El pueblo invisible

Historia y actualidad
de la comunidad judía en Sevilla

El pasado 15 de febrero, trescientas personas se reunieron en Madrid para homenajear la labor de la División Azul contra la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial.

Los participantes, adscritos a grupos como Juventud Patriota, España 2000 y la Falange, realizaron el popular saludo nazi acompañado de unos cánticos en “Honor y Gloria a los caídos”. Marcharon por las calles de Madrid orgullosos de ser seguidores de la División Azul: “y que os abracéis, y que cantéis y que viváis alegres. Porque el fascismo es alegría”, dijo el abogado ultraderechista Carlos García Juliá.

El acto se convirtió en altavoz de proclamas de tinte antisemita, entre otras. Y en todo este barullo, destacó la figura altiva de Isabel Peralta, una joven y reconocida falangista que en sus redes sociales se proclama como “fascista, no demócrata, homófoba y machista”. Durante su intervención no perdió el tiempo. Micrófono en mano, expulsó palabras de odio y resentimiento contra la comunidad judía: “El enemigo siempre va a ser el mismo aunque con distintas máscaras: el judío… El judío es el culpable y la División Azul luchó por ello”.

Este evento provocó que saltaran las alarmas en las organizaciones y comunidades judías de todo el país. Por su parte, la Federación de Comunidades Judías de España (FCJE), organización que agrupa a la inmensa mayoría de comunidades y organizaciones de esta confesión en el país, no tardó en reaccionar a estas palabras. Pidió a la Fiscalía de delitos de odio que investigara las "graves acusaciones" e "insultos" hacia la comunidad judía. A través de un comunicado, la comunidad calificó de "inadmisible" que "en un estado de pleno derecho y sólida democracia como es España, queden impunes". 

Soldados de la División Azul. Fuente: Archivo Fundación División Azul

Soldados de la División Azul. Fuente: Archivo Fundación División Azul

Isabel Peralta durante el acto de homenaje a la División Azul. Fuente: Nuevo Mundo Israelita

Isabel Peralta durante el acto de homenaje a la División Azul. Fuente: Nuevo Mundo Israelita

Isaac Benzaquén, (cuarto por la izquierda), presidente de la Federación de Comunidades Judías de España junto con diferentes responsables de comunidades judías. Fuente: El Mundo / FCJE

Isaac Benzaquén, (cuarto por la izquierda), presidente de la Federación de Comunidades Judías de España junto con diferentes responsables de comunidades judías. Fuente: El Mundo / FCJE

Fuente: picture-alliance/Georg Goebel / dw.com

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Fuente: EFE

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¿Es el discurso nazi hitleriano...

Fuente: picture-alliance/Georg Goebel / dw.com

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… la base de los argumentos antisemitas actuales?

Fuente: EFE

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Lo cierto es que la pregunta no es de fácil respuesta.

Analizar el ideario nazi del siglo pasado es una tarea compleja, ya que contiene múltiples detalles y factores que deben tenerse en cuenta y que conforman, en su conjunto, un discurso de corte fascista y antisemita. Para facilitar la comprensión de la ideología, el propio Adolf Hitler publicó el 18 de julio de 1925 su gran obra: Mein Kampf o Mi Lucha, en español. En ella, detalla el nacionalsocialismo, entre otros asuntos, que implantó en Alemania desde 1933 hasta 1945.

Para empezar, Hitler dedica unas páginas a la definición y valoración personal sobre el colectivo judío. Sobre esta base, desarrolla su discurso antisemita:

El espíritu de sacrificio del pueblo judío no va más allá del simple instinto de conservación del individuo. [...] A ello se debe que el Estado judío [...] carezca por completo de confines.

Porque el concepto de un Estado con fronteras definidas implica siempre el sentimiento idealista de una raza dentro del mismo y, además, un concepto apropiado del significado del trabajo como idea. [...]

Su vida dentro de otras naciones podrá desarrollarse a perpetuidad en el único caso de que consiga producir la impresión de tratarse, no de un pueblo o una raza, sino de una <<comunidad religiosa>>”.

Mein Kampf (Mi Lucha), de Adolf Hitler.

Bebiendo de varias fuentes como la teoría del superhombre de Nietzsche y el darwinismo social, Hitler confecciona un discurso en el que prevalece la superioridad de la raza aria frente a la judía. El propio autor reflexiona sobre ambos grupos: “para que se desarrollase una cultura superior, fue necesario que existiesen individuos de inferior civilización”.

De esta manera, justificará el Holocausto y el exterminio judío que llevará a cabo años después, ya que califica al judío como una raza “inferior”.

A pesar de la derrota de Hitler en la Segunda Guerra Mundial, las ideas antisemitas no solo no murieron con el régimen nazi, sino que, además, se extendieron al resto del mundo.

Estas han persistido durante décadas mediante ciertos grupos sociales, llegando incluso a manifestarse en la actualidad. Uno de los países a los que llegó esta ideología fue España, debido a las relaciones diplomáticas que se establecieron entre ambas naciones. Entre los grupos que han pervivido a lo largo de estos años con una ideología nazi, destaca la Falange que sigue rindiendo homenaje a cuerpos militares como la División Azul, bastión militar español colaborador de la Alemania nazi.

A pesar de que históricamente se haya demostrado la postura de neutralidad por parte de los soldados de la División Azul hacia el antisemitismo nazi, lo cierto es que en España las ideas han evolucionado desde la década de los cuarenta. Argumentos como los aportados por Isabel Peralta, en representación de la Sección Femenina de la Falange Española y en honor a la División Azul, son la prueba de cómo el falangismo español ha ido adoptando ideas antisemitas con el paso de los años. Este fenómeno se ve reflejado en la existencia de numerosos grupos sociales que encuentran sus bases en la ideología nazi o neonazi. 

Destaca la experiencia de David Saavedra, ex-nazi, que ha publicado el pasado mes de mayo Memorias de un exnazi: Veinte años en la extrema derecha española. Con la intención de concienciar al público joven sobre los grupos neonazis activos en la actualidad, el autor hace un recorrido por su experiencia dentro de uno de ellos. Saavedra ha accedido a relatar su paso por el neonazismo español.

Antisemitismo actual

Saavedra describe que el proceso de adhesión al nazismo se lleva a cabo de forma gradual, construyendo poco a poco lo que él considera “la burbuja”, entendida como el estado mental alejado totalmente de la realidad en el que se encontró durante sus veinte años en este mundo. “Al principio, el odio no hace acto de presencia. Te convences de que formas parte de los buenos en un conflicto que no todo el mundo ve, de modo que comienzas a sentirte especial”. 

En 2019, en el Ateneo de Madrid seguidores de Falange realizaron el saludo nazi. Fuente: El Mundo / E. M.

En 2019, en el Ateneo de Madrid seguidores de Falange realizaron el saludo nazi. Fuente: El Mundo / E. M.

Alzamiento de banderas falangistas en Madrid en 2019. Fuente: elplural.com

Alzamiento de banderas falangistas en Madrid en 2019. Fuente: elplural.com

David Saavedra, antiguo nazi español. Fuente: La Sexta

David Saavedra, antiguo nazi español. Fuente: La Sexta

El ex-nazi expone que este sentimiento es lo que provoca que se comience a tratar a los demás con desdén, altanería y egocentrismo. “Nadie te dice desde el principio, por ejemplo, que el Holocausto no existe, porque no lo creerías. Es un proceso que comienza con cosas más sencillas. Se te presenta un mundo en decadencia, con valores en decadencia, algo que es verdad, pero lo intercalan con mentiras”, continúa. “Y una de esas mentiras es que exista una conspiración oculta de poderes judíos para llevar al mundo a la deriva. Desde el principio, te dicen que el judío está detrás de todos los problemas: de las guerras, de la pobreza, de las crisis… Nuestro cometido era desenmascarar al judío”. 

Saavedra explica que, sin tener a alguien a quien culpar, sin poder personificar de alguna manera al causante de los problemas de la humanidad, ese discurso de decadencia en torno al que se estructuraba toda la ideología no tendría sentido, de modo que se toma al judío como el enemigo último. “Con esto ocurre como con los menas. Como están totalmente deshumanizados, cuando piensas en ellos tu cabeza imagina lo peor. Y eso es lo que ocurre en la burbuja con los judíos”. Como prueba de lo incongruentes que resultan todas esas acusaciones, Saavedra realiza un acto de confesión: “en el tiempo que estuve ahí metido, nunca me crucé con un judío y, sin embargo, era la piedra angular de todo mi discurso”.

Saavedra incluso ha abierto un canal personal en la plataforma YouTube para realizar una labor de divulgación sobre la realidad de este tipo de grupos ideológicos y concienciar a la población sobre el peligro que tienen para la sociedad. 

Fuente: elindependiente.com

Mensajes del foro Stormfront

"Sospecho que mucha gente no es consciente de la extensión de las actividades criminales judías". Fuente: Stormfront

"Sospecho que mucha gente no es consciente de la extensión de las actividades criminales judías". Fuente: Stormfront

"Solo hay 13.3 millones de judíos en el mundo y todavía la cantidad de crímenes que cometen es increíble. Si tú coges solo 13.3 millones de población blanca y lo comparas con la población judía, verás que si hubiera alguna estadística de los crímenes de los judíos, entonces los judíos ganarían fácilmente en número y en crímenes extraños." Fuente: Stormfront

"Solo hay 13.3 millones de judíos en el mundo y todavía la cantidad de crímenes que cometen es increíble. Si tú coges solo 13.3 millones de población blanca y lo comparas con la población judía, verás que si hubiera alguna estadística de los crímenes de los judíos, entonces los judíos ganarían fácilmente en número y en crímenes extraños." Fuente: Stormfront

Aumento del antisemitismo en Europa. Fuente: BBC / Getty Images

Aumento del antisemitismo en Europa. Fuente: BBC / Getty Images

Creciente hostilidad hacia los judíos alemanes. Fuente: picture-alliance / dpa

Creciente hostilidad hacia los judíos alemanes. Fuente: picture-alliance / dpa

Odio racial en el País Vasco. Fuente: latribunadelpaisvasco.com

Odio racial en el País Vasco. Fuente: latribunadelpaisvasco.com

Varios neonazis que siguieron a Isabel Medina durante su discurso. Fuente: Víctor Lerena / EFE

Varios neonazis que siguieron a Isabel Medina durante su discurso. Fuente: Víctor Lerena / EFE

Esta ideología no está solo en la calle, también ha encontrado un hueco en Internet. La fama del foro Stormfront es internacional: propagación del supremacismo blanco, del antisemitismo y del negacionismo. Es el foro con mayor alcance mundial en lo que se trata de vender odio racial.

Iago Moreno, sociólogo por la Universidad de Cambridge y experto en fenómenos digitales y cambio social, explica cómo afecta este odio a los grupos sociales implicados y qué consecuencias hay.

El sociólogo Iago Moreno amplió sus declaraciones con un par de apuntes sobre la gestación de ese odio social contra un grupo o minoría concretos:

“Hay una infinidad de causas en el tema del antisemitismo, pues no dejan de ser residuos de una parte de la ideología clásica del nacionalismo español. Esa idea del contubernio judío, masónico y bolchevique. O también, influencias de ideologías extranjeras de corte extremo-derechista, como el neonazismo, que han sobrevivido hasta nuestros días. O es una influencia de culturas [...] que frivolizan con el antisemitismo como un medio para llegar a la agitación de la extrema derecha en las redes sociales. Lo cual no le quita importancia, porque frivolizar con ello cuando ni siquiera te importa es igual de asqueroso que un brainwash, es decir, un lavado de cerebro por esa ideología neonazi”.

Y, además, Moreno advierte del peligro que tiene dicho odio en el plano mediático y político en el país en la actualidad. Sin embargo, también destaca que no es sistemático y que hay pocos casos que representan el antisemitismo en España:

“No ha habido grandes casos, yo diría que el plano mediático y político de este país está formalmente en contra del antisemitismo. Pero sí que es cierto que con lo que pasó con el discurso de Isabel Peralta [...], al simplemente buscar los clics a través de la indignación moral de los lectores, toda la creación de esas noticias [...] da una visibilidad que después utilizarán ellos (los antisemitas) para crecer. Que hablen de ti aunque sea para mal.

En concreto El Español le hizo una entrevista (a Isabel Peralta) [...]. Hay una obscenidad en la búsqueda de tráfico de visitas que hace que los medios no se planteen qué discursos amplifican a través de la crítica y hacen que crezcan, y eso es un problema. O sea, no creo que haya una legitimación sistemática del antisemitismo como puede haber respecto a otros discursos de odio como los de las personas migrantes [...]. No creo que sea una cosa tan sistemáticamente enraizada [...].”

Respuesta y situación judía en España

En la actualidad, las diecinueve comunidades judías de España —según la FCJE— luchan cada día por mantener viva la esencia de su religión y de su cultura y para hacer frente a los discursos del odio.

La definición que el nazismo teórico aporta difiere de sobremanera con la que la propia comunidad judía mantiene en la actualidad. Muchas son las discrepancias y muchas son las décadas que han pasado desde el discurso de Hitler. La FCJE ayuda a analizar la coyuntura actual mediante su labor de defensa a la comunidad judía. A día de hoy, la Federación está muy implicada en “representar de forma conjunta a las comunidades judías que hay en España”, según defiende María Royo, directora de Comunicación de esta institución.

La Federación de Comunidades Judías de España nace en un contexto legislativo favorable para este tipo de organizaciones. Gracias a la Ley de Libertad Religiosa de 1980 y el Real Decreto de 1981, la FCJE pudo dar sus primeros pasos en la recién nacida democracia española. Desde sus inicios, su principal cometido ha sido representar a la comunidad judía, pero también promover acciones por su defensa y su protección, ya que “la comunidad judía en España es pequeña y tampoco se diferencia de otras personas por su indumentaria o su forma de actuar. El hecho de que no se conozca la vida judía es más por falta de interés de las personas, instituciones y medios de comunicación, que por ausencia en los planes de estudio. Desde la FCJE hacemos un trabajo de difusión y comunicación constante”, explica Royo.

A la pregunta sobre cómo combatir los discursos antisemitas que actualmente están volviendo a recobrar fuerzas, la FCJE respondió de forma simple y apelando que la única arma de la que se dispone es la educación. Además, aclara “que el antisemitismo es un síntoma de una sociedad enferma”. 

Sin embargo, es difícil combatir este tipo de odio cuando la existencia del judaísmo es casi invisible en España y, por tanto, no tiene tanta cobertura mediática y educativa como otros colectivos. Una de las razones de esta invisibilidad, tal y como reconoce la FCJE, ha sido el hermetismo de la propia comunidad judía. Esta actitud se debe, entre otras cosas, a que la comunidad tiene sus propios centros educativos. Según la FCJE, “[En España] hay tres colegios: en Madrid, Barcelona y Melilla. El resto de comunidades cuenta, como mucho, con un profesor que enseña judaísmo, hebreo, festividades… Los colegios son concertados, con lo que hay alumnos judíos y no judíos. La singularidad de estos colegios es que hay programadas clases de judaísmo, hebreo o cultura judía.” Los centros públicos, por su parte, no contienen programas específicos para la educación judía porque hay pocos alumnos de esta índole, por ello, acaban yendo a centros concertados o privados.

Mediante la educación y otros medios, como la familia y los textos sagrados, la comunidad judía perdura y sus costumbres se transmiten de generación en generación. De esta manera, se conserva el entramado de organizaciones y comunidades judías que, en diferentes puntos de la geografía española, viven y difunden su cultura y su religión.

Isaac Benzaquén, presidente de la Federación de Comunidades Judías de España (FCJE). Fuente: Migue Fernández 

Isaac Benzaquén, presidente de la Federación de Comunidades Judías de España (FCJE). Fuente: Migue Fernández 

Fuente: radiojai.com

Fuente: radiojai.com

Sevilla

Visita guiada por la comunidad judía sevillana

De las diecinueve comunidades judías a las que hacíamos referencia anteriormente, destaca la de Sevilla por su antigüedad, tal y como explica el profesor de derecho eclesiástico de la Universidad de Sevilla José Cruz Díaz. 

A los judíos españoles actuales se les atribuye el término “sefardíes”, relativo a aquellos judíos que fueron expulsados durante el reinado de Isabel la Católica en la Edad Media, más concretamente, en 1492. 

Según Díaz, los judíos decidieron marcharse y no convertirse al cristianismo por el simple hecho de que no quisieron dejar de ser judíos. Quisieron seguir preservando su identidad. No querían renunciar a quiénes eran, no querían renunciar a sus nombres judíos, a sus costumbres, a sus tradiciones. Ni tampoco a su pueblo: querían seguir estando en España, pero tenían que elegir. Los judíos se sentían judíos, pero también españoles, dos identidades perfectamente compatibles. A pesar de decidir marcharse de la Península, estos judíos nunca renunciaron a sus costumbres españolas, de ahí el nacimiento de los denominados “judíos sefardíes”. 

Al igual que no rechazaron su religión, los sefardíes tampoco se olvidaron de sus orígenes españoles. No fue hasta ya entrado el siglo XX, más concretamente en 1913, cuando se constituye en Sevilla una nueva comunidad judía con sede en la zona de la Alameda de Hércules. Se trataba de la primera comunidad judía asentada en España desde la expulsión masiva de 1492. La comunidad estaba formada por judíos provenientes de Gibraltar y del norte de África que, a su vez, eran descendientes de los sefardíes expulsados hacía ya varios siglos. 

Díaz explica por qué el momento de retorno de estos judíos a España es el propicio:

“llega un momento en que el liberalismo político ya reina en España durante el siglo XIX. Habrá una serie de constituciones, algunas de ellas de corte bastante liberal. En este periodo, aunque la constitución tiene un tono ciertamente conservador, en materia religiosa es tolerante. [...] Se toleraba a las personas de otra religión, [...] mientras que su presencia aquí fuera de forma discreta, sin hacer proselitismo [...]. Las autoridades toleraban su presencia en la sociedad siempre y cuando no dieran problemas y no dieran quehacer”. 

José Ramón Ayaso, profesor del área de Estudios Hebreos y Arameos de la Universidad de Granada, también comenta y analiza la importancia de la comunidad judía en la historia de España y Andalucía.

Actualmente, la comunidad judía sevillana la conforman aproximadamente trescientas o cuatrocientas personas. Sin embargo, no hay un censo que oficialice el número de judíos residentes en la capital andaluza, pues muchos de ellos no están registrados como miembros de la comunidad judía.

Como bien dice José Cruz Díaz, la comunidad judía en Sevilla también ha sufrido rechazo por parte del resto de la población debido a su cultura y religión distintas.

En Sevilla hay dos grupos judíos: Beit Rambam, denominada comunidad judía progresista, y la ortodoxa. Aunque ambas profesan la misma religión, presentan características diferentes. Por ejemplo, mientras que en la comunidad ortodoxa es impensable que una mujer pueda ser rabina, en la progresista está bien visto y es algo natural porque se busca la igualdad entre hombres y mujeres.

La Iglesia Santa María La Blanca se ubica en la antigua Judería de Sevilla y ocupa el lugar donde estuvo la sinagoga mayor de la judería hispalense Fuente: legadoserfadi.blogspot.com.

La Iglesia Santa María La Blanca se ubica en la antigua Judería de Sevilla y ocupa el lugar donde estuvo la sinagoga mayor de la judería hispalense Fuente: legadoserfadi.blogspot.com.

Expulsión de los judíos de España (año de 1492), de Emilio Sala. Fuente: uc3m.es

Expulsión de los judíos de España (año de 1492), de Emilio Sala. Fuente: uc3m.es

Cementerio judío en Gibraltar. Fuente: amuraworld.com.

Cementerio judío en Gibraltar. Fuente: amuraworld.com.

Judería de Sevilla. Fuente: Grupo 2.

Judería de Sevilla. Fuente: Grupo 2.

Plaza de Santa Marta, Sevilla. Fuente: Grupo 2.

Plaza de Santa Marta, Sevilla. Fuente: Grupo 2.

Moisés Hassán, judío ortodoxo y guía especializado en tours turísticos judíos, lo explica a través de un ejemplo muy sencillo: 

“Durante el rezo en la sinagoga, hay un grupo de personas que se apellidan Cohen — descendientes del sumo sacerdote Aaron Cohen, hermano de Moisés— y que, por lo tanto, tiene una posición más importante. A la hora de la lectura pública de la Toráh, que se hace tres veces en semana —lunes, jueves y sábados—, cualquiera podría leer el texto, ya que los progresistas no entienden de honores y comparten la ideas de que todos son iguales y tienen el mismo derecho. Sin embargo, en una sinagoga ortodoxa, al primero que llamarían siempre sería un Cohen porque tiene honores.”

La mayor diferencia que existe entre estas dos ramas del judaísmo es la rigidez en el cumplimiento de las normas de la Toráh. Por ejemplo, una de las normas fundamentales del judaísmo es que el sábado se guarda, es decir, no se trabaja ni se utilizan medios electrónicos, entre otras cosas. Para ir a la sinagoga, un progresista se saltaría la norma de “no conducir”, ya que lo importante es que pueda ir a rezar. La respuesta de un ortodoxo, sin embargo, sería que ha violado las leyes sagradas de la Toráh. Si se quiere ir a la sinagoga, se debe ir a pie. Si no la persona no puede, debe buscar una que esté más cerca o que le sea más accesible por cualquier motivo. 

Para ilustrar y completar la información sobre ambas comunidades judías sevillanas, Haim Casas, rabino y fundador de Beit Rambam, denomina a esta congregación judía como “la primera comunidad judía progresista del sur de España”. 

Para responder a la cuestión que se plantea respecto al significado de ser una comunidad judía progresista, Casas realiza un breve recorrido histórico por el siglo XVIII. “El movimiento judío progresista, reformista y liberal tiene su origen en el siglo XVIII durante la Ilustración, cuando, igual que muchos otros pensadores de la época, intelectuales judíos se cuestionan el lugar de Dios, de la revelación, de los textos sagrados… En el judaísmo comienzan a surgir voces que quieren vivir una religiosidad, una cultura judía en el que haya un papel de la fe importante, pero también de la razón. Es una época [...] en la que los judíos comienzan a integrarse en la sociedad en general, lo que provoca que haya una visión más abierta y moderna de la religión, así como que haya comunidades judías más integradas en la cultura de su tiempo”. 

Casas hace hincapié en el origen temporal de estas ideas liberales y progresistas, pues asegura que, en general, la gente tiende a pensar que se trata de una corriente que “apareció ayer”. Además, su nacimiento es contemporáneo al del movimiento judío ortodoxo: “nacemos en la misma época y son dos respuestas totalmente diferentes a la situación que vivían los judíos en esa época. Una es ‘vamos a hacernos mucho más religiosos y vamos a apartarnos mucho más de nuestro entorno’, y la otra es ‘vamos a vivir con más plenitud los tiempos modernos que nos han tocado vivir.”

De esta forma, Casas justifica la creación de Beit Rambam con la idea de pertenecer a esta corriente, de la que no existía ninguna en Andalucía. “Vi que en Andalucía había comunidades judías ortodoxas sefardíes tradicionales, sobre todo, en la Costa del Sol y Gibraltar, y la pequeña de Sevilla, y pensé que necesitábamos una comunidad más de esta índole.” 

Su origen etimológico tiene mucho que ver con esta corriente del pensamiento religioso. ‘Beit’ significa en hebreo ‘casa’, mientras que ‘Rambam’ es el acrónimo de Rabbi Moisés ben Maimón, más conocido como Maimónides. Casas eligió este nombre para la comunidad para homenajear y reivindicar la figura de esta relevante figura judía. “Maimónides era muy moderno para su tiempo, el siglo XII. El mundo ortodoxo monopolizó su figura, pero fue un intelectual, filósofo y científico muy progresista en su época. En su momento fue un revolucionario”, sentencia Casas. 

Así nace Beit Rambam, que actualmente está formada por un grupo de familias y amigos muy pequeño, lo que hace su ambiente muy acogedor. Su sede está en Sevilla, aunque nació en Córdoba y acoge a judíos de diversas partes de la geografía andaluza. Es una de las organizaciones más relevantes en el plano judío andaluz actual.

Casas, además de fundar Beit Rambam, dirige Makom Sefarad. Esta organización se define como un “proyecto cultural dedicado a facilitar espacios de diálogo y convivencia a través de actividades y programas vinculados a la historia y el legado judeo-español”. El ámbito de actuación de esta organización es nacional, pero también tiene repercusión a nivel internacional.

Makom Sefarad, un espacio de diálogo

Sobre Makom Sefarad, Haim Casas explica que la organización “surgió como una iniciativa cultural, no como una iniciativa religiosa. No es una comunidad religiosa, la idea es ser un punto de encuentro entre judíos y no judíos en torno a la herencia sefardí en Andalucía”. De esta manera, el objetivo principal fue conformar un lugar de encuentro entre la cultura sefardí y el resto de culturas existentes en España, incluido el catolicismo y el islam. Además, Casas define la cultura e historia sefardí como “una historia de encuentro entre otras culturas [...] lo que ha hecho que sea muy rica, porque de todas estas culturas se aprende. [...] Se trata de echar una mirada a nuestra historia y cultura, para disfrutarlas con la finalidad de crear lugares de encuentro de diversidad hoy día.”

La creación de este tipo de organizaciones, cuyo fin último es la apertura social de la comunidad judía, como Makom Sefarad, deja ver la necesidad de visibilizar esta religión en España. Este deseo de estar presente socialmente, es la consecuencia más directa del desconocimiento sobre la cultura judía por parte del resto de la población. La sociedad sevillana, en términos generales, es bastante integradora con las minorías existentes —tal y como explicará más tarde Haim Casas. Sin embargo, la comunidad judía trabaja cada día por mantener su esencia, cultura y religión. Haim Casas explica, por tanto, los motivos de este desconocimiento: “Cuatro siglos de Inquisición, una expulsión, un nacionalcatolicismo muy fuerte… y después una época moderna en la que la comunidad judía ha sido muy pequeña.” 

Encuentro interreligioso. Fuente: https: makomsefarad.org.

Encuentro interreligioso. Fuente: https: makomsefarad.org.

A pesar de no ser tan pequeña a día de hoy, la comunidad judía sigue siendo menos relevante que otras minorías persistentes en España. Además, en comparación con las comunidades judías de otros países como Francia —que tiene la comunidad judía más grande de Europa con más de quinientos mil judíos—, la española es insignificante. Aunque los números no lo sean todo, ser pocos integrantes potencia el pasar desapercibidos entre el resto de grupos sociales. A esto se suma que “muchos españoles nunca han tenido la oportunidad de conocer a un judío”, explica Casas.

En Sevilla, el rabino Casas agradece la aceptación que los vecinos sevillanos presentan hacia el colectivo judío. A pesar de ser una comunidad pequeña con poca visibilidad, las actividades que Makom Sefarad organiza para difundir la cultura judía tiene muy buena acogida por parte del resto de la población sevillana y andaluza. “Nuestra experiencia en las actividades que organizamos y en las que participamos es de un cariño muy grande por parte de nuestros vecinos no judíos que, en general, nos quieren y nos aceptan como unos sevillanos más pues es lo que somos.” Además, esto facilita la integración de la minoría en la sociedad que, de por sí, es buena pero mejorable.

El rabino también destaca la importancia de la educación como vía para mejorar la situación social de la comunidad judía. También hace hincapié en que en España la asignatura de Historia no se enseña correctamente en los centros educativos. Los propios españoles no conocen del todo bien la historia de su país, entonces ¿cómo van a conocer la de otras culturas o naciones? El pueblo judío ha vivido etapas de gran esplendor a lo largo de los siglos destacando, por ejemplo, la época de la Córdoba andalusí o los siglos X y XI. Sin embargo, el hecho de que haya un desconocimiento generalizado no quiere decir que haya desinterés por parte de la población. De hecho, como nos ha relatado Casas, en muchas de las conferencias que él mismo ofrece, el público cuenta con un significativo porcentaje de personas no judías. 

Por su parte —y en contraposición a todo lo anterior—, Moisés Hassán, el judío ortodoxo y guía turístico, realiza una autocrítica mirando hacia las propias dinámicas de la comunidad judía. “Quizás, en algunos casos, por ese miedo a hacernos ver, se queda uno manteniendo un perfil bajo. Por lo que pudiera pasar. Yo, personalmente, pienso que es un error”. Hassán defiende que la comunidad judía debe abrirse a la sociedad porque así “si no nos conocen, no podremos quejarnos”. Y continúa “es decir, si yo no dejo que nadie venga al sitio en el que yo rezo, ¿cómo puedo pretender que los demás sepan lo que es? Y la gente puede pensar, ‘claro no quieren que veamos lo que hacen [los judíos] porque, por ejemplo, hacen ritos con la sangre’”. De esta forma, analiza cómo comienzan los prejuicios y falsas creencias sobre el judío, cuyo silencio, en muchas ocasiones, ha provocado pasar por alto su propia existencia. 

Al igual que organizaciones como Makom Sefarad, de Haim Casas, y las actividades turísticas del ‘Jewish Spanish Tour’ de Moisés Hassán, destacan otras iniciativas que persiguen el mismo objetivo: difundir la cultura judía. De esta manera, nace Radio Sefarad, un proyecto de la Federación de Comunidades Judías de España sin ánimo de lucro. Está patrocinada por instituciones públicas y donantes privados de todo tipo. Jorge Luis Rozemblum, director de la emisora, explica en qué consiste su labor y los objetivos que persiguen:

Iglesia de Santa María la Blanca, Sevilla. Fuente: Grupo 2

Iglesia de Santa María la Blanca, Sevilla. Fuente: Grupo 2

El Callejón del Agua, Sevilla. Fuente: Grupo 2

El Callejón del Agua, Sevilla. Fuente: Grupo 2

Curiosidades...

Las comunidades más ortodoxas cumplen las normas de la Toráh al pie de la letra, hasta el punto de que hace algunos años se puso de moda la utilización de “móviles kosher”, unos teléfonos aprobados por el Comité Rabínico de Telecomunicaciones.

Motorola: primer móvil ‘kosher’. Fuente: eldiario.es

Motorola: primer móvil ‘kosher’. Fuente: eldiario.es

Estos teléfonos tienen características muy particulares, entre ellas, la imposibilidad de acceder a Internet, líneas telefónicas eróticas u otras páginas de esta índole. Además, tienen integrados el calendario de festividades judías, ringtones con canciones populares y también tienen la posibilidad de estar fuera de servicio durante el Sabbat

Macetas con flores rojas en el barrio judío de Santa Cruz de Sevilla. Fuente: Grupo 2

Macetas con flores rojas en el barrio judío de Santa Cruz de Sevilla. Fuente: Grupo 2

Calle Vida, distrito Casco Antiguo de Sevilla, barrio de Santa Cruz. Fuente: Grupo 2

Calle Vida, distrito Casco Antiguo de Sevilla, barrio de Santa Cruz. Fuente: Grupo 2


Cultura judía

Ritos y costumbres

Pese a que existan este tipo de iniciativas que trabajan para difundir la cultura y legado judío, el nivel de desconocimiento acerca de este grupo y sus costumbres es muy alto en España.

Tanto es así, que el rabino Haim Casas y el guía turístico Moisés Hassán aseguran que, en Sevilla, la mayor parte de la población ni siquiera sabe de la existencia de dos comunidades judías diferentes. A esto se suma el hecho de que su actual sinagoga está escondida por motivos de seguridad y que, por lo tanto, no destaca entre los otros edificios sevillanos para los transeúntes. De esta forma, aparece un escenario en el que, a simple vista, los judíos pasan desapercibidos, por lo que sus festividades también lo hacen.

Moisés Hassán habla así de la cultura judía: “El judaísmo es un modo de vida. [...] Una persona que es judía, tiene su vida regulada por su código de conducta, que es la Biblia. [...] El judío cree en Dios como sumo creador y todo lo que hace es seguir ese código de conducta que es la vida. Cuál es la misión del judío en el mundo: repararlo, hacer este mundo mejor, aunque creamos en dios, no es él quien lo tiene que hacer. Entonces, somos nosotros con nuestro comportamiento quienes tenemos que hacer de este mundo un poco mejor. El hombre tiene libre albedrío, no existe la predestinación en el judaísmo. Y ese libre albedrío lo tiene que utilizar para que el mundo sea algo mejor. Con el hierro, creado por la naturaleza y Dios, puedes hacer una silla y una espada. Eres tú quién elige qué hacer. Ahí está la cuestión.”

El abanico de festividades judías es bastante amplio y comprende una serie de costumbres que el practicante lleva a cabo durante todo el año y durante todo el día. La mayoría de estas celebraciones tienen lugar en el hogar y junto a la familia, ya que estos conforman el primer espacio de socialización de una persona al nacer. Para empezar, el matrimonio es de vital importancia porque supone la creación de un núcleo familiar nuevo y un espacio santo para manifestar lo divino mediante el amor humano auténtico. De este gran valor espiritual que se le atribuye al matrimonio, nace después el concepto de la familia judía como centro fundamental de la vida en el judaísmo. 

Además, en el judaísmo, la unidad familiar cobra especial relevancia debido a que una persona solo puede pertenecer a la comunidad si nace de una madre judía. De esta manera, se asegura la continuidad del judaísmo en la familia. Por tanto, el nuevo miembro adquirirá las costumbres y las creencias propias del judaísmo en el hogar que se define como un entorno de socialización a la vez que de formación. 

Teniendo esto en cuenta, no es de extrañar que en las principales celebraciones judías estén implicados tanto el hogar como el núcleo familiar debido a la intimidad que este espacio aporta. A lo largo de la vida del judío, muchos son los ritos que este lleva a cabo en este ámbito, que incluso se ha denominado como Mikdashma’at —pequeño santuario. En él, deben respetarse una serie de símbolos y comportamientos que configuran el espacio y el ambiente con el fin de llevar a cabo las distintas festividades. Además, es en el hogar donde el judío santifica su cotidianidad, su día a día. Esta santificación consta de tres bendiciones diferentes:

Las bendiciones para agradecer a Dios la posesión de los cinco sentidos, entre los que destaca el gusto por la bendición específica hacia el pan —hamotzi— o hacia el vino del Sabbat.

Las bendiciones pronunciadas antes de cumplir un mandamiento o mitzvah con el fin de agradecer a Dios la posibilidad de poder cumplirlo.

Las bendiciones para agradecer, pedir o alabar a Dios. Estas pueden llegar a pronunciarse hasta cien veces durante el día.

Aunque el hogar sea el espacio más importante, no es el único. Destaca la sinagoga como templo de culto y como lugar para la oración comunitaria y la lectura pública de la Torah. En la actualidad, la comunidad judía practica su religión de forma complementaria en ambos lugares. Sin embargo, dependiendo de la festividad que vaya a celebrarse, la comunidad judía acude a la sinagoga o permanece en el hogar.

Mientras Yom Kippur tiene lugar la mayor parte del tiempo en la sinagoga, la Pesach lo hace en la casa familiar. Para entender la función de la sinagoga en la práctica religiosa del judaísmo, se mostrará a continuación un ejemplo de plano tridimensional de la Sinagoga Magen David o la Sinagoga del Escudo de David ubicada en Calcuta, India, para comprender cómo es el interior de una sinagoga.

Sobre la práctica de la religión judía en ambos espacios, Hassán, el guía turístico y judío ortodoxo, tiene mucho que aportar: “una sinagoga puede ser cualquier casa. Sinagoga viene del griego y significa ‘casa de oración’, entonces no tiene por qué ser un sitio consagrado, como en el catolicismo. Un lugar donde se reúnan un mínimo de 10 personas puede ser un sitio de oración.”

Destacamos esta complementariedad entre ambos espacios de liturgia, sobre todo, durante la celebración del Sabbat, que comienza en la casa, sigue en la sinagoga y finaliza de nuevo en la casa con una cena. El Sabbat es una de las fiestas más importantes del judaísmo. Hace referencia al sábado, día de descanso absoluto para los judíos tras seis días de trabajo. Es el día de Dios por excelencia. El profesor José Ramón Ayaso aporta los siguientes matices en cuanto al trabajo durante el Sabbat:

“El sábado fundamentalmente es un día de descanso. Como dice el relato del Génesis: Dios, después de la creación, descansó. Al séptimo día descansó. Y ahí arranca el descanso sabático como una norma de comportamiento. [...] Como todas las fiestas judías, se inicia la noche anterior, es decir, dura desde la noche del viernes hasta la noche del sábado. Se realiza una cena especial [...] con oraciones para la recepción del sábado, el encendido de las velas... Pero lo fundamental es el no trabajar.”

Fuente: Grupo 2

Fuente: Grupo 2

La festividad empieza el viernes por la tarde con la limpieza general de toda la casa, la preparación de la comida y las velas. Además, los miembros de la casa toman un baño de agua caliente y se visten con las mejores prendas de sus armarios. La cena se celebra unas horas después, durante la noche del viernes en el hogar. A la mañana siguiente, los judíos acuden a la sinagoga y pasean por las calles luciendo sus mejores galas.

Además, tiene especial relevancia la mesa en esta festividad, sobre todo, ya que alrededor de ella se celebra el Sabbat y en ella se vive el mandamiento de la hospitalidad, pues es donde se sientan los invitados. La comida adquiere un significado sagrado por lo que se prepara de forma ritual.

El Sabbat tiene unas implicaciones prácticas muy complicadas de llevar a cabo, sobre todo si se es practicante ortodoxo. Así lo explica Moisés Hassán desde su punto de vista como el judío ortodoxo y guía especializado en adaptar la estancia turística de judíos durante el Sabbat: “Los judíos ortodoxos no hacen nada el sábado, no ven la tele, no utilizan el dinero, no utilizan el transporte público [...], no usan la electricidad. Entonces, te puedes encontrar con un grupo al que tienes que preparar un viaje personalizado, pues desde que anochece el viernes hasta que anochece el sábado, no pueden hacer nada. [...] Por ejemplo, ¿Qué pasa si en el hotel donde estamos nos dan la habitación en planta once? [...] Yo lo tengo presente. La noche del viernes tienes que estar en un hotel en el que no tengas que usar el ascensor y que no tengas que utilizar tarjeta para entrar en la habitación”.

Asimismo, una festividad en la que la cena es el acto central, al igual que en el Sabbat, es la Pesach, la Pascua judía. A diferencia del Sabbat, la Pesach se celebra en el hogar judío en su totalidad. Este rito consiste en la celebración de una cena especial (seder) que, en determinadas comunidades, se repite dos noches consecutivas para recordar la liberación del pueblo judío de Egipto. Esta cena está repleta de símbolos y detalles como la comparación de la mesa con un altar y la prohibición de comer alimentos que lleven levadura. Además, la noche anterior todos los miembros de la familia se dedican a buscar por la casa alimentos prohibidos durante la Pesach para quemarlos al día siguiente.

Cada miembro de la familia desempeña una función determinada durante la Pesach y, sobre todo, durante la cena. La mujer se encarga de limpiar la casa de forma completa, también cocina la comida y enciende las velas al principio de la cena. El padre, por su parte, bendice la mesa y preside la celebración.

Aunque la justificación de la fiesta sea la misma, no hay dos cenas iguales. La Pesach fomenta la creatividad, ya que permite que cada familia la celebre de una manera distinta y le aporte sus detalles personales, sobre todo durante la cena: el rito más importante que compone la Pesach. De esta manera, se hace mucho hincapié en el papel de los niños, aportando juegos para que estos se sientan integrados en la celebración y con ganas de participar. Un ejemplo de estas prácticas es el juego que consiste en esconder un trozo de levadura por la casa para que los más pequeños lo encuentren.

Otra de las festividades más relevantes en el calendario judío es Hanukka.

Hanukka, o también conocida como la fiesta de las luces, celebra la bendición del Segundo Templo de Jerusalén. Se llama fiesta de las luces porque según la tradición una vez estuvo purificado el Templo y se hubo borrado todo rastro de culto pagano, se encendió la luz eterna. Esta luz, encendida en una lámpara de aceite, se mantuvo prendida ocho días antes de poder traer un aceite nuevo, razón por la que Hanukka dura ocho días. También se celebra la victoria e independencia que consiguieron los Macabeos en su lucha, que ratificó la autonomía histórica del pueblo judío.

Hanukka comienza el 25 de kislev, que en calendario hebreo coincide con el mes de diciembre. Esta fiesta comienza con el encendido de las luces. Para esto se utiliza un candelabro especial, llamado Menoráh, que tiene ocho brazos. Durante los ocho días que dura Hanukka, se enciende una luz (bien pueden ser velas o lámparas de aceite) por cada día de celebración, encendiendo el brazo central el último día.  Además, la Menoráh cuenta con un noveno brazo central en el que se coloca una vela llamada Shamash, que será la vela correspondiente al cantor, es decir, a la persona que recite las oraciones.

Aunque, a diferencia de otras festividades como el Sabbat, Hanukka no está exenta del trabajo, sí es cierto que es una época en la que se intensifica la oración y la cercanía con las escrituras. Cada mañana se lee un párrafo de la Toráh, y se cantan un conjunto de salmos llamados Hallél

Sin duda, el acontecimiento más importante que tiene lugar en Hanukka es el encendido de las luces del que hablábamos antes. Este tiene lugar al anochecer, justo antes de la cena y con toda la familia. Las luces pueden encenderlas cualquiera de los miembros de la familia.  Las comidas y cenas de Hanukka son más especiales que las del resto del año: en ellas se reúne toda la familia y también los amigos, se cantan canciones típicas de la época (algo así como los villancicos) y se organizan juegos y actividades para los niños. 

Haim Casas, el rabino de Beit Rambam, detalla cómo celebran estas y otras festividades: “Bueno, volvemos al tema: somos muy poquitos, muy pequeños [la comunidad judía de Sevilla]. Hay mucha gente que celebra muchas cosas en casa porque tened en cuenta que nosotros tenemos una fiesta muy importante todas las semanas que es el Sabbat. Entonces, no lo celebramos porque no todo el mundo tiene el mismo nivel de práctica religiosa ni de vinculación con la cultura judía. Pero después hay muchas maneras de vivirla. Hay gente que va a la sinagoga [...], pero el judaísmo se vive mucho en casa. Y después, bueno, somos una comunidad pequeña, pero somos un buen grupo de amigos, entonces, para determinadas fiestas nos reunimos también juntos y las compartimos.”

La festividad que conmemora el comienzo del año natural es el Rosh Hashaná. La celebración comienza la noche de antes con un llamamiento a la meditación mediante la cual los judíos piden a Dios la desaparición de la maldad de todo el año pasado. Es un periodo de penitencia que se dedica a la oración y al análisis interno de los actos cometidos durante el último año. El Rosh Hashaná sirve de comienzo de un año nuevo, una etapa nueva, para el judío que olvida todo lo hecho para renovar y recuperar la confianza en Dios.

Suele celebrarse en septiembre u octubre y está compuesto por diez días de arrepentimiento que culminan con la celebración del Yom Kipur, décimo día de la Expiación o día del Gran Perdón. Durante esta celebración, se ayuna durante treinta horas y se perdona a los enemigos. De esta manera, se concibe un día para el análisis interno y para pedir perdón a Dios por los pecados cometidos. Se celebra, principalmente, en las sinagogas, mientras que en las casas se mantiene un silencio absoluto. Tras esta fiesta, el judío empieza un año nuevo, dejando atrás todos los pecados cometidos durante los últimos meses.

La fiesta más visible bajo el punto de vista social es la del Purim, que se celebra el decimocuarto día del mes de Adar en hebrero, equivalente a febrero-marzo.  Conmemora la salvación de los judíos de Persia de la aniquilación tramada contra ellos por Aman, primer ministro del rey de Persia. Es un día de disfrute y gozo para la comunidad judía. Es costumbre que se realicen dos donaciones caritativas a personas pobres y que, en el círculo cercano de la familia, se hagan regalos. 

Después de analizar las festividades más representativas del judaísmo, Haim Casas comenta la forma que tienen de vivir desde su comunidad las fechas señaladas judías:

“Hay actividades más religiosas pero otras más culturales o lúdicas. Nuestro programa de actividades pasa desde los rezos de Yom Kipur a organizar un día de picnic en un parque de Sevilla. Para mí, como rabino, lo importante es que la gente tenga y sienta un vínculo y una pertenencia. Entonces, si alguien viene solamente para hacer un picnic, comer y ver a la gente, me parece tan bueno y tan digno como el que venga a rezar en Yom Kipur. También lo importante es que la gente sienta que forma parte de una comunidad. Entonces, a través de actividades, unas más religiosas y otras menos, pues intentar crear una comunidad y crear humanidad.”

La integración social
de la comunidad
judía sevillana

A pesar de que existen festividades socialmente visibles y de los esfuerzos de las organizaciones, como Makom Sefarad, por dar a conocer el judaísmo al resto de la sociedad, sigue existiendo un desconocimiento generalizado acerca de la comunidad judía. 

Este desconocimiento, en muchas ocasiones, ha derivado en desconfianza, miedo y, finalmente, odio hacia esta comunidad. Haim Casas relata cómo se ha materializado este odio en los últimos tiempos en España, y sobre todo en Sevilla. 

“He sido testigo de pintadas antisemitas, sobre todo durante mi época trabajando en Córdoba, en la Casa de Sefarad. Me encontré alguna pintada en los muros de la sinagoga y en los muros del museo [...]. También en Sevilla, en la fachada de la pequeña sinagoga sefardí…  [...] Entonces, lo que siempre me gusta recordar es que hay que darle importancia y denunciarlo, y siempre lo hemos hecho. Pero también con mi comunidad siempre me gusta no animarles a entrar en pánico y hacerles ver que una simple persona en una noche con un spray te llena la ciudad de pintadas. Y que eso no es representativo del sentir general de una sociedad”. 

Por su parte, Moisés Hassán aporta su experiencia y su punto de vista sobre escenario y el grado de aceptación del judío de la sociedad Sevillana en los tiempos que corren: 

“Realmente nunca ha estado mal, nunca ha sido peligroso más allá de alguna pintada en la sinagoga. Mi padre hace años recibió alguna amenaza por escrito, algún sobre en el buzón... Pero es algo muy anecdótico. Pero como es una comunidad tan pequeña, apenas se nos conoce y no estamos tan presentes en la sociedad. La mayor parte de la gente no sabe que hay una sinagoga aquí. Yo no noto diferencia de hace veinte años a hoy”. 

Estas acciones de rechazo y discriminación al judío, aunque pequeñas, son fruto de siglos de persecuciones, estereotipos y prejuicios que han quedado interiorizados en el imaginario social. Todo comenzó con una cuestión religiosa allá por la Edad Media, por no abrazar el catolicismo y atribuirles el crimen de la “deidad”, el de matar a Dios. Tras las expulsiones y siglos de migraciones judías, el odio al judío se transformó para llegar a su expresión más violenta: el antisemitismo nazi. Esta vez, esa discriminación se basaba en cuestiones biológicas: el judío es una raza inferior que además quiere controlar el mundo. Desde entonces, perviven estereotipos como que los judíos controlan un gobierno mundial en la sombra, que tienen demasiado poder en los negocios, que son muy egocéntricos o que son responsables de todas las desgracias que ocurren en el mundo. 

Fuente: Grupo 2

Fuente: Grupo 2

Como se ha podido comprobar a lo largo de estas páginas, los estereotipos que rodean a la comunidad judía son completamente infundados y no podrían estar más alejados de la realidad. Son la consecuencia más directa del desconocimiento por parte del resto de la población hacia este grupo social. Por esta razón, las comunidades actuales luchan por darse a conocer, y terminar con estos prejuicios para dejar todo el antisemitismo atrás y así disfrutar de una sociedad cada vez más plural y diversa. La sociedad andaluza, tal y como describe Casas en sus declaraciones, es una sociedad muy abierta que integra a sus minorías. Sin embargo, queda mucho trabajo por hacer. La principal acción para lograr apartar el odio al judío de la actualidad consiste en demostrar interés por conocer al vecino y redescubrir su religión, su cultura y sus costumbres. 

“Yo creo que es importante tener muchísimo cuidado de cuando a algo o alguien se le pone la etiqueta de antisemita. Porque en el momento en el que uno le pone la etiqueta a alguien o algo de antisemita, uno crea un muro. Y una vez que se crea ese muro, se rompe todo diálogo y todo contacto. Entonces, hay que tener muchísimo cuidado. Yo creo que, en general, la sociedad andaluza es una sociedad superabierta con sus minorías.”
Haim Casas

Pintada antisemita en el centro de Barcelona. Fuente: EP

Pintada antisemita en el centro de Barcelona. Fuente: EP

Pinatadas antisemitas en la sinagoga de la Congregación Shaarey Tefilla en Indiana. Fuente: Justin Mack / The Indianapolis Star, vía Associated Press

Pinatadas antisemitas en la sinagoga de la Congregación Shaarey Tefilla en Indiana. Fuente: Justin Mack / The Indianapolis Star, vía Associated Press

Fuente: Vergara / Público

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