La Hibristofilia
¿Es cosa de redes?
En tiempos de redes sociales, donde los algoritmos y la viralidad moldean nuestra percepción del mundo, surge una inquietante cuestión: ¿Cómo encaja la criminalidad dentro de esta tempestad cibernética? ¿Quedan las sádicas figuras criminales al margen de esta tormenta digital o, por el contrario, encuentran en ella una nueva escena del crimen? Todos somos parte de este ecosistema social de una forma u otra, pero, ¿cómo influyen estos medios, popularizados por su contenido instantáneo, en este tipo de figuras siniestras?
Capítulo 1:
ROMANCE ENTRE BARROTES A LO BONNIE & CLYDE
Acuñado en 1986 por el psicólogo estadounidense John Money, conocido por sus investigaciones en sexología y psicología, define la hibristofilia como una parafilia relacionada con la desviación convencional del placer sexual y romántico, en la que, el objeto de deseo, es interpretado por criminales de naturaleza violenta. Popularmente conocida como “el síndrome de Bonnie y Clyde”, esta inclinación ha estado presente en la sociedad desde hace siglos.
Desde libros polvorientos y desgastados por el tiempo que retrataban estas historias en la más profunda tradición literaria de diversas culturas, hasta el ahora, en el que las pantallas LED dominan nuestra cotidianidad, la hibristofilia ha encontrado formas de manifestarse, ocultas entre esta vigente maleza digital. En ocasiones, aparece de manera sutil; en otras, sin filtros, a través de aluviones de edits con música melancólica y grabaciones de cuestionable calidad de cámaras de los estrados.
La fascinación por los mitos y héroes fuera de la ley no es algo tan novedoso, al parecer. Figuras como Robin Hood, el célebre forajido británico de atuendo verdino, encarnan una narrativa popular donde el criminal se convierte en un símbolo de justicia que desafía al sistema opresor. Apodado como “La era de la pasión”, el Romanticismo exaltó al individuo rebelde, otorgándole valor a aquellas figuras criminales y marginales de la sociedad, un espacio dentro de la literatura. Autores como Lord Byron y Mary Shelley exploraron a estos viles personajes, algunos oscuros al margen de las normas, otros, víctimas de la situación. Ambos, convertidos en reflejos de una lucha interna y social.
Con el auge del cine y la televisión del Siglo XX, la criminalidad encontró un nuevo escaparate en el que postrarse. Figuras como Al Capone o la pareja, sádicamente romántica, de Bonnie y Clyde, se convirtieron en aquellos íconos populares qué público reclamaba, alimentando de cierta forma, la fascinación por lo prohibido, el peligro y la delincuencia. Sin embargo, ¿quién es más culpable? ¿El cine, con sus historias de ficción, o una audiencia que, atrapada en su percepción distorsionada de lo audiovisual, olvida que lo que observa no es más que el resultado del ¡Luces, cámara, acción!?
Hoy, las redes sociales han dado un giro previsible ante esta fascinación. Entre canciones virales, bailes, coreografías y un aluvión de contenido efímero, emerge un rincón ocupado por usuarios fascinado por las atrocidades, y más concretamente, por el autor de estas viles fechorías. Videos breves, edits de un romanticismo sexual de índole perturbador, en el que asesinos ficticios o reales como Jeffrey Dahmer, Richard Ramirez o el sectario Charles Manson, son los protagonistas indiscutibles. Todo esto, encapsulado en contenido con miles de reproducciones, convirtiendo este fenómeno en algo difícil de ignorar.
Aunque parezca una fantasía, la hibristofilia es cosa de redes y tiempos modernos. Las cartas románticas a prisión y las manifestaciones para pedir la libertad de estas infames personalidades ha dado paso a un nuevo lenguaje: videos breves, canciones populares, y un flujo interminable de compartidos que alimentan al Leviatán que supone esta idealización en otros usuarios. El amor entre barrotes no ha desaparecido, simplemente ha encontrado un nuevo hogar y punto de partida en el mundo digital.
Capítulo 2:
CARISMA MACABRO. LA CORONACIÓN DEL HORROR
“Ya no nos creemos que los personajes sean buenos o malos, sino ese concepto antiheroico de personajes en principio malos, que luego tienen una parte de bondad. Y, yo creo, que el asesino en serie es como un punto más, el culmen, o la catarsis, un poco de esa idea, de cómo alguien absolutamente perverso tiene ese punto de humanidad y es parecido a nosotros.”
Sergio Cobo Duran, profesor titulado en la Universidad de Sevilla.
Monstruos humanizados, héroes perdiendo su brillo, y villanos, algunos aterradores, otros no tanto, asumen el protagonismo en sus propias narrativas. El True Crime, género dedicado a desmenuzar aquellas historias de dolor y crimen, se han consolidado como un pilar más que rentable dentro del entretenimiento popular. Documentales, series, pódcast y libros, beben de la sangre de estas crudas realidades donde la brutalidad es el principal atractivo de su contenido. Desde “El acosador nocturno” hasta el “Caníbal de Milwaukee”, todos ellos, con la capacidad de convertirse en el disfraz más popular de Halloween o los protagonistas de múltiples edits de Tiktok, con poco más que varios capítulos como protagonistas.
La influencia del género también ha trascendido lo narrativo, llegando al ámbito de la moda y glorificación, pero, ¿Dónde quedan las raíces de este entramado de producciones audiovisuales situados en el podium de la popularidad de las plataformas? La crónica negra podría ser la respuesta al género.
El siglo XVI junto a Reino Unido sirvieron de cuna para los llamados Murder pamphlets, donde los detalles de crímenes atroces y ejecuciones capturaban el morbo de la época. La producción aumentaba junto a la alfabetización, pero no sería hasta el siglo XX cuando la narrativa del True Crime encontraría su referente clave. “A sangre fría” de Truman Capote, el segundo libro sobre crímenes más vendido de la historia, se consolidaría como una referencia con un legado indiscutible.
La aparición de las plataformas de streaming marcarían un punto de inflexión. Documentales como Making a Murderer o, la brillante y respetada, Mindhunter de David Fincher, basada en los inicios de la psicología criminal, se convertirían con gran agilidad en producciones de culto.
La mansión del diablo de Georges Méliès en 1896, pionera en este universo del terror, marcaría el inicio de un género repleto de iconos populares. Con el tiempo, el terror no solo definiría una estética, sino un recurso sencillo y popular para la improvisación en Halloween. Michael Myers, Jason, el icónico y parodiado Ghostface, o Leatherface con su infame motosierra, todos ellos enmascarados, infames, sedientos de sangre y rencor.
El auge de estas figuras junto al True Crime y las superproducciones de terror han transformado nuestras formas de consumir y percibir historias de violencia, asesinatos y crueldad extrema. Netflix, HBO o Prime Video han tomado partido de estos relatos de dolor y sangre. El problema radica en como con la proliferación de estos contenidos, la brutalidad se nos queda corta y lo enfermizo es el día a día. Ted Bundy: Falling for a Killer o Dahmer no solo reabren viejas heridas, sino también convierten a estas viles personalidades, en figuras de consumo popular. Demandas constantes, asesinatos brutales llenos de detalles escabrosos y morbo, ¿Es la escalada de violencia esencial para captar la atención del público, o se utiliza como un recurso para resaltar la deshumanización de estas figuras aterradoras?
Aunque estos géneros pueden ser herramientas para explorar aspectos psicológicos y sociales de la violencia, también han fomentado una competencia por mostrar lo más grotesco que una enfermiza mente puede imaginar. La brutalidad se ha convertido en un espectáculo y el crimen junto al dolor su atracción principal. ¿Dónde recae mayor responsabilidad: en las productoras que explotan las tragedias reales y la violencia extrema como productos de entretenimiento, o en un público que consume sin cuestionar, olvidando que lo que ve representa el dolor real de sucesos brutales y no solo un posible contenido viral?
Capítulo 3:
La psicología detrás de la mente criminal
Ted Bundy
Ted Bundy es uno de los asesinos en serie más escalofriantes de la historia criminal. Desde bien joven pensó que sus referentes paternos eran sus abuelos y que su verdadera madre era su hermana, lo que le desequilibró bastante al conocer la verdad. Tras el paso de los años y con un inicio de carrera en psicología fallida, empezó un nuevo camino como estudiante de derecho, se enamoró por segunda vez de Meg Anders. Uno de sus intentos criminales fue al entrar una noche en la habitación de una joven de 18 años, Jony Lenz, a quien golpeó brutalmente con una barra metálica justo antes de abusar de ella, aquella joven tuvo la suerte de poder sobrevivir, pero quedó dañada cerebralmente de forma irreversible. Meses después volvió a atacar de nuevo a otra joven, Lynda Ann Healy, pero esta ocasión no tuvo tanta suerte y acabó asesinada y con su cuerpo escondido en paradero desconocido durante un año entero.
Ted Bundy en uno de sus juicios por asesinato. Getty Images
"Les escriben cartas o se compran una camiseta con su cara. Hay personas que se han acercado de forma mucho más estrecha"
En repetidas ocasiones volvía a los lugares donde cometía los crímenes para interactuar con los cadáveres de sus víctimas, así como las decapitaba y guardaba sus cabezas como si de un trofeo se tratasen. También le gustaba colarse en casa de algunas mujeres que mientras dormían eran asesinadas, sembrando el terror en todos aquellos que tenían algo de conocimiento sobre su persona.
Impacto Social
Actualmente, se ha viralizado la tendencia de realizar adaptaciones cinematográficas de casos que han tenido un gran impacto en la sociedad. Estas producciones, ya sea en formato de película o serie, reciben diferentes críticas según su perspectiva. Para que el impacto de estas producciones sea aún mayor, se buscan actores que desafíen los esquemas convencionales, generando así un feedback que capta la atención del público, al relacionar la imagen de un criminal con una persona físicamente atractiva.
Según el informe "Unpacking the Construction of Online Identities of Hybristophilia Communities on TikTok" realizado por Thomas James Vaughan Williams, Harriet Emily Slater & Camilo Tamayo
Gomez, la romantización de los criminales supone un 25,45% de todo el impacto social que tiene la hibristofilia, los delincuentes tienden a ser idealizados y usados como figuras heroicas o admirables bajo expresiones como “mi chico favorito” “mi héroe”
Fotografía proporcionada por The New York Times
La humanización del asesino es un problema central que sacude al true crime, ya que confunde y le da un protagonismo equivocado al criminal
En estos casos, se interpretan a personas reales y no a personajes ficticios, lo cual, aunque a veces se plantea como un homenaje a las víctimas, puede acabar desarrollando empatía hacia la persona equivocada.
Víctor, profesor de la Universidad de Sevilla, nos cuenta a cerca de Charles Manson. Su caso es algo diferente porque, aunque tiene ese toque de admiración y de culto, él sí que funda una secta que se nutre mucho de chicos y sobre todo chicas, adolescentes, que se escapan de casa en una época de crisis en Estados Unidos, y él las acepta en su familia. Luego en la cárcel va a seguir teniendo cartas de admiradoras, aunque también hay admiradores y se va incluso a casar en la cárcel.
PERCEPCIÓN DEL COMPORTAMIENTO
Dentro del true crime no se están respetando los límites con las personas implicadas. El respeto debería ser el punto clave al realizar cualquier documental relacionado con los crímenes, teniendo una narrativa neutral o con un enfoque hacia las víctimas, quienes son las únicas personas que no han tenido el final que merecían. Su sufrimiento es usado para el lucro de otros, lo cual debería considerarse antes de lanzar este tipo de contenido.
Los secretos más oscuros de la mente humana salen a relucir cuando se proyectan estos casos, el morbo y la curiosidad se juntan para saber más acerca de los crímenes y todo lo que hay detrás de un asesino.
"Más allá incluso del interés que pueda tener el espectador en conocer los hechos, tienes que persuadir al espectador un poco en todo el envoltorio con el que tú construyes el relato."
TRATAMIENTO PSICOLÓGICO
Tras realizar las entrevistas necesarias a dos psicólogos, Andrés Siro y Noelia Aguilera, ambos llegaron a abordar el tema de las parafilias adaptadas a su especialización, explicando como se implican en las diferentes conductas que tienden a poner en riesgo la vida o la salud de quienes la padecen causando daños en terceros. Puntualizaron la zoofilia y, sobre todo, la hibristofilia siendo esta última el tema principal de este reportaje y un subgénero dentro de las parafilias.
Se consideran parafilias las conductas multifactoriales, que se ven influenciadas por traumas y que van en busca de las emociones fuertes, la idealización de figuras o carencias afectivas y sociales. Quienes lo padecen a veces no lo eligen conscientemente y suelen estar ligadas a las percepciones inconscientes que generan el poder y el control.
Ambos profesionales coincidieron en las herramientas que proporcionan para ayudar a combatir este problema y es mediante la psicoeducación y las terapias cognitivo-conductuales. Son intervenciones que sobre todo ayudan a esas personas a comprender y analizar sus pensamientos, teniendo la opción a modificarlos para corregir esa atracción que ha sido generada por figuras peligrosas expuestas en el fenómeno true crime.
Para finalizar, sobre la romanización de los criminales en las redes sociales y su efecto negativo en quienes lo pretenden idealizar, haciendo especial atención y dándole la importancia necesaria a su prevención y aportación del problema.
Capítulo 4:
Infiltrados en la red
Las redes sociales y el true crime
El género true crime ha irrumpido con fuerza en España de la mano de plataformas como Netflix que han hecho adaptaciones en forma de series biográficas de los crímenes nacionales más sonados de las últimas tres décadas. Este género no solo ha cautivado a los espectadores que eligen consumir por voluntad esta forma entretenimiento, sino que ha encontrado un poderoso aliado en las redes sociales, donde plataformas como TikTok, Instagram, YouTube e incluso foros en internet amplifican su impacto y llegan a todo tipo de usuarios que en un primer momento no dedicarían varias horas a estar frente a una serie para conocer una historia. En estos espacios surge el debate social, los usuarios analizan, reinterpretan, teorizan y viralizan fragmentos de series y documentales que abordan casos mediáticos como el del asesinato de las niñas de Alcàsser, el crimen de Asunta Basterra, o el crimen de la Guardia Urbana.También destacan casos internacionales como el de Gypsy Rose, los hermanos Menéndez o el reciente caso de Daniel Sancho, que han encendido debates y teorías en miles de publicaciones.
En estos videos virales encontramos contenido de todo tipo, e incluso memes. En muchas ocasiones se frivoliza sobre el asunto, cuestión que ha generado un debate aparte sobre los límites de este género, como en el caso de Gabriel Cruz, donde la producción de un documental recogiendo el testimonio de Ana Julia Quesada fue parado gracias a la petición hecha por la madre de la víctima, Patricia Ramírez, donde en forma de denuncia pública, protestaba por el circo formado en torno a una tragedia familiar con por simples intereses económicos de las plataformas de streaming.
En TikTok encontramos una galería inmensa de videos cortos con resúmenes impactantes, curiosidades de las investigaciones o fragmentos clave de documentales que logran millones de visualizaciones en cuestión de horas. Perfiles especializados en el tema como el de @crimenesexplicados, @marthaa.cabballero o @trishmysteries suben contenido sobre los distintos casos, y han creado un nuevo espacio para que millones de usuarios opinen, o especulen. El fenómeno no termina ahí: el contenido viral se convierte en tendencia, impulsando a nuevas audiencias a consumir las series y documentales relacionados, o se atreven a imitar los looks de los actores en estas series como es el caso de @4dcuatroo. También encontramos su formato en podcast como el de Criminopatía.
El debate sobre producciones como El caso Alcàsser, El Caso Asunta, El Cuerpo en Llamas, Monstruos, o Dahmer en Netflix no solo revive los casos, sino que mantiene vivas las preguntas y el interés público por una hipotética verdad, donde en ocasiones perdemos el foco sobre donde se hace uso de la ficción en la narrativa de una trama, y cuándo se hace una fiel reproducción del auto judicial de los hechos.
Experimento en TikTok
Atendiendo a estos perfiles, iniciamos un pequeño experimento en TikTok usando la fórmula propuesta por estas canales con miles de seguidores. Nuestro objetivo se planteó para dar respuesta a las siguientes cuestiones sobre las que no existen suficientes estudios, y extraer una conclusión con nuestros propios datos.
Con este experimento, queremos dar respuesta a varias cuestiones:
- ¿Es real que las mujeres consumen más true crime que los hombres?
- ¿Hay un debate social abierto frente a estos crímenes, con nuevas voces a favor de su liberación a pesar de estar probada su culpabilidad?
- ¿Sentimos mayor atracción hacia los actores que interpretan un papel de asesino o hacia los asesinos en sí?
Nuestro perfil tuvo por nombre @lady.stockholm.
Nuestro perfil tuvo por nombre @lady.stockholm.
El nombre “Lady Stockholm” refleja la fascinación psicológica del true crime, vinculando el síndrome de Estocolmo (donde las víctimas desarrollan vínculos emocionales con sus captores), con la hibristofilia y su atracción por los criminales. Este concepto unía ese sentido de atracción entre el morbo, el miedo y la atracción sexual que encontramos en el interés por los casos más escabrosos.
Hasta la fecha hemos hecho 10 publicaciones sobre distintos casos al estilo “edit”, donde usando videos y fotos tanto reales como procedentes de las series, hemos simulado estos videos virales para analizar las métricas y los posibles comentarios. Del experimento extraemos la siguiente información.
Análisis de datos
La mayoría de las visualizaciones de nuestros videos fueron hechas por mujeres (76%), frente a los hombres (23%). Esto viene a demostrar que los videos publicados tenían una mayor tasa de interacción con las mujeres (tanto por su búsqueda directa, como mediante el algoritmo de la plataforma que los ofrecía en base a su historial y preferencias). Coincide así el experimento con los estudios consultados en el reportaje que señalan que las mujeres son quienes más consumen contenido de tipología true crime.
En cuanto a la edad, la mayoría de nuestros espectadores tienen entre 18 y 24 años (54.2%), lo que demuestra que este tipo de contenido resulta muy atractivo para una audiencia muy joven, lo que podría traducirse en un interés formado por parte de los consumidores que han visto esas series en streaming. El segundo grupo más grande tenía entre 25 y 34 años (29.6%), a pesar de reducirse casi a la mitad, seguimos encontrando un gran interés en esta horquilla de edad.
Nuestro videos han sido marcados con ubicaciones en Estados Unidos y con descripciones y hashtag escritos en inglés, queriendo llegar así un mayor segmento de público.
A pesar de ello, España es el país con mayor porcentaje de seguidores (30.8%). Sin embargo, existe una audiencia internacional significativa, Reino Unido (14.1%), Italia (8.5%) , Alemania (5.9%), Rumanía (5.1%) y Polonia (4.4%), lo que sugiere que el perfil podría estar captando audiencia internacional por tendencias compartidas. El resto de las interacciones con nuestro contenido se concentra en Irlanda (4.1%), Francia (3.1%), Hungría (3.0%) y Países Bajos (2.4%).
Capítulo Final:
Seguidores de la tragedia
EL fenómeno fan
La primera mitad del siglo XX, Hollywood y su Star System fueron el principal motor de la creación de estrellas, fabricando ídolos a través de estrategias de mercadotecnia y promoción. Más adelante, la televisión se posicionó como el medio predominante para el surgimiento de famosos, particularmente con formatos como los reality shows.
En los últimos años, Internet ha generado un nuevo tipo de celebridad: las web-celebrities o influencers, que construyen su fama en redes sociales y, en algunos casos, logran trascender hacia medios tradicionales. La cultura fan, lejos de ser irracional o trivial, representa una forma activa y compleja de participación cultural. Aunque tradicionalmente los fans eran vistos como seguidores irracionales y obsesivos, hoy se les reconoce como agentes creativos. Con la llegada de la digitalización, los fans han encontrado en internet un espacio para expandir sus comunidades y han pasado a ser creadores de contenidos y no solo consumidores.
Desde un punto de vista sociológico, el fandom se entiende como un fenómeno cotidiano y normal, que organiza la vida de las personas en torno a sus pasiones e intereses. La percepción del público ha dejado de ser pasiva, los fans ahora son protagonistas en la construcción de significado y en la circulación de contenidos dentro de sus comunidades.
EPÍLOGO
Debemos reflexionar sobre lo que consumimos y trabajar en nuestra alfabetización mediática. Es crucial aprender no solo a distinguir entre realidad y ficción, sino a cuestionar activamente lo que vemos en las pantallas.
Si dedicáramos más tiempo a reflexionar y analizar lo que consumimos, quizás muchas de las discusiones que enfrentamos hoy dejarían de ser necesarias.
Víctor Hernández de Santaolalla Aguilar, profesor titulado en la Universidad de Sevilla.