquellos que aun así decidan compartirla recibirán un mensaje en el que se afirma que el contenido es falso.

Otra medida adoptada por la compañía es la de incluir noticias relacionadas junto a las publicaciones, para que el usuario tenga acceso a distintas perspectivas sobre un mismo acontecimiento.

Facebook comprobó que un algoritmo no puede frenar toda la desinformación de su página, por lo que también ha lanzado el llamado 'fact-checking partnership' con medios que se dedican al desmentido de bulos.

Sin embargo, una encuesta realizada por la Universidad de Monmouth revela que una gran mayoría opina que ni Facebook ni Youtube están haciendo suficiente para combatir la desinformación.

¿Qué hacemos con las 'fake news'?

España es junto a Indonesia, México y Argentina el país que más miedo tiene al uso de la desinformación como arma, según el 2018 Edelman Trust Barometer. Lo temen cerca de 8 de cada diez españoles, mientras que la media mundial ronda los 7 de cada diez.

La presencia de la desinformación en el país se intensificó a finales de 2017, coincidiendo con el referéndum ilegal del 1 de octubre y las elecciones catalanas del 21D. Unas veces beneficiaban al discurso independentista, y en otras ocasiones los que quedaban bien parados eran los opositores a la secesión.

El equipo de Maldito Bulo trabajó a destajo para desmentir infinidad de bulos, sin importar el tinte político que los impulsaba. Julio Montes, su co-fundador, explica que el número de seguidores del medio se disparó durante este periodo. Lo lograron gracias a tres factores:

Este último punto responde a una de las grandes ventajas de las 'fake news' respecto a las reales: la velocidad a la que se comparten.

Según un estudio del Massachusetts Institute of Technology (MIT), una noticia falsa tarda seis veces menos en llegar a 1.500 personas que una real. Ocurre en informaciones sobre ciencia, tecnología y entretenimiento, aunque es más evidente en aquellas que tratan temas políticos.

¿Sabrías detectar un bulo?

Una encuesta de Statista cifró en un 76% el número de personas que sabría diferenciar un bulo de una noticia real. De ellas, un 27% estaría muy seguro y otro 49% tendría bastante confianza en sus habilidades de fact-checker.

Y tú, ¿sabrías detectar un bulo?

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