La crisis de vocaciones religiosas: un reto para la Iglesia
Menos seminaristas, menos ordenaciones de curas, menos monjas en las órdenes religiosas
La crisis de vocaciones religiosas: un reto para la Iglesia
Menos seminaristas, menos ordenaciones de curas, menos monjas en las órdenes religiosas
Por Juan Fernández y Daniel G. Sastre
Tras varios años de reducción continuada de vocaciones religiosas, la Iglesia Católica española se dispone a inaugurar el segundo cuarto de siglo XXI con menos recursos humanos que nunca.
La cifra de jóvenes que deciden entrar al seminario lleva bajando curso tras curso desde hace varias décadas, y parejo a ese descenso se ha producido el de ordenaciones sacerdotales, que hoy representan un tercio de las de hace 25 años.
Las congregaciones religiosas, formadas en un 75% por mujeres, también han visto caer la presencia de novicias y su personal total se ha mermado en más de un tercio en la última década.
Esta menor “llamada de Dios” hacia la vida pastoral y espiritual está obligando a la Conferencia Episcopal a llevar a cabo una profunda reestructuración de los seminarios, que fue ordenada por el papa Francisco, y ahora deberá guiar León XIV, que incluye el cierre de los centros que contaban con menor demanda formativa para crear comunidades educativas más grandes.
Asimismo, en los últimos años ha crecido la presencia en España de seminaristas y sacerdotes llegados de otros países para atender la enorme labor espiritual, educativa y asistencial que lleva a cabo esta institución, que tampoco es la que desarrollaba en épocas pasadas.
Una Iglesia con menos personal trata de adaptarse a unos tiempos nuevos marcados por un menor número de bautizos, bodas, estudiantes de Religión y fieles en misa.
CASI LA MITAD DE SEMINARISTAS QUE HACE 25 AÑOS
El curso 2024-2025 ha traído una noticia alegre a los seminarios españoles: tras una década continuada de bajada del número de aspirantes a sacerdotes, que en los últimos años había llegado a situarse por debajo de la alarmante cifra del millar, esta temporada se han formado en sus aulas 1.036 seminaristas.
Este importante dato esconde otro no menos relevante: una cuarta parte de los seminaristas que hay hoy en España pertenecen a alguno de los 14 seminarios 'Redemptoris Mater' del Camino Neocatecumenal –conocido como ‘los kikos’-, con un marcado perfil internacional -la mayoría provienen de otros países- y de vocación misionera, y que cada vez tiene más presencia en las comunidades religiosas en nuestro país.
MENOS VOCACIONES Y CON MÁS EDAD
Entre los debutantes en el seminario, la tendencia a la baja es también constante en las últimas dos décadas, aunque con excepciones como la del último curso, en el que ha crecido el número de llamadas a la vida pastoral.
En este terreno, lo novedoso es el perfil de los aspirantes al sacerdocio: si hace dos décadas la edad media de quienes se planteaban hacerse curas rondaba los 20 años, actualmente la edad media de los seminaristas está entre los 25 y los 31 años.
MENOS CURAS NUEVOS
El seminario no solo es una etapa formativa para los futuros sacerdotes, también es un filtro para discriminar las “llamadas de Dios” auténticas de las que no lo son, y es habitual que muchas vocaciones se queden por el camino y no acaben consagradas en el sacerdocio. El año pasado, 85 seminaristas se ordenaron curas en nuestro país. Esta cifra representa apenas un tercio de los que llegaron a dar ese paso hace 25 años.
Las claves de la bajada de vocaciones
Si la Iglesia tiene doctores, la reducción del número de jóvenes que se plantean hacerse curas –y de mujeres que deciden entrar en las órdenes religiosas- tiene tantas interpretaciones como miradas se animan a analizarla, pero todas coinciden en relacionar esta menor vocación religiosa con el mundo “más materialista y menos espiritual” en el que vivimos hoy.
“Nuestra sociedad ya no es cristiana, está secularizada. Y si hay menos cristianos, no puede haber más sacerdotes”, reconoce Florentino Pérez, director del secretariado para los seminarios de la Comisión Episcopal, quien también conecta el proceso de “envejecimiento” que está experimentando la curia con el que se da en la población en general: “En España hay un reto demográfico que también afecta a las vocaciones”, apunta.
En opinión de Jordi Domènech, director del secretariado de Pastoral Vocacional del Arzobispado de Barcelona, los tiempos tecnológicos y virtuales que vivimos no facilitan la espiritualidad: “Lo preocupante es la falta de Dios que hay en el mundo, vivimos una auténtica crisis humana”, señala. Sin embargo, todas esas tentaciones tienen, bajo su punto de vista, un efecto colateral positivo: “Con las mil alternativas que les ofrece el mundo, los que entran al seminario hoy tienen las cosas muy claras. No es como antes, que algunos entraban porque tenían comida y educación gratis”.
“Nuestra sociedad ya no es cristiana, está secularizada. Y si hay menos cristianos, no puede haber más sacerdotes”
Jaume Aymar, teólogo y exdecano de la Facultad de Filosofía de la Universitat Ramon Llull, cree que la institución católica está "obligada a reflexionar a fondo y a cambiar su manera de entender el sacerdocio" para atraer a una parte de la población que en los últimos años "se ha sentido desafecta hacia la Iglesia".
En este sentido, el teólogo José Manuel Vidal, sostiene que hoy siguen pesando, “como una losa”, los casos de pederastia revelados en los últimos años. Más allá de estas situaciones extremas, el director de la revista 'Religión Digital' apunta a una “grave desconexión” entre los jóvenes y la Iglesia que esta debe subsanar. “Los jóvenes ven la moral católica como algo rancio y antiguo. No puede ser que todo sea pecado. Mientras esa mirada no cambie en positivo desde la Iglesia, los jóvenes seguirán sintiéndose alejados de ella”, pronostica.
La vida en el seminario
La formación de un futuro sacerdote suele durar entre siete y nueve años –dependiendo de la diócesis y del seminario-, en los que el aspirante a cura pasa por distintas etapas.
Los seminarios dependen directamente de las 70 diócesis y archidiócesis que hay en España. La Conferencia Episcopal afirma que hoy hay en nuestro país 82 seminarios. Sin embargo, no todos están en activo. Debido a la crisis de vocaciones que asola a la Iglesia, en los últimos años muchos centros han dejado de ofrecer formación y se han fusionado con los seminarios de otras diócesis.
La bajada de vocaciones religiosas ha obligado al cierre de varios seminarios
“El objetivo no es cerrar ningún seminario, sino dar una mayor calidad de la formación, para lo cual, es importante asegurar una comunidad formativa suficiente”, explica Florentino Pérez, director del secretariado para los seminarios de la Comisión Episcopal, en relación a la orden dada en 2023 por el papa Francisco para “reestructurar” los seminarios españoles, un proceso que debería culminarse en 2026.
Así, desde el curso pasado el Seminario Interdiocesano de Compostela da formación a los seminaristas de las diócesis de Mondoñedo-Ferrol y Tui-Vigo, donde ya no están operativos sus centros por falta de demanda.
De igual modo, hoy en el seminario de Zaragoza conviven los seminaristas de esta ciudad con los llegados de las diócesis de Huesca, Barbastro y Teruel.
En el seminario de Cartagena, actualmente se forman también los de Almería; en el de Valencia se alojan hoy los de Ibiza y Segorbe-Catellón; y en el seminario Teologado de Ávila en Salamanca están inscritos los de siete diócesis castellano-leonesas.
A partir del próximo curso, los seminaristas de Bilbao se prepararán para hacerse curas en el seminario de Pamplona, donde ya llevan varios años formándose los de San Sebastián. Las aulas de los seminarios de estas dos ciudades vascas permanecerán, pues, vacías.
Esta experiencia la conocen bien en Catalunya, cuyo Seminario Interdiocesano lleva varias décadas formando a los aspirantes a sacerdotes llegados de las diócesis de Tarragona, Girona, Lleida, Solsona, Tortosa, Urgell y Vic.
¿Cómo despertar vocaciones en los jóvenes del Siglo XXI?
“La falta de vocaciones religiosas nos ocupa y nos preocupa”, confiesa Florentino Pérez. El responsable de los seminarios de la Conferencia Episcopal reconoce las “dificultades” que tienen para conectar con el público joven, y pone el foco en la necesidad de incrementar la actividad eclesiástica en las parroquias, y en la propia sociedad, para desarrollar una labor de “acompañamiento” de esos posibles candidatos al sacerdocio. “Donde no hay una comunidad cristiana con vida y cierta potencia, no pueden surgir vocaciones”, advierte
Cada temporada, alrededor del día de San José (19 de marzo), la Iglesia lanza su campaña anual para promover las vocaciones. La de 2025 lleva por título ‘Sembradores de esperanza’.
“Más que opinar sobre los jóvenes, lo que hace falta es escucharles y entender cómo nos ven a los adultos”
Hace dos veranos, en Lisboa se celebró la Jornada Mundial de la Juventud, que contó con la presencia de 100.000 jóvenes católicos españoles. “Estos eventos suelen despertar inquietudes vocacionales”, destaca Pérez.
“Más que opinar sobre los jóvenes, lo que hace falta es escucharles y entender cómo nos ven a los adultos”, señala el teólogo Jaume Aymar.
Una Iglesia con menos recursos humanos
Si la Iglesia fuera una empresa, las cifras de su departamento de personal invitarían a hablar de una compañía en claro proceso de ajuste y reestructuración: en todas sus secciones, la tendencia, año a año, apunta hacia una reducción de volumen.
Hoy hay un 20% menos de sacerdotes ejerciendo que hace diez años, el número de monjas en las órdenes religiosas ha bajado un 30% en la última década, y el de seminaristas se ha reducido en ese tiempo en otro 25%.
Una Iglesia con menos público
Paralela a esa reducción del personal eclesiástico, en los últimos años ha continuado avanzando el proceso de secularización que venía manifestando la sociedad, en la que la Iglesia tiene cada vez menos presencia, influencia y predicamento.
Según el último Baremo del Centro de Investigaciones Sociológicas, el 53% de la población española se declara católica. En 2015, ese porcentaje era del 68,8% (ha bajado 15 puntos porcentuales en diez años). De ellos, solo el 11,9% reconoce acudir a misa con regularidad. Por el contrario, el porcentaje de españoles que se declaran ateos ha pasado del 10,3% al 15,9% de la población en la última década.
"Dios nos ha llamado"
Y sin embargo, las vocaciones religiosas siguen dándose. Guillermo, Sherly, Peter, Pau y Jacobo explican los motivos que les llevaron a dejarlo todo y entregar sus vidas a la Iglesia.
"Siempre me atrajo la idea del bien y de estar al servicio de los demás"
Guillermo Navarro
Madrileño de 24 años. Licenciado en ADE y experto en datos. Lleva tres años en el seminario.
"Mi congregación religiosa es hoy como mi casa"
Sherly Urbina
Centroamericana de 23 años. Novicia de la congregación Pureza de María. Está de novicia en Colombia.
"Me interesé por la vida sacerdotal viendo a curas que eran felices"
Peter Kibiru
Nacido en Kenia hace 36 años y criado en Barcelona desde hace 30, los últimos siete los ha vivido en el seminario.
"Empecé de monaguillo en la que era mi parroquia"
Pau Camacho
Barcelonés de 22 años. A los 12 entró en el seminario menor. Hace cinco entró en el mayor y ahora le quedan dos cursos para poder ordenarse cura.
“Los años del seminario están siendo los más felices de mi vida”
Jacobo Ferreiro
Madrileño de 23 años. Iba para ingeniero mecánico y tenía novia y trabajo, pero hace tres años lo dejó todo para hacerse sacerdote.
Entre los retos que Francisco ha dejado en herencia a León XIV, el de promover las vocaciones religiosas es uno de los más destacados y comprometidos. Más que darle la vuelta a la tendencia, la aspiración que parece latir en los ámbitos eclesiásticos es la de contener la caída y adaptar a la Iglesia a los tiempos actuales, que se parecen poco a los del pasado. “Ya no tiene el poder de antaño, ni lo va a recuperar. Va camino de ser una institución con menos influencia y penetración social, y sus recursos humanos deben adecuarse a esta nueva realidad”, opina el teólogo José Manuel Vidal, quien destaca una norma no escrita en el mundo de la espiritualidad que parece seguir cumpliéndose: “No falla, a medida que una sociedad se enriquece, bajan sus vocaciones religiosas”.
Con todo, una institución global como la Iglesia puede presumir de canteras remotas. “Que las ganas de hacerse cura o monja decaigan aquí, no significa que ocurra lo mismo en el resto del mundo. En África y Asia, las vocaciones tienen mucha pujanza”, subraya Jordi Domènech desde la Archidiócesis de Barcelona. De hecho, buena parte de los recursos humanos que hoy utiliza la Iglesia en España provienen del extranjero. La Conferencia Episcopal se resiste a publicar cuántos curas, seminaristas y monjas que ejercen o se forman en nuestro país provienen de fuera, pero algunas estimaciones lo sitúan por encima del 10% y su presencia es cada vez más evidente en las parroquias y las comunidades.
El legendario “Dios proveerá” es el sentimiento que transmiten todas las personas que han intervenido en este reportaje. “Hoy contamos con dificultades diferentes a las del pasado, pero ellos también tuvieron que hacer frente a las suyas. No parece que hoy sea más difícil. Dios siempre va por delante”, concluye Florentino Pérez.
Un reportaje de EL PERIÓDICO
Textos: Juan Fernández y Daniel G. Sastre
Diseño e Infografías: José Francisco Moya y David Jiménez
Coordinación: Ricard Gràcia