Fast fashion
O cómo destruir el planeta solo por estar a la moda
¿Qué es el fast fashion o moda rápida?
Es un modelo de producción que utilizan empresas textiles, como Inditex, H&M o Primark. Su propuesta consiste en el lanzamiento de colecciones casi semanales, en lugar de las tradicionales estacionales –primavera/verano u otoño/invierno–, e incluye prendas producidas de manera acelerada y a bajo coste.
¿Cuál es el problema?
En primer lugar, debemos hablar del deseo consumista que crean: estar constantemente a la moda, tener lo último. Esto da lugar a que, una necesidad básica como vestir se convierta en una demanda superficial. Según Contreebute, esta obsesión por el consumo tiene un efecto contaminante, pues revierte en una producción masiva y, por tanto, de residuos provenientes de la fabricación textil de estas empresas que, muchas veces, se vierten en ríos y tienen consecuencias sobre la fauna.
También permite un abuso de los trabajadores. Según un estudio publicado por Setem, los trabajadores de las fábricas textiles de estos grandes grupos situadas en Bangladesh y Sri Lanka, trabajan cerca de 16 horas seguidas, cobrando 34 dólares al mes, mientras que allí se sobrevive con, mínimo, 60 dólares mensuales.
Según un análisis de Proeconomía, un reportaje de Creacuervos y un informe de 2014 de SOMO, Centre of Research of Multinational Corporations, el fast fashion es directamente partícipe de la explotación infantil en las fábricas textiles del sur de Asia, ya que los padres de muchas de esas familias necesitan que sus hijos también trabajen, debido a que estos no ganan el dinero suficiente para mantener a toda la casa por su extremado bajo sueldo.
Por otro lado, algunas de estas marcas low cost (bajo coste de recursos y mano de obra) tienden a 'copiar' lo que un diseñador ha creado, llevando el mundo de la moda a un precio asequible. Por ejemplo, Zara entró en polémica por sacar una falda estampada de flores muy parecida a una de Valentino. Este problema desemboca en que los consumidores no desaprovechen la oportunidad de conseguir, por menos de 50 euros, todas las prendas que son casi iguales que unas de, mínimo, 600 euros, alimentando este consumismo excesivo.
Solo para fabricar un kilogramo de algodón, hacen falta 10.000 litros de agua
Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la industria de la moda es la segunda industria que más agua consume. Es responsable del 20% de todas las aguas residuales que se producen en todo el mundo.
Para producir un pantalón vaquero, según Iresiduo, se necesitan 3.781 litros de agua entre la producción de algodón, fabricación, el transporte y el lavado. En este proceso se emiten 33,4 kg de carbono, lo equivalente a conducir 111 km o ver 246 horas de televisión en una pantalla grande.
Los estudios de Naciones Unidas recogen que el promedio del ciudadano consume un 60% más ropa que hace 15 años, y una prenda se utiliza solo entre 5 y 10 veces antes de ser desechada.
Además, Nature ha informado este año 2020 que ''la moda rápida ha aumentado la producción de material en el sistema y que las marcas de moda están produciendo ahora casi el doble de ropa que antes del año 2000''.
De hecho, Greenpeace informó que ya en el año 2014 se produjeron más de 100.000 millones de prendas. El hecho de producir más ropa a precios más económicos ha ocasionado que esta tenga cada vez menos vida útil y, por tanto, termine más rápido en la basura.
Tan solo en España, termina en vertederos el peso equivalente a 45.000 coches medianos en ropa, según El Plural.
Además, la mayoría de estas empresas utilizan el poliéster como tejido principal. Este material es un derivado del petróleo, por lo que contamina muchísimo.
Marcas como H&M han sido aplaudidas por sacar una línea sostenible
Este es un ejemplo de marca que ha reconocido lo dañina que llega a ser la práctica del fast fashion. Sin embargo, el dinero que nos gastamos en esas pocas prendas "sostenibles", sigue alimentando por otro lado al hiperconsumismo que desemboca en esta explotación social y climática.
Además, aunque estas marcas comercialicen líneas sostenibles, según la ONU, la moda sigue siendo responsable del 10% de las emisiones globales de carbono, más que lo que produce todo el transporte marítimo y los vuelos internacionales combinados.
Según Unenviroment.org, estas emisiones provienen del uso de pesticidas a base de aceite, del bombeo de agua para regar los cultivos como el algodón, y del transporte de las materias primas necesarias para la producción del textil y su posterior distribución.
¿Soluciones?
Desde Greenpeace aseguran que, con solo doblar el tiempo de uso de la ropa de uno a dos años, se reduce el 24% de las emisiones. Igualmente, tratar de aprovechar las prendas, comprar ropa de segunda mano o acercarse a tiendas ecológicas, sería una buena forma de empezar a ser más conscientes.
Sin duda alguna, en este despertar sostenible de la moda, lo más importante es cambiar el concepto de la economía lineal al de la economía circular, en el que se establece que todos los productos pueden tener un ciclo de vida completo y eficiente sin que acaben en los vertederos. Hay que tener en cuenta que los recursos del planeta son finitos y que, por lo tanto, se debe tratar de aprovechar los que tenemos al máximo y no desperdiciarlos.
En este sentido, parece haber despertado una cierta conciencia popular y política. Por ejemplo, el Parlamento Europeo ha incluido la economía circular entre sus objetivos de sostenibilidad para 2030 (ODS), mientras que el mercado de segunda mano ha crecido y las compañías están buscando alternativas para revender.
Las alianzas globales, discusiones e innovaciones demuestran que los líderes están comprometidos con revertir este modelo. Y es que debemos ser conscientes de que el sistema debe cambiar si queremos subsistir.
