¿Quién es
Francisco Franco?

De cómo la propaganda y los medios de comunicación crearon un líder temible

1957/07/08 NODO 757A "El Generalísimo Franco inaugura el tramo ferroviario Puebla de Sanabria Orense". Fuente: RTVE

1957/07/08 NODO 757A "El Generalísimo Franco inaugura el tramo ferroviario Puebla de Sanabria Orense". Fuente: RTVE

Capítulo 1: El Caudillo de España

Francisco Franco en el NODO. Fuente: RTVE

Francisco Franco en el NODO. Fuente: RTVE

Nosotros, los modernos, creemos que una imagen es solo un mero objeto, pero en las manos adecuadas puede albergar un poder sorprendente. Hemos avanzado desarrollando técnicas para registrar fotografías, captar la esencia de las personas en el cine y grabar en vídeos los momentos más importantes de la vida. Y en eso ha radicado el poder.

Durante décadas emperadores, reyes y princesas han ido exhibiendo los retratos de sus predecesores para destacar la antigüedad y el poder de su dinastía; la fotografía y el cine han mantenido esa tradición. Hasta el comienzo del siglo XX, las cabezas del Estado eran solemnemente representadas en sus despachos o enfrente de la Bandera Nacional.

Muchos de los estilos de presentación de algunos líderes han sido interpretados como expresiones radicales o antisistema como lo hicieron Hitler, Mussolini o Mao. Sin embargo, a pesar del peso de estas figuras, es en España desde donde acabaremos hablando del tan conocido, temido, amado y odiado Francisco Franco.

Francisco Franco no encajaba como un modelo a seguir: tímido, odiado, incapaz de demostrar la espontaneidad necesaria para crear grandes discursos y su escaso interés en aparecer en las ceremonias públicas no lo convertían en la mejor figura para liderar un país.

A diferencia de los otros dictadores, Franco raramente hablaba en los desfiles o en la radio. En algunos números del NODO aparece con los ojos clavados en su papeleta, leyendo un corto discurso con voz vacilante y apagada.

Pero, ¿cómo llegó esta persona al poder? Ayudado por su autoconvencimiento de que era una persona inteligente —más que cualquiera—, que nadie podía estar por encima de él, que subía de dos en dos los escalones del poder por la propia pasividad de sus compañeros, hizo que se ganara a pulso el título de El Caudillo. Un sobrenombre que evoca a la figura de un líder fuerte e impenetrable.

Tanto la Fundación Francisco Franco como el historiador e hispanista estadounidense Stanley G. Payne nos ofrecen su visión de él:

Emilio de Miguel, secretario del Patronato de la Fundación Nacional Francisco Franco (FNFF).

Emilio de Miguel, secretario del Patronato de la Fundación Nacional Francisco Franco (FNFF).

Stanley G. Payne, historiador e hispanista​ estadounidense.

Stanley G. Payne, historiador e hispanista​ estadounidense.

La España de hace un siglo estaba divida en dos partes irreconciliables: la Segunda República no podía resolver la crisis del país y el levantamiento militar no hacía más que aumentar el desorden. El sociólogo Max Weber argumenta que los individuos “carismáticos” que piensan que tienen características y habilidades especiales pueden con ellas salvar a la gente de la miseria, despertar en los demás una sumisión completa. Aunque Franco estaba a falto de ese carisma y no convenció a los españoles de que podía salvarlos, hay un punto a parte en la idea de Weber: querer dar un sentido a circunstancias confusas hace que las personas angustiadas o desconcertadas depositen su confianza en una persona que parece capaz de guiarlas.

Noticiario Español Nº 15. 1939. Fuente: Ministerio de Cultura y Deporte

Cuando el bando nacional recuperó en 1936 el Alcázar de Toledo, a Franco se le ocurrió que en vez de felicitar corriendo a los defensores de la ciudadela lo inteligente era esperar. Reunió un equipo de filmación dónde él fue el centro del primer relato visual de un hecho militar rodado en el bando nacionalista: la mayoría de los españoles lo consideraron el libertador del Alcázar. El hecho de que recuperara el Alcázar significó que él también era capaz de salvar España.

Desde el rescate del monumento, la imagen de Franco para los nacionales cambió: para complacer los deseos de El Caudillo, la gente común ponía su nombre en todas partes. En Salamanca, por ejemplo, se ordenó que el busto de Franco apareciera en la galería de estatuas de los reyes españoles en la plaza principal de la ciudad.

El general Francisco Franco. Fuente: Casa Moreno. Archivo de Arte Español (1893-1953)

El general Francisco Franco. Fuente: Casa Moreno. Archivo de Arte Español (1893-1953)

El general Francisco Franco. Fuente: Casa Moreno. Archivo de Arte Español (1893-1953)

General Francisco Franco. Fuente: Casa Moreno. Archivo de Arte Español (1893-1953)

General Francisco Franco. Fuente: Casa Moreno. Archivo de Arte Español (1893-1953)

General Francisco Franco. Fuente: Casa Moreno. Archivo de Arte Español (1893-1953)

Alcázar de Toledo entre enero de 1973 y mayo de 1939 (Detalle del patio). Fuente: Archivo del Servicio de Recuperación Artística

Alcázar de Toledo entre enero de 1973 y mayo de 1939 (Detalle del patio). Fuente: Archivo del Servicio de Recuperación Artística

Alcázar de Toledo en la actualidad (Detalle del Patio). Fuente: Wikimedia Commons

Alcázar de Toledo en la actualidad (Detalle del Patio). Fuente: Wikimedia Commons

Alcázar de Toledo entre enero de 1973 y mayo de 1939 (Detalle del patio)

Alcázar de Toledo entre enero de 1973 y mayo de 1939 (Detalle del patio). Fuente: Archivo del Servicio de Recuperación Artística , image

Alcázar de Toledo entre enero de 1973 y mayo de 1939 (Detalle del patio). Fuente: Archivo del Servicio de Recuperación Artística

Alcázar de Toledo entre enero de 1973 y mayo de 1939 (Detalle del patio). Fuente: Archivo del Servicio de Recuperación Artística

Alcázar de Toledo en la actualidad (Detalle del Patio)

Alcázar de Toledo en la actualidad (Detalle del Patio). Fuente: Wikimedia Commons

Alcázar de Toledo en la actualidad (Detalle del Patio). Fuente: Wikimedia Commons

Recordemos que a Franco lo pintaron como un cualquiera y lo dejaron en la sombra, pero no hay que olvidar su pasado.

A pesar de ser hijo de familia de tradición marinera, eligió la vía militar. Ascendió rápidamente, siendo en 1926 el general más joven de Europa. Su brillante carrera se mantuvo bajo diferentes regímenes políticos: en la dictadura de Primo de Rivera administró la Academia General Militar de Zaragoza en 1928; con la Segunda República estuvo en la represión de Asturias en 1934; fue comandante en jefe del ejército español en Marruecos en 1935 y jefe del Estado Mayor Central en 1936. Sin embargo, el gobierno del Frente Popular lo alejó a la Comandancia de Canarias y ya lo demás es historia.

A favor del orden y la autoridad, Franco detestaba el parlamentarismo, el liberalismo y la democracia porque consideraba estos “entes” como los causantes de la decadencia del país. Instauró una dictadura personal confesional, unitaria, centralista, reaccionaria y conservadora. Copio los modelos fascistas donde imperaba la idea de jefatura unipersonal de partido único con un imperceptible corporativismo.

Y aunque hubo disidentes sobre las actividades del dictador fueron pocos y dubitativos. Entre ellos, destacaron varios oficiales:

Juan Yagüe estaba unido a la Falange, pero su falangismo era más radical frente a lo que Franco proponía.

General Juan Yagüe Blanco en 1938. Fuente: El País / EFE

General Juan Yagüe Blanco en 1938. Fuente: El País / EFE

General Juan Yagüe Blanco en 1938. Fuente: El País / EFE

Alfredo Kindelán era un monárquico conservador que irritaba al dictador con sus críticas, pero no pasó más allá de eso.

Aviador Alfredo Kindelán Duany en 1940. Fuente: Wikimedia Commons

General Alfredo Kindelán Duany en 1940. Fuente: Wikimedia Commons

General Alfredo Kindelán Duany en 1940. Fuente: Wikimedia Commons

Antonio Aranda, cuando era gobernador en Valencia, terminó cansado tanto de la corrupción en el cuerpo policial como de la represión de la Falange.

General Antonio Aranda Mata. Fuente: Wikipedia

General Antonio Aranda Mata. Fuente: Wikipedia

General Antonio Aranda Mata. Fuente: Wikipedia

Enrique Varela era carlista. Se le consideraba un héroe en las Fuerzas Armadas tras recibir dos veces la Gran Cruz Laureada de San Fernando —condecoración militar española más importante. Por ello, aunque llegó a ser ministro del Ejército, Franco lo vigiló colocando como subsecretario a Camilo Alonso Vega, íntimo confidente.

General José Enrique Varela. Fuente: Wikipedia

General José Enrique Varela. Fuente: Wikipedia

General José Enrique Varela. Fuente: Wikipedia

Luis Orgaz era monárquico, defensor de la vuelta de Alfonso XIII.

General Luis Orgaz Yoldi. Fuente: Wikimedia Commons

General Luis Orgaz Yoldi. Fuente: Wikimedia Commons

General Luis Orgaz Yoldi. Fuente: Wikimedia Commons

Sin embargo, ninguno de ellos deseaba acabar con la dictadura. Solo querían reducir el control de Franco dentro de la Falange y que este promulgara que España era una monarquía oficialmente.

Emilio de Miguel, secretario del Patronato de la Fundación Nacional Francisco Franco (FNFF)

Las estrategias de El Caudillo hicieron que todos bailaran bajo sus pies. Y es que Franco aprovechó que el bando republicano ejecutara al líder de la Falange, José Antonio Primo de Rivera, convirtiendo a un simple hombre en mártir. Agarró esta oportunidad por el mango y se autodeclaró heredero de José Antonio unificando todas las fuerzas conservadoras en un único partido: La Falange. Por eso, en el retrato que le hizo Ignacio Zuloaga en 1940 aparece con la boina roja —parte del atuendo usado por monárquicos, conservadores y católicos—, la camisa de color azul —símbolo de la Falange—, los pantalones y botas militares, y la bandera —en contraposición a la republicana. 

Retrato de Franco, de Ignacio Zuloaga (1941). Fuente: El País

Retrato de Franco, de Ignacio Zuloaga (1941). Fuente: El País

El régimen que construyó tenía una dualidad: se jugaba con lo racional y lo tradicional. Aunque en lo racional Franco llego al poder a través de una serie de circunstancias afines a lo que estaba pasando, en lo irracional es donde entra el juego de poderes. Y es que la religión fue un factor muy importante en la España de esa época. La organización de la Iglesia se basa en un triple principio: espiritual o religiosa, patriarcal y administrativa. Y estas tres ideas se mueven bajo la esencia vital del catolicismo: la tradición, transmitir de generación en generación la creencia de lo invisible dentro de lo visible, es decir, que lo espiritual tenga sentido en el plano físico.

Y es que la religión católica vive a través de las imágenes y las emociones. Por ello, cuando Franco dio su discurso de victoria en el balcón del Alcázar de Toledo hizo visible la oportunidad de encontrar la obediencia entre la muchedumbre de la plaza: los vítores de "¡Viva Franco!" eran porque vieron en él todo lo que podría representar el catolicismo, apareció en el balcón como si fuera El Salvador. Un ferviente cristiano dispuesto a salvar al país de los herejes que lo estaban consumiendo.

El franquismo fue cambiando a lo largo de los años, pero su tradicionalismo ha perdurado: los monumentos en el Alcázar de Toledo mantienen la epopeya de la defensa del Alcázar aún después de décadas de democracia, como si Franco todavía estuviera presente.

No olvidemos, sin embargo, que todo esto solo se concentró en una parte de España porque, como ya dijo Unamuno, "Venceréis, pero no convenceréis". Esa parte, la parte republicana, acabó asolada, olvidada y subyugada durante esos 40 años de dictadura ya que los vencedores se encargaron de silenciarlos.

Noelle-Neumann habla sobre "la espiral del silencio", una teoría que viene a decir que son los propios medios de comunicación quiénes crean la opinión pública. Y eso fue lo que pasó durante el franquismo: las opiniones que no salen en los medios no existen. Dieron a la gente las palabras que defendían un punto de vista: el suyo. Denominar al bando republicano como "rojo" o "antiespañol" hace que se consiga crear un monstruo, cómo Hitler con los judíos. Hablemos, pues, de la propaganda.

Fuente: Casa Moreno. Archivo de Arte Español (1893-1953)
Fuente: Fotograma de Mientras dure la guerra
Franco a sus tropas en el Alcázar de Toledo en 1936. Fuente: Colección Luis Alba / Eduardo Sánchez Butragueño / Flickr

Capítulo 2: El arte de la propaganda

1943/11/29 NODO 48A y 48B "VII aniversario asesinato de José Antonio Franco". Fuente: RTVE

1943/11/29 NODO 48A y 48B "VII aniversario asesinato de José Antonio Franco". Fuente: RTVE

Franco encontró en los medios de comunicación un arma perfecta para crear una comunidad nacional concreta, a su gusto y medida.

Miguel Vázquez Liñán, periodista especializado en los estudios de teoría e historia de la propaganda

Miguel Vázquez Liñán, periodista especializado en los estudios de teoría e historia de la propaganda

La persona que comenzó a poner en movimiento todo este asunto fue Dionisio Ridruejo, jefe de la Delegación General de Prensa y Propaganda. El decreto de unificación de 1937 —que ya se venía gestando desde hace tiempo— llegó y se prohibieron los partidos políticos, excepto la FET y de las JONS en el bando nacional. Muchos falangistas no estaban de acuerdo porque creían que esto hacía que la Falange perdiera su capacidad revolucionaria. Importaba poco la opinión de los demás.

Sin embargo, resumamos un poco como estaba la cosa antes para entender la importancia de Ridruejo en este asunto de la propaganda. Al empezar la guerra había una Oficina de Prensa y Propaganda llevada por unos militares. Luego pasó a llamarse Dirección de Prensa y Propaganda, que la dirigía un católico que se tomó muy a pecho llevar la ideología para adelante. Con el decreto de 1937, la Dirección fue sustituida por la Delegación de Prensa y Propaganda que dependía directamente de la Secretaria del jefe del Estado. Tenía unas funciones muy concretas:

“Coordinar el servicio de las estaciones de radio, señalar las normas a que ha de sujetarse la censura y, en general, dirigir toda la propaganda por medio del cine, radio, periódicos, folletos y conferencias”.
Art. 3. de la Orden de 1937.

Constituido el primer gobierno de Franco, Serrano Suñer, ministro de Interior, instituyó el Servicio Nacional de Prensa y Propaganda, el cual se divida en dos: uno era Prensa y el otro, Propaganda. El primero lo llevaba Giménez Arnau y el otro Ridruejo, con el cargo oficial de jefe nacional del Servicio Nacional de Propaganda. Y, al lado de este, estaba la Delegación de Prensa y Propaganda de FET y de la JONS que lo llevaba un sacerdote falangista de muy buena oratoria —fue él quien reclutó a Ridruejo para la propaganda.

Ridruejo estuvo desde 1938 hasta 1939, poco tiempo para todo el trabajo que conllevó: un encargo que iba desde la propaganda en sí, el cine, la imprenta y la radio, además de la difusión de la cultura. Para él, la propaganda de ese momento no era muy diferente a la venta de calcetines —ahora comúnmente llamado Marketing. Lo complicado era montar la estructura ideológica que pedía Franco: Ridruejo hablaba sobre el “dirigismo cultural”, un modelo oficial cultural único basado en la ortodoxia religiosa y los valores “conformadores” del ser de España.

Organizó a su gusto los departamentos y las personas que le interesaba que estuvieran ahí, siempre bajo la dirección falangista: Radiodifusión se compartió entre Prensa y Propaganda; Ediciones; Cinematografía; Teatro; Música; Artes Plásticas; Propaganda directa y Propaganda en los frentes. Y todo ello estaba unificado bajo tres pilares: crítica a la vieja Europa liberal, catolicismo y Estado totalitario. Aunque había disputas entre católicos monárquicos y revolucionaros falangistas —los primeros querían incorporar el fascismo en su idea de monarquía católica y los segundos querían el catolicismo en su proyecto franquista—, todos mantenían la idea de estado totalitario y antiliberalismo radical. Triunfaron los falangistas al final.

Ridruejo fue el primer ideólogo fascista y un experto en movilizar a las masas. E impulsó los elementos básicos propagandísticos como RNE, el departamento nacional de cinematografía o el NODO. Y fue responsable de importantes publicaciones como Vértice o Destino. De esta forma, la importancia de esta figura —aunque breve— sirvió para que calara el discurso totalitario del Estado franquista.

A poster of Thurston. World's famous magician and wonder show of the earth

Dionisio Ridruejo, jefe de la Delegación General de Prensa y Propaganda. Fuente: Wikimedia Commons

Dionisio Ridruejo, jefe de la Delegación General de Prensa y Propaganda. Fuente: Wikimedia Commons

La Iglesia y Franco celebran el día de Santiago Apóstol durante la Guerra Civil. Fuente: Wikipedia / El Confidencial

La Iglesia y Franco celebran el día de Santiago Apóstol durante la Guerra Civil. Fuente: Wikipedia / El Confidencial

Vértice fue una revista nacional de la Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S. Fuente: Biblioteca de Andalucía.

Vértice fue una revista nacional de la Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S. Fuente: Biblioteca de Andalucía.

Destino es semanario creado en 1937 que reunía a la intelectualidad catalana del bando sublevado. Fuente: Biblioteca de Catalunya.

Destino es semanario creado en 1937 que reunía a la intelectualidad catalana del bando sublevado. Fuente: Biblioteca de Catalunya.

Destino es semanario creado en 1937 que reunía a la intelectualidad catalana del bando sublevado. Fuente: Biblioteca de Catalunya.

Pero, ¿qué era lo esencial en la propaganda? Porque Ridruejo puso los clavos, pero fue el tiempo quien, a martillazos, ha sujetado el aparato ideológico del franquismo.

Nos atañe la imagen que se hizo de Franco gracias a la propaganda, pero primero hablemos del contexto. Y será del mito “nacional”, es decir, la España de los Reyes Católicos. La España donde a sangre y espada luchábamos contra los “moros” —contra los jeques árabes, no, por supuesto— y descubríamos el Nuevo Mundo con indios a los que culturizar. La del yugo y las flechas que creará el discurso de una patria siempre amenazada por el “otro”.

Emilio de Miguel, secretario del Patronato de la Fundación Nacional Francisco Franco (FNFF).

Emilio de Miguel, secretario del Patronato de la Fundación Nacional Francisco Franco (FNFF).

Es importante como se suscitó la imagen del otro: la revista falangista Haz, en un número de 1936, ya dijo “Los fascistas no pueden cooperar al posible triunfo de los bárbaros” y “¡Que el grito ‘Arriba España’ ilumine sus cerebros en el momento de depositar las papeletas en las urnas!”. La clave es demonizar al que quieres derrotar. Dar al colectivo imaginario un enemigo, un “rojo” al que culpar de todo para originar la figura de El Salvador.

Artículo perteneciente a la Fundación Nacional Francisco Franco.

Y de esto queríamos hablar. De Franco y cómo se hizo su imagen a semejanza. 

Si se piensa en la figura de El Caudillo, lo primero que se nos puede venir a la mente es el famoso escudo: el del águila agarrando con fuerza la España que él deseaba. Y dentro del blasón se esconde una simbología que se ha mantenido a lo largo del tiempo.

Cuadro de madera. Escudo del Estado Español (1936). Fuente: todocoleccion.net

El yugo

Significa unión y disciplina, pero también, al estar relacionado con el buey, es una forma de sacrificio. Vendría a decir un todo por y para la patria.  

El nudo gordiano

La leyenda cuenta que quien deshiciera el nudo podría dominar el mundo. Fue Alejandro Magno quien lo cortó porque “es lo mismo cortarlo que desatarlo”. El lema de Fernando el Católico, "Tanto monta” (da lo mismo) alude a este nudo. La moraleja de la historia viene a decir que es la inteligencia quien encuentra la solución a un problema. Por ejemplo, que Franco trajera la “estabilidad” al país.

El águila

Hace referencia a la altura, al Sol. Durante el Imperio romano fue usado como emblema en las legiones para demostrar la fuerza del Imperio. Esta idea la emplearon los Reyes Católicos para su escudo y después Franco los copió: el águila que aparece es el Águila de San Juan, ya que la reina Isabel era devota de este evangelista.

Las flechas

Está vinculado con los rayos solares y la caza, además de ser las armas de los dioses griegos Apolo y Diana. La simbología se centra en que una flecha puede romperse fácilmente, pero un haz mantiene la unión. Los Reyes Católicos quisieron dar a entender la fortaleza de la unidad para evitar que el reino se dividiera. Cinco flechas eligió la Falange para su emblema y en Cara al sol se hace una referencia: "traerán prendidas cinco rosas las flechas de mi haz".

Una, Grande y Libre

El lema, ideado por el jonsista Juan Aparicio López, engloba el concepto de nacionalismo español:

  • indivisible —unión territorial—,
  • imperial —el imperio español en América y el que se quería hacer en África— y
  • sin influencias extranjeras —el "conglomerado" judeo-masónico-comunista internacional de la URSS así como las amenazas al régimen categorizadas con "antiespañol", "comunista", "separatista" o "liberal".

Este lema lo usaba Franco al final de sus discursos: gritaba “¡España!” tres veces y el público respondía cada vez “¡Una!”, “¡Grande!” y “¡Libre!”. Esto recuerda el "Amén" de la iglesia o al "¡Sieg Heil!" nazi.

Las columnas de Hércules y el lema Plus Ultra

Proviene del latín y significa “Más allá”. Insta a los navegantes a olvidar la advertencia de la mitología romana cuando Hércules establece las dos columnas en el Estrecho de Gibraltar, dando a entender que ese era el fin del Mundo (Non Terrae Plus Ultra, es decir, “No existe tierra más allá”). Si aparece en el escudo es porque quiere dar a entender que no existen las fronteras para la “patria” española.

Sagrado Corazón de Jesucristo

Así es como apareció Jesús ante Santa Margarita María de Alacoque: con el corazón fuera del pecho, ardiendo, con una cruz, rodeado por una corona de espinas y con una herida de lanza. Es la representación del amor de Cristo por la Humanidad porque esos símbolos están vinculados con su camino al Calvario y la Crucifixión. Esta referencia en el escudo sirve para demostrar cómo de importante era la religión para el Estado franquista.

Reinos de España

Aparecen símbolos que hacen referencia al Reino nazarí de Granada, Reino de Castilla, Reino de León, Reino de Aragón y Reino de Navarra. Una pequeña alusión a la tan apreciada “unión” de la patria.

Corona ducal

El tocado representativo de los duques o duquesas. Este tipo de corona la portan también la Grandeza de España, el título nobiliario máximo dentro de la jerarquía de la nobleza española.

Para bordar aún más la bufanda, Franco tenía su propio escudo de armas —imitando quizás en consonancia a la nobleza española del medievo. Sin embargo, es menos conocido que el blasón anterior.

Escudo personal de Franco. Fuente: Pinterest.

Dos dragantes

Imitación de la Banda Real de Castilla —conocida como “los dragantes de Castilla”. Esta enseña castrense era empleada para mostrar la presencia del rey de Castilla en la guerra o en sucesos militares y políticos. Su origen viene de la antigua Roma porque el uso de lobos —la misma banda, pero con cabezas de lobos— era habitual en el bastón de mando de las legiones.

Columnas de Hércules y el lema Plus Ultra

Cruz Laureada de San Fernando

Es considerada como la máxima condecoración militar en España y, curiosamente, es la primera orden que exige que se obtenga por méritos militares y no por un origen “noble”. Franco, cuando servía en África, la exigió dos veces, pero se la negaron. Al acabar la Guerra Civil, él mismo se la adjudicó.

Corona militar de caudillaje

Invención propia de Franco.

Durante la ceremonia de exhumación del dictador del Valle de los Caídos, sus familiares colocaron en el féretro el estandarte que el propio Franco hizo fabricar en 1940. 

Familiares de Franco sacan los restos del dictador del Valle de los Caídos. Fuente: Publico / Reuters.

Familiares de Franco sacan los restos del dictador del Valle de los Caídos. Fuente: Publico / Reuters.

Con este pendón fue como Franco se identificó en la Casa Civil del Jefe del Estado, la cual estuvo a su cargo desde el comienzo de la Guerra Civil hasta su muerte. La Casa desapareció con la creación de la Casa del Rey en 1975 a través de un decreto. Una extraña relación aparece…

Matilde Eiroa, doctora en Historia Contemporánea y cuyas investigaciones se han centrado en el franquismo, explica cómo ha cambiado la imagen de Franco en su libro Franco, de héroe a figura cómica de la cultura contemporánea.

Matilde Eiroa, doctora en Historia Contemporánea y profesora titular.

Continuando el hilo, aunque es interesante mencionar el retrato que le hizo Zuloaga a Franco, hay mayor impacto visual en esta “alegoría” que realizó el pintor boliviano Arturo Reque Meruvia para la Basílica del Valle de los Caídos entre 1948 y 1949, donde captó la esencia que Franco siempre quiso transmitir al pueblo español: un caballero del medievo dispuesto a salvar a los pobres inocentes de la malvada herejía que consumía al país.

Exaltación de Franco o Los cruzados del siglo XX. Fuente: Arturo Reque Meruvia.

La Cruzada

El mural está construido de tal manera que parezca una Cruzada liderada por El Caudillo, ya que se mezclan motivos bélicos y religiosos. Es una referencia a la fuerte unión que había entre el Estado y la Iglesia católica. Entre los títulos con los que se suele denominar a este mural destacan dos: Cruzados del siglo XX y Exaltación de Franco.

Franco

Aparece como un caballero medieval con una pose que muestra fuerza, seguridad, solemnidad y santidad. Es la figura más grande, situada en el centro porque es el héroe y el santo: todos los demás personajes giran sus cuerpos en torno a él, en señal de devoción.

Multitud

Las diversas figuras que aparecen en el mural a diferentes escalas simbolizan las fuerzas militares del bando vencedor...

Falange tradicionalista de las JONS

Fuerza Aérea Nacional

Fuerzas Regulares Marroquíes

Requeté carlista

Armada (Ejército de Marina)

Infantería del Ejército de Tierra

Multitud

...así como los que apoyaron al régimen desde otras perspectivas.

Religiosos (dominicos y franciscanos)

Intelectuales tradicionalistas

Sección Femenina (servicio de enfermería)

También aparecen cadáveres en representación a los caídos “nacionales” durante la Guerra Civil.

Apóstol Santiago Matamoros

Detrás de la figura de Franco, aparece el Apóstol Santiago montado a caballo. La simbología de este personaje erradica en que, supuestamente, en el siglo IX se presentó ante Ramiro I y demás reyes cristianos blandiendo su espada en un caballo blanco para ayudarlos a vencer a Abderramán II durante la Batalla de Clavijo. Una figura santa que remite a la Reconquista, a la expulsión de los musulmanes y, por lo tanto, a los Reyes Católicos —figuradas muy admiradas por Franco.

Rueda alada de Hermes y chimeneas humeantes

Simboliza el progreso y la industrialización del país, ya que Hermes es el dios griego del comercio, es decir, el traedor de riqueza y buena suerte.

Yugo y haz de flechas

Una referencia a los emblemas de los Reyes Católicos, usados después por la Falange.

Trincheras

Muestra el frente bélico, es decir, la Guerra Civil y la artillería pesada empleada en él.

Catedral de San Salvador de Oviedo

Durante la Revolución de Asturias, los revolucionarios asturianos entraron en el edificio donde quemaron la sillería del coro y colocaron explosivos en la capilla de Santa Leocadia, volando el conjunto al completo. Tras la explosión, quedaron arruinadas partes de la torre y diversas vidrieras. Los sucesos fueron sofocados por Franco, quien trató a los revolucionarios como si fueran enemigos extranjeros. La prensa conservadora lo catalogó como “Salvador de la República”.

Asedio del Alcázar de Toledo

Al comienzo de la Guerra Civil, el Gobierno de la República se enfrentó contra las fuerzas sublevadas de Toledo. Las fuerzas republicanas asediaron el fortín en julio de 1936, pero en septiembre finalizó cuando el Ejército de África llegó comandado por el general Varela. Franco entró a la ciudad al día siguiente. A los dos días, Franco fue nombrado Generalísimo y Jefe del Gobierno del Estado.

Saludo fascista

El brazo en alto tiene su origen en la Antigua Roma y era un gesto de paz: cuando los generales victoriosos entraban en Roma, levantaban el brazo derecho con la mano abierta y hacia abajo como muestra de no empuñar la espada. Después, el gesto cayó en desuso y hasta la Ilustración no se volvió a recuperar. Se extendió por Europa, pero solo como una señal de juramento.

De esta forma, el reverendo estadounidense Francis Bellamy consiguió establecer este saludo en el acto de lealtad a la bandera y ya entrados en el siglo XX tomó tintes políticos cuando un grupo de militares italianos asaltaron la ciudad de Fiume usando el "saludo romano" para identificarse. Esto le gustó a Mussolini, lo copió como distintivo propio y lo puso obligatorio en Italia como señal de adhesión al régimen. Fue el modelo del saludo nazi y franquista.

Franco no solo se retrató, sino que también esculpió su imagen en piedra. Ello lo demuestran varias esculturas ecuestres que pululan por España.

Son nueve y están repartidas por Barcelona, Valencia, Ferrol, Santander, Melilla, Toledo, Madrid, Zaragoza y Segovia. La Ley de Memoria Histórica obliga la retirada de elementos franquistas para reconocer los derechos de las víctimas de la Guerra Civil y la dictadura. Y aunque hubo reticencias y/u omisiones por los partidos políticos conservadores actuales, la última estatua fue retirada de Melilla el año pasado. Una sorprendente cantidad de tiempo para lo que se supone que es España, un país democrático.

De las nueve estatuas existentes del dictador, enfatizaremos solo en una y será la que estuvo en la Academia General Militar de Zaragoza, ya que fue la primera que se retiró —ahora se encuentra en un almacén del Museo de Zaragoza.

Estatua ecuestre de Francisco Franco. Fuente: Público / Ayuntamiento de Zaragoza

Estatua ecuestre de Francisco Franco. Fuente: Público / Ayuntamiento de Zaragoza

En 1942 el Ayuntamiento de Zaragoza financió la creación de una estatua ecuestre de Franco para instalarla en la Academia General Militar –Franco era el director en esos momentos. Al año siguiente se publica el concurso y el escultor Moisés de Huerta consigue el proyecto. En 1948 la obra se traslada a Zaragoza y se inaugura en diciembre de ese mismo año.

La escultura representa la figura de El Caudillo en una posición arrogante, blandiendo una espada y portando una cruz –pose que ya había tenido en cuenta el artista en proyectos anteriores para Cuba y Sudáfrica. El caballo aparece listo para proyectarse hacia delante, ya que la sensación que quiere dar es de fuerza y vigorosidad.

Usar una escultura ecuestre para representar su figura es una forma de recuperar tradiciones del pasado, ya que eran los romanos quienes empezaron a conmemorar a sus jefes militares para enfatizar su rol de líder. Y gracias a este tipo de propaganda hay quienes ven en Franco a El Salvador, el hijo pródigo de España. Destacan las palabras que le dedicó el falangista José Utrera Molina en 2005 —artículo publicado en La Razón— al dictador cuando se enteró de que retiraban su estatua de la Plaza de San Juan de la Cruz en Madrid:

“Pese a quien pese Franco cabalga aún en la Historia española. Somos ya minorías los que nos atrevemos a defenderle, pero no cabe duda de que estamos dispuestos hasta el último momento de nuestra existencia a ser leales con el hombre que entregó su vida por el bien de España y de los españoles.”
José Utrera Molina

Otro que no se lo pensó dos veces en dedicarle sus respetos al Generalísimo fue Víctor Manuel. El cantante asturiano reconoció que en 1966 le dedicó una canción: Un gran hombre, donde ensalzaba al dictador. En una entrevista para El Mundo admitió que fueron “pecados de juventud” porque era joven, tenía 19 años y no estaba politizado. La letra dice así:

Un gran hombre, de Víctor Manuel. Fuente: YouTube / Canal del usuario kioskerodelantifaz

Por otra parte, el cine fue un conductor muy importante para calar las ideas del franquismo. Y es indispensable mencionar la película Raza. Esta se engloba dentro de lo que se conoció como “cine político”, es decir, todo un conjunto de películas cuyas ideas, juicios, valores, etc. están por encima de la rentabilidad económica o la creatividad —los promotores son las propias instituciones del Estado.

Raza es una autobiografía de la vida de Franco: cuenta la historia de la familia gallega Churruca desde la Guerra hispano-estadounidense de 1898 hasta la Guerra Civil. La madre, Isabel de Andrade, es el personaje principal —se asemeja a la madre de Franco, Pilar Bahamonde­— y aparece como una mujer solitaria que tiene que cuidar y criar a sus cuatro hijos.

Escena final de la película Raza, dirigida por José Luis Sáenz de Heredia, y con guion de Francisco Franco. Fuente: YouTube / Canal del usuario Richard Wagner

La cuestión es que Franco quiso llevar al cine su novela. El Consejo de la Hispanidad fue el que llevó a cabo el proyecto: el Estado puso de su bolsillo todos los recursos necesarios para hacer la película, es decir, 1.650.000 pesetas (9.916,700 euros) —una superproducción española para aquella época.

También intervino el destacado periodista Manuel Aznar gracias a su cargo de Jefe de Prensa. En la presentación de la película explicó que su objetivo era que el mundo viera el papel libertador de la “Gran Cruzada” que empezó en 1936 y acabó en 1939 entre “laureles y clamores”. Se estrenó en 1942 en el Palacio de la Música de Madrid y fue muy bien recibida según la prensa controlada de la época. La catalogaron, según Moradiellos en Franco. Anatomía de un dictador, como “el mejor exponente de nuestras virtudes raciales y la muestra más patente de nuestra potencialidad creadora”. Raza fue galardonada con el premio principal del Sindicato Nacional del Espectáculo, estrenada en países como Alemania, Italia o Portugal, y exhibida en la División Azul para motivar a los soldados en su lucha contra la URSS.

La película muestra la vida del dictador: un ascenso social deseado, traumas familiares y sus propios temores —recordemos que era un mero militar burgués, de baja estatura y débil voz en un ambiente obligatoriamente “viril”, y cuyo bagaje intelectual no era el apropiado en circunstancias normales de competitividad política. José Churruca, su alter ego, le confirió una genealogía noble con antepasados heroicos, cosa que él nunca tuvo. Raza es la base del modelo del cine español, tergiversando la historia de España y la del propio Franco, dándole una gran importancia a los valores militares, religiosos y morales porque su abandono fue la caída de España y la “Gran Cruzada” la única forma de salvarla del abismo.

Cuando empieza la Guerra Civil, en la película los dos hermanos se separan y eligen un bando —el hermano de El Caudillo se llamaba Ramón Franco, era aviador y de izquierda. Fue una manera de representar la dos Españas: la “España” y la “anti-España”, cuyo conflicto acaba cuando el hermano republicano se arrepiente de escoger su bando y expía su “pecado” a través de la muerte —Ramón falleció en un accidente de vuelo, aunque se cree que fue más un sabotaje.

Ángel Viñas, historiador especializado en la Guerra Civil y el franquismo.

Ángel Viñas, historiador especializado en la Guerra Civil y el franquismo.

La Segunda República se representó como una “enfermedad” y la única manera de salvar a España era la “regeneración nacional”; es decir, que gobiernen los militares, que eran los que tenían de verdad los valores militares para erradicar la llamada “enfermedad liberal”. Ya no solo era que la clase política estuviera contaminada, sino que había afectado también al pueblo. Se hizo entender que el “mal” se había expandido a través del socialismo, definido como una rama del liberalismo por pensar únicamente en los intereses de la clase.

Primer Plano —revista cinematográfica oficial del Estado— vio en la película una muestra de cine histórico, y no bélico porque su objetivo era trasmitir las consignas del bando vencedor, es decir, del sector falangista.

En cuanto a la prensa, cabe destacar la revista legionaria La Legión, cuyo primer número fue publicado en 1958, es decir, dentro del régimen franquista. Hay que tener en cuenta que es en 1920 cuando el teniente coronel José Millán-Astray crea el cuerpo de La Legión —y RNE, pero eso fue en 1937— cuyos valores máximos se encuentran recogidos en el Credo Legionario, código de conducta de esta nueva unidad. Destacan valores como el culto a la muerte, la bravura o el sufrimiento.

Busto del General Millán-Astray. Fuente: Casa Moreno. Archivo de Arte Español (1893-1953). Mariano Benlliure (1862-1947).

Busto del General Millán-Astray. Fuente: Casa Moreno. Archivo de Arte Español (1893-1953). Mariano Benlliure (1862-1947).

Cabe decir que la figura de Millán-Astray fue la que estuvo al mando del motor de la propaganda del régimen franquista. Fue el dirigente de la Oficina de Prensa y el que abrió dos vertientes que serían la base de la propaganda de Franco: una más personal donde vinculaba al dictador con el status de gran héroe medieval —una buena forma de unirlo con la Iglesia para hacer ver que la rebelión militar era “La Santa Cruzada”. Y otra política, que era básicamente destruir al enemigo: aniquilar moral y físicamente a los “rojos”. Puede verse que desde 1936 en la prensa ya era obligatorio que apareciera en la cabecera de los periódicos lo siguiente: “Una Patria: España – Un Estado – Un Caudillo”. La prensa, para Millán-Astray y Franco, era un complemento a las armas.

En este ejemplar de octubre de 1975 de La Legión podemos observar el carácter propagandístico de la misma. En la página 3 aparece un artículo dedicado a Franco: ¡Franco, Franco, Franco! Ese caudillo indiscutible, donde se habla sobre su “inmensa figura y su ingente obra española en el tiempo y la historia” a través de las opiniones de personajes de la época como el exministro de la República Indalecio Prieto; el pintor Salvador Dalí; el obispo de Vitoria o Sir Winston Churchill, entre otros.

Fuente: Casa Moreno. Archivo de Arte Español (1893-1953) / Fructuoso Orduna Lafuente (1893-1973)
La película Raza (1941)
Revista Primer Plano. Fuente: todocoleccion

Pero la que más llama la atención es la descripción de Millán-Astray, amigo íntimo de Franco:

También destaca Arriba, que perteneció a la Prensa del Movimiento y se convirtió en el periódico oficial del régimen franquista durante las cuatro décadas que duró (1935-1979). Y es en él donde Franco escribió varios artículos —un total de 91— bajo el nombre de Jakim Boor, Hispanicus y Macaulay y cuyos temas rondaban el antisemitismo, el anticomunismo y la persecución de la masonería porque, para él, eran una amenaza para la patria. Él controlaba el sistema informativo y hablaba sobre temas de actualidad —condicionado por su experiencia vital y sus propios juicios de valor.

Franco es considerado el Primer Periodista de España porque aparecía en el Registro Oficial de Periodistas y lo nombró honoríficamente el propio Director General de Prensa, Tomás Cerro Corrochano. Le dieron su carnet y un álbum con los periodistas que cayeron “por Dios y por España”. 

Portada de Arriba, el 20 de noviembre de 1975. Fuente: Wikimedia Commons.

Portada de Arriba, el 20 de noviembre de 1975. Fuente: Wikimedia Commons.

Otro que era a fin a El Caudillo fue el ABC de Sevilla, pero su edición nacional porque la republicana iba por otra parte. Mientras que la republicana apenas destacaba, la nacional contaba con amplias fotografías y superaba las 30 páginas.

Destaca la entrevista que le realizó el periodista y marqués Luca de Tena en 1937 —fue la primera entrevista que concedió el dictador desde que comenzó la Guerra Civil y, a petición de Carmen Calvo, se imprimieron 25.000 ejemplares de la misma para poder distribuírselas a los soldados del bando nacional.

Aparece un titular grande que anunciaba lo siguiente: “Una hora con el Generalísimo”, con un subtítulo que explicaba las ideas principales de Franco: “El movimiento nacional no es una sublevación militar. Al Ejército no le es lícito sublevarse contra un partido, pero tiene el deber de defender a la patria en peligro de muerte. Madrid es la ciudad sacrificada por los rusos. En Asturias, 30.000 bajas rojas. El futuro Gobierno. El pasado y el futuro español. Justicia social compatible con las posibilidades económicas. Desaparición de la lucha de clases. España y el Vaticano. Ejemplaridad de la aristocracia. Una fotografías que no son de Guernica...”.

Entrevista a Francisco Franco en una edición especial de Sevilla (18 de julio de 1937). Fuente: Archivo ABC.

Entrevista a Francisco Franco en una edición especial de Sevilla (18 de julio de 1937). Fuente: Archivo ABC.

Sin embargo, aunque el régimen franquista acabó y el ABC de Sevilla se adaptó a la Transición, se descubren a día de hoy "ramalazos" extraños que hacen dudar de su identidad. Por ejemplo, las controversias del columnista Salvador Sostres quien en 2016 realizó abiertamente una apología al franquismo con frases como "Hitler le creó un problema al mundo y Franco resolvió el problema de España" ya que pretendía diferenciar entre el fascismo alemán y el español: “si Hitler se suicidó y no legó nada más que destrucción, vergüenza y dolor a Alemania, Franco salvó la vida de miles de judíos, murió en la cama y nos dejó en herencia a un Rey extraordinario [...] y las condiciones atadas y bien atadas para el advenimiento de la democracia, que fue su gran obra póstuma”.

Stanley Payne y Ángel Viñas muestran diferentes opiniones de los acciones de Franco:

Stanley G. Payne, historiador e hispanista​ estadounidense.

Stanley G. Payne, historiador e hispanista​ estadounidense.

Ángel Viñas, historiador especializado en la Guerra Civil y el franquismo.

Y le resta importancia a los crímenes que se cometieron durante el régimen franquista: “Hitler asesinó a diez millones de personas y planeó el exterminio del pueblo judío”, explica. “Nada que ver con las 2.300 personas a las que Franco mandó fusilar, una cifra que en cambio sí es comparable con los crímenes de la República” —tuvieron que corregir la cifra porque fueron 23.000 personas.

Habría que escuchar la versión de Hitler tras esta cruenta crítica de Sostres porque fue el propio Führer quien dijo a Mussolini la siguiente frase: “Antes que volver a pasar por eso, prefiero que me saquen tres o cuatro muelas”. Eso fue tras la conferencia que se realizó en Hendaya —23 de octubre de 1940— donde Franco y Hitler dialogaron sobre asuntos políticos y militares en el vagón nazi Erika. Tras terminar, ambos pensaron que su semejante era un... incompetente.

Y es que Hitler tenía la sartén por el mango, ya que a Franco lo que le interesaba es que le concedieran territorios del norte de África, cosa que Hitler se negó en rotundo. “Es intolerable esta gente; quieren que entremos en la guerra a cambio de nada; no nos podemos fiar de ellos”, dijo Franco.

La colaboración entre España y Alemania la desaconsejaron asesores de Hitler tales como Franz Halder, Jefe de Estado Mayor: “La situación interior de España está tan deteriorada que resulta un socio político inservible. Tenemos que lograr los objetivos esenciales para nosotros  sin su participación activa”. O Richard von Weizsäcker, Secretario de Estado: “En mi opinión, debe dejarse a España fuera del juego. Gibraltar no vale la pena. Perdiera lo que perdiese allí Inglaterra, pronto lo compensaría con las islas Canarias. Hoy día España no tiene pan ni petróleo”. O incluso Wilhelm Franz Canaris, almirante y jefe de la inteligencia germana: [Franco] “no es un héroe, sino un pequeño mequetrefe”.

Al parecer, ni España ni Franco eran del agrado extranjero. Hitler dijo, incluso, cuando supo de la “rápida” muerte de los generales golpistas, que “la verdadera tragedia para España fue la muerte de Mola, ahí estaba el auténtico cerebro, el verdadero líder. Franco llegó a la cima como Poncio Pilatos al Credo”.

Aunque no hubiera un lazo amistoso entre ellos, sí que se necesitaban porque tenían en común un enemigo: el peligro “rojo”. Es sabido que la embajada alemana en Madrid llevó a cabo una serie de campañas antibolcheviques realizadas por Josef Hans Lazar —judío pronazi y propagandista austríaco— y Eberhard von Stohrer —diplomático alemán— durante el Tercer Reich. Ambos reutilizaron la argumentación nazi para enfatizar la propaganda fascista española: con la ayuda de Arriba, de los Boletines de Información de la Embajada Alemana y de las agencias de noticias difundieron las debilidades de los aliados, la unión del Tercer Reich con el cristianismo —la religión entonces era muy importante— o las virtudes del Nuevo Orden. Gracias a la tensión entre el Tercer Reich y la URSS, era muy fácil usar los antiguos argumentos antibolcheviques para demostrar que la alianza entre los aliados y la URSS era anticristiana y antieuropea.

Y por supuesto que funcionaron estas campañas. Solo hay que leer los consejos —son once— de Joseph Goebbels, Ministro del Reich para la Ilustración Pública y Propaganda, sobre como manipular a las masas:

  •  “Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar”.
  • “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetidas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin tesuras ni dudas. Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”.
  • “Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas”.

Por ello no es de extrañar que la propaganda fascista española se asemeje con creces a la alemana. Franco no tenía el carisma de Mussolini o de Hitler, él tuvo que ascender al “trono” a través de una acción bélica. Pero compartía con ellos el hecho de que los tres pensaban de sí mismos que tenían un destino, un deber tan férreo, justificado en la consagración de su gloria y la de su país. También compartían enemigo y un estilo parecido de propaganda —la copia de la copia de la copia.

Sin embargo, a diferencia de Mussolini —declarado ateo públicamente— o Hitler —oficialmente católico, pero nunca volvió a la Iglesia desde que salió de su casa—, Franco era el que estaba más unido a la Iglesia católica: recordemos que entró bajo palio en la Catedral de Barcelona, hecho permitido solo para reyes o miembros del cortejo eclesiástico. Un poder que nunca debe ser desestimado en un país donde ser creyente era una virtud indispensable.

Y aunque estos hombres fallecieron y los crueles escombros que dejaron sus actos han sido tapados, todavía en estos “tiempos modernos” se mantienen vivas sus ideas.

Franz Halder, Jefe de Estado Mayor. Fuente: Bundesarchiv, Bild 146-1970-052-08 / CC-BY-SA 3.0

Franz Halder, Jefe de Estado Mayor. Fuente: Bundesarchiv, Bild 146-1970-052-08 / CC-BY-SA 3.0

Richard von Weizsäcker, Secretario de Estado. Fuente: Bundesarchiv, Bild 146-1991-039-11 / CC-BY-SA 3.0

Richard von Weizsäcker, Secretario de Estado. Fuente: Bundesarchiv, Bild 146-1991-039-11 / CC-BY-SA 3.0

Wilhelm Franz Canaris, almirante y jefe de la inteligencia germana. Fuente: Bundesarchiv, Bild 146-1979-013-43 / CC-BY-SA 3.0

Wilhelm Franz Canaris, almirante y jefe de la inteligencia germana. Fuente: Bundesarchiv, Bild 146-1979-013-43 / CC-BY-SA 3.0

Josef Hans Lazar, diplomático austríaco y propagandista nazi en la España franquista. Fuente: La Vanguardia / EFE

Josef Hans Lazar, diplomático austríaco y propagandista nazi en la España franquista. Fuente: La Vanguardia / EFE

Eberhard von Stohrer, diplomático alemám. Fuente: Wikipedia.

Eberhard von Stohrer, diplomático alemám. Fuente: Wikipedia.

Joseph Goebbels, Ministro del Reich para la Ilustración Pública y Propaganda. Fuente: La Vanguardia

Joseph Goebbels, Ministro del Reich para la Ilustración Pública y Propaganda. Fuente: La Vanguardia

Benito Mussolini, Adolf Hitler y Francisco Franco. Fuente: Wikimedia Commons.

Benito Mussolini, Adolf Hitler y Francisco Franco. Fuente: Wikimedia Commons.

Capítulo 3: ¡Franco, Franco, Franco!

Fuente: YouTube / Canal del usuario Alvaro 334_

Fuente: YouTube / Canal del usuario Alvaro 334_

1975. Fallece Francisco Franco. El entonces presidente del Gobierno anuncia públicamente, conteniendo las lágrimas, que el dictador ha muerto. Parecía que el fin del mundo había llegado.

Carlos Arias Navarro, presidente del Gobierno, anuncia el 20 de noviembre de 1975 la muerte de Franco. Fuente: RTVE

Hubo mucho miedo, podría caer un meteorito o empezar otra guerra. Sin embargo, llegó la Transición, la Democracia y el siglo XXI. Hubo muchos cambios, pero ya lo dijo Darwin: "adaptarse o morir". La dictadura pasó a ser un trozo más de la historia y las personas rehicieron sus vidas como pudieron. Unos mejor que otros, por supuesto.

Y es curioso porque se pensaba que la “especie franquista” había desparecido con el tiempo, a falta de comida, poder y fuego. Pero la realidad es que se han diversificado por los entornos de la patria española y han protegido sus raíces con fiereza. 

En pleno siglo XXI podemos encontrarnos aún a personas levantando el brazo, enfadados por el cambio histórico y los nuevos avances sociales y políticos. La España de antes ha estado bien siempre, ¿por qué cambiarla ahora? ¿Homosexuales en la calle, feministas luchando por los derechos de la mujer, inmigrantes con trabajos buenos, negros iguales que blancos? Que baje Dios y vea la vorágine satánica que se está formando en la Tierra.

Podríamos meter la mano dentro del aguilucho, revolver sus tripas y sacar una cantidad descomunal de porquería del régimen dictatorial, pero solo nos acercaremos a la punta del iceberg destacando los acontecimientos del año pasado.

En marzo de 2020, el Movimiento Católico Español hizo un tour para llevar a cabo su “liberalización”: ya han pasado 82 años desde la conquista de Madrid a manos del bando nacional durante la Guerra Civil. Este acto de apología tuvo la misma reacción que los otros cincuenta que se realizaron en el mismo año: ninguna respuesta del Estado para proteger a las víctimas del franquismo.

El MCE convocó a la gente para realizar un “acto de exaltación nacional en el Arco de la Victoria” con poesías, himnos... Además de una misa en el Valle de los Caídos y una concentración delante del panteón —donde estaban los restos de Franco.

Para este tipo de convocatorias públicas es necesario que se informe al Gobierno de ello: mientras burocráticamente la MCE expresó que iba a ser una protesta "contra la ley de Memoria Histórica", los carteles hablaban de conmemorar el Día de la Victoria y "liberación” de Madrid.

Emilio Silva, portavoz de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), expresó su malestar en Público. "A veces las delegaciones de gobierno favorecen o tienen más facilidad para legalizar actos fascistas que antifascistas […]. "Nadie lo entendería en el caso del terrorismo, donde sí hay una persecución de quienes lo reivindican. Aquí, en cambio, nos saltamos todo: aún tenemos títulos nobiliarios a grandes criminales de guerra, torturadores condecorados o el colmo de la apología, que es la Fundación Francisco Franco, todavía consentida".

Los casi cincuenta actos que enaltecieron la dictadura realizaron desde misas hasta concentraciones en la calle. José Luis Corral, Jefe Nacional de MCE, dio en Belchite en septiembre de ese mismo año un discurso para afirmar lo siguiente: "en tiempos de persecución y mordaza, de confinamiento y prohibiciones, cuando el totalitarismo se vuelve más intenso, nosotros continuaremos la lucha en estos lugares o donde la vida nos sitúe, sea en la cárcel o al pie de una fosa para ser fusilados, con la confianza en Cristo Rey que conduce la lucha hasta la victoria final". Recientemente, el pasado domingo 3 de abril, el líder del MCE volvió a hablar en público en el Arco del Triunfo para conmemorar el Día de la Victoria.

Discurso de José Luis Corral, Jefe Nacional de MCE-AJE en el Arco del Triunfo. Fuente: Acción Juvenil Española

Pero, ¿qué tienen que decir los “perdedores” de la Guerra Civil? Andrés Vázquez de Sola fue un periodista y dibujante español, férreo luchador contra el régimen fascista. Él sintió la dictadura de una manera muy diferente a como lo haría un adepto a Franco: “Desde mi niñez sentí los tres años de guerra, y el casi siglo de posguerra que aún perdura, con horror hacia quienes fusilaron a mi primer maestro de escuela, a la comadrona que me ayudó a nacer, a mi primo Manolo… Aun así, conviví a trancas y barrancas con el régimen, hasta saltar al país vecino”.

Tuvo que exiliarse en Francia y, desde allí, España se veía de otra forma. “Había diferentes visiones: Entre los franceses, unos veían España como la tierra prometida, dado los bajos precios de los hoteles y chiringuitos playeros y otros, la mayoría, tenía conciencia de que aquello de que gozaban los turistas y veraneantes, les estaba vedado a los autóctonos. En cuanto a los españoles afincados en Francia, los viejos exiliados luchaban en insulsas guerrillas pírricas con la esperanza de volver y los emigrantes que, comparando la forma de vida aquí y allí, iban tomando conciencia y se inscribían en el P-C o se contentaban con alardear de antifranquismo”.

"La Corrida, el aditamento “franquista” lo añadió “Le Canard Enchainé”, no lo hice obedeciendo a escrúpulos políticos, sino como una observación de la vida social en nuestro terruño. En el dibujo no aparecen cárceles, ni torturas, ni opresión… Simplemente, inconsciencia, pasotismo, sumisión, resignación, de todo un pueblo". Fuente: Andrés Vázquez de Sola.

"La Corrida, el aditamento “franquista” lo añadió “Le Canard Enchainé”, no lo hice obedeciendo a escrúpulos políticos, sino como una observación de la vida social en nuestro terruño. En el dibujo no aparecen cárceles, ni torturas, ni opresión… Simplemente, inconsciencia, pasotismo, sumisión, resignación, de todo un pueblo". Fuente: Andrés Vázquez de Sola.

Y sobre la democracia, con lo que actualmente vivimos, el dibujante no está muy conforme. “Lo que se llama democracia en la actualidad no puede decepcionarme, puesto que no es una democracia, sino, en el mejor de los casos una partitocracia y en la realidad prosaica, una cleptocracia sustentada por quienes accionan las puertas giratorias. Si yo tuviera esperanza de vida a mis noventa y cinco años volvería al exilio. Pero ¿A dónde…?”.

 Acto franquista para conmemorar la toma de Madrid en la Guerra Civil. Fuente: Guillermo Martínez / Público
 Militantes franquistas durante el acto celebrado en Belchite. Fuente: MCE / Público
Dibujo julio de 1975. Fuente: Andrés Vázquez de Sola

Retrato de Francisco Franco (1944), de Lluis Martí Gras. Fuente: Belin Education/Humensis, 2019 En Contacto fr.

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Retrato de Francisco Franco (1944), de Lluis Martí Gras. Fuente: Belin Education/Humensis, 2019 En Contacto fr.

Franco ha sido líder y dictador; héroe y villano; Salvador y Diablo. Ha dejado a muchos en la sombra bajo tierra y a otros los ha tenido bailando con flores y billetes. Pero como todo ser humano, falleció. Fue sepultado y su nombre terminó en los libros de Historia como una anécdota más de España. Ahora lo que quedan son los vástagos de su pasado, restos de arenilla que molestan cada vez menos.

Retrato de Francisco Franco (1944), de Lluis Martí Gras. Fuente: Belin Education/Humensis, 2019 En Contacto fr.

Retrato de Francisco Franco (1944), de Lluis Martí Gras. Fuente: Belin Education/Humensis, 2019 En Contacto fr.

Pero que persisten, y no hay que olvidarlo. Por ello la importancia de la Ley de Memoria Democrática, de los testimonios de las víctimas, de la protección de los monumentos históricos, etc. Porque, como ya dijo George Santayana, “un país que no conoce su historia está condenado a repetirla”.

Retrato de Francisco Franco (1944), de Lluis Martí Gras. Fuente: Belin Education/Humensis, 2019 En Contacto fr.

Retrato de Francisco Franco (1944), de Lluis Martí Gras. Fuente: Belin Education/Humensis, 2019 En Contacto fr.

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