Mujeres pioneras
en el flamenco
En el pasado, el flamenco también se mantuvo gracias a mujeres de las que apenas quedó rastro escrito. Algunas llegaron a ser famosas en su época, otras enseñaron, cantaron o bailaron en patios, fiestas y reuniones privadas, sin firmar discos ni salir en carteles.
Entre las primeras figuras reconocidas está Juana Vargas ‘La Macarrona’, bailaora jerezana que empezó desde niña y acabó recorriendo escenarios de Málaga, Barcelona y París. Fue una de las grandes estrellas del flamenco de finales del siglo XIX.
También destaca Pastora Pavón Cruz ‘La Niña de los Peines’, una de las voces más importantes de la historia del flamenco. Su forma de cantar marcó un antes y un después y sigue siendo referencia para generaciones posteriores.
Junto a ellas hubo muchas otras mujeres esenciales: Antonia “La Gamba”, La Serneta, La Trini, La Andonda, Rita la Cantaora, La Chata de Madrid, Juana la Pitraca, Salud la Hija del Ciego o Carmen Borbolla, entre muchas más. De muchas apenas se conservan nombres y recuerdos, pero su aportación fue clave para que el flamenco siguiera creciendo.
Mercedes Fernández Vargas | Biografías de Mujeres Andaluzas
Mercedes Fernández Vargas | Biografías de Mujeres Andaluzas
Mercé la Serneta
Antonia La Gamba | Fernando el de Triana, Arte y artistas flamencos 1935
Antonia La Gamba | Fernando el de Triana, Arte y artistas flamencos 1935
Antonia La Gamba
Carmen Borbolla | Triana, Arte y artistas flamencos
Carmen Borbolla | Triana, Arte y artistas flamencos
Carmen Borbolla
Salud Rodríguez, la hija del Ciego | Flamencas por derecho
Salud Rodríguez, la hija del Ciego | Flamencas por derecho
Salud Rodríguez
También quedaron casi invisibles mujeres que cantaban sin subirse a un escenario, como Flora, esposa de Porrina de Badajoz, o Juana Cruz, madre de Camarón de la Isla. Otras, como María La Sabina, dejaron estilos que hoy siguen vivos en la voz de artistas actuales como Miguel Poveda.
Algunas pudieron grabar ya al final de sus vidas, cuando desaparecieron las barreras que antes se lo impedían. Es el caso de Tía Anica La Piriñaca, María La Burra, María Bala, La Perrata o Cristobalina de Funi, cuya obra apenas dejó huella discográfica, pero sí una influencia profunda.
Todas ellas forman parte de una historia del flamenco que no siempre se ha contado, pero que explica por qué hoy las mujeres ocupan un lugar central en el cante, el baile y el toque.
