Ellos eligen la cárcel

Más de 5.000 miembros de ONG y entidades colaboradoras promueven la reinserción social en las cárceles españolas

Ruth Bernardo está agobiada. Llega tarde. Los controles de seguridad se han alargado más de la cuenta por una arcilla que quería usar en la sesión de hoy y la media hora de antelación con la que suele llegar no ha sido suficiente. Aunque todo su estrés se disipa cuando llega a la sala zen, un espacio forrado de juncos y aislado del ruido. Allí le esperan 15 reclusas del módulo de mujeres en la cárcel de Villanubla, impacientes de poder contar, descubrir y entender lo que les ocurre en las sesiones de arteterapia y tratamiento del patrimonio personal que Bernardo organiza en prisión desde hace tres años.

Aunque el caso de Ruth Bernardo no es una excepción. Coordinados por el Consejo Social Penitenciario (CSP), más 5000 miembros de ONG y entidades colaboradoras entran en las prisiones españolas con un único objetivo: la reinserción social y no reincidencia de las 56.698 personas incluidas en el circuito penitenciario, a través de la arteterapia, el deporte, la formación permanente y el abandono de las adicciones.

Y las cifras confirman que este objetivo se logra. El único estudio de reincidencia elaborado en España por el Ministerio del Interior revela que solo 2 de cada 10 presos reincidieron en la comisión de un delito tras salir de la cárcel en 2019, año en el que el fenómeno alcanzó su mínimo histórico.

No obstante, a pesar de la realidad que reflejan los datos, en febrero de 2025, la sociedad española situó en la posición 19 de 59 la inseguridad ciudadana como uno de los principales problemas en España y en la 15, este mismo tema, como situación que les afectaba directamente en su vida diaria, de acuerdo a las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Es por eso que otro de los objetivos del CSP es la sensibilización ciudadana en torno a la población reclusa, y los testimonios que aparecen en este reportaje así lo atestiguan.

“Para nosotros, los presos, las asociaciones son el motor de la cárcel”

Diego Cores lleva entrando y saliendo de prisión más de 25 años. Como recluso de la cárcel de Burgos participa en programas de justicia restaurativa, que le permiten disfrutar de permisos de salida en casas supervisadas.

“Cuando cometí mis primeros delitos era joven e impulsivo y me daba igual estar en prisión, pero llega un momento en el que estás cansado de esta vida, de estar encerrado, del sonido de la cancela y de tener que pedir permiso para todo”, relata Cores. Y es ese hartazgo el que le hizo interesarse por el trabajo que realizan asociaciones externas dentro de prisión, hasta el punto de asegurar que sin ellas él no sería nada.

Aunque Diego Cores encontró su verdadero refugio en las palabras. “Cuando estuve en Dueñas, la asociación El sombrero, la boa y el elefante creó la actividad Palabras Menores. Venían una vez a la semana, hablábamos de algún tema y luego escribíamos sobre el”, relata Cores. Y a partir de ahí decidieron crear el periódico penitenciario Muro a Muro.

Sin embargo, “poco después de inaugurar este medio me trasladaron a la cárcel de Burgos, se enteraron de que ya había sido redactor y me propusieron empezar a escribir en su periódico, La Voz del Patio”, explica Cores.

De ese momento han pasado ya dos años, y ahora él es el responsable de un periódico en el que sobre todo escribe en torno a la actualidad carcelaria, pero en el que de vez en cuando también hace editoriales que le ayudan a entenderse a sí mismo y a difundir su testimonio. “Y si con él consigo que solo una persona se aleje del mundo de la delincuencia vale la pena”, sentencia Cores.

Encontrar las palabras a través del arte, la cultura y el patrimonio. Esa es la finalidad de las sesiones que la arterapeuta, historiadora del arte y miembro de la asociación La Bien Pagá, Ruth Bernardo organiza cada dos semanas en el módulo de mujeres de la cárcel de Villanubla. “No puedes fallar porque para ellas no existen vacaciones, puentes, festivos o fines de semana y es importante que sientan que no somos distintas y que nadie está por encima de nadie, para poder crear un espacio seguro y amable donde cada una pueda ser como es con libertad”, relata Bernardo. Aunque la arteterapeuta también destaca que “es fundamental no forzar a alguien que un día no quiera participar en alguna actividad, porque cuando lo haga se verá una evolución, y con este grupo es lo que busco, ver cambios progresivos sesión tras sesión”.

“Los equipos deportivos penitenciarios somos una minoría”

Aprender a controlar la ansiedad, los nervios y los impulsos a través del deporte. Esa fue y es la premisa con la que el Club Recoletas Atlético Valladolid decidió crear un equipo de balonmano dentro de la prisión de Villanubla.

“Practicar este deporte de equipo tres veces a la semana les hace desconectar de su realidad”, destaca uno de los entrenadores, Antonio Calvo. Y para conseguir que el equipo funcione, destaca el otro entrenador, Francisco Ollero, la clave es entrenarle como a cualquier otro, “sin preguntar, ni cuestionar, solo jugando”.

In contraria Ducet (En la adversidad, lucha). Tres palabras que revolucionaron la cárcel de Villanubla hace ya seis años. El club El Salvador empezó a trabajar en el módulo terapéutico, pero los efectos del rugby en el comportamiento de los jugadores fueron tan positivos, que al poco tiempo se abrió la inscripción al resto de presos. Y a este primer equipo se sumó años después, de un modo pionero, uno femenino, de cuyas jugadores el coordinador de rugby en prisión, Tino Fraile, destaca que “siempre entran y salen de los entrenamientos con una sonrisa”, lo que para él debería ser el único objetivo cuando se sale al campo.

“Nosotros, como los de rugby, también intentamos hace unos años crear un equipo de balonmano femenino, pero fue imposible porque había muy pocas chicas”, comenta el entrenador Francisco Ollero. No obstante, su relato esconde una realidad, la infrapresencia femenina en prisión. “Ellas me lo dicen, que la cárcel de Villanubla es la de castigo, porque de los 497 presos que alberga solo 44 son mujeres”, relata la arteterapeuta, Ruth Bernardo. Aunque el caso de la cárcel de Valladolid no es la excepción, tanto en España como en Castilla y León la predominancia penitenciaria masculina es absoluta.

Además, en todo el país solo hay cuatro cárceles dedicadas exclusivamente a mujeres. Lo que provoca que en comunidades como La Rioja, Navarra, Cantabria o Castilla-La Mancha haya menos de 50 reclusas aisladas en prisiones masculinas. Esto, asegura Bernardo, provoca una doble penalización, pues además de la estancia carcelaria “muchas son alejadas de sus hogares e hijos”. Aunque también existen los casos de reclusas que “tienen miedo de su vida fuera y no saben como volver a ella sin recaer en malos hábitos”, destaca Bernardo.

Las drogas en prisión

El 76% de los reclusos consumen drogas ilegales dentro de la cárcel, según el Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones. “Dentro de prisión quien quiere consumir, puede y va a hacerlo. Pero si un recluso pretende dejarlo, a través de proyectos y colaboraciones con asociaciones como Cáritas, el centro penitenciario ofrece medios de protección contra la drogodependencia”, explica el educador social, técnico en drogas y responsable del Programa de Intervención en Prisión de Cáritas, Andrés Sánchez.

Asimismo, Sánchez considera que no es correcto hablar de resultados en cifras: “Sería muy fácil decir que mi tasa de éxito son todas las altas que he firmado, pero no es real, porque en un mal momento nadie está exento de recaer. Por eso, creo que es más importante tener en cuenta la adherencia al tratamiento o la motivación con la que cada interno afronta dejar las drogas”.

La edad, los prejuicios y el tiempo encarcelado son también obstáculos para la reinserción laboral de los exreclusos. Para revertir esta situación, en el 2011, la Fundación Rondilla añadió un Re a Incorpora, su programa de intermediación laboral para colectivos vulnerables, e incluyó a las personas privadas de libertad como uno más. Fue entonces cuando implementaron el modelo InOut. Un modelo que pretende transmitir a los presos “las herramientas suficientes para desenvolverse en el mercado de trabajo cuando salgan de la cárcel”, relata la técnica Incopora, Mª Asunción Herrero.

“Solemos evitar comentar que los trabajadores que mandamos a las empresas han estado en prisión porque hay muchos prejuicios en torno a ellos”, asegura la técnica Reincorpora, Ana Mª Royo. Además, “los reclusos que han estado entrando y saliendo de prisión más de 30 años tienen muchas dificultades para explicar ese vacío temporal en su curriculum, porque si ya es difícil encontrar trabajo con más de 50 años, si has estado más de media vida encerrado, la búsqueda resulta casi imposible”, sentencia Royo.

Para Carlos, el funcionario anónimo, las claves para mantener la tendencia recesiva de la última década en la tasa de reincidencia penitenciaria en España son: evitar los motivos más frecuentes de reincidencia penitenciaria, reducir la masificación carcelaria, aportar más recursos materiales y personales a los centros penitenciarios y, ante todo, conseguir que los reclusos pongan de su parte y quieran reinsertarse en la sociedad.

Idea que ampara el educador social Andrés Sánchez. Para el que todo depende de la motivación, pues hay internos que “optan por emplear el tiempo en prisión para hacer las cosas bien y mejorar su vida y hay otros que pasan de todo”, relata el de Cáritas. A lo que el entrenador de balonmano, Francisco Ollero, añade que “dentro de la cárcel manos se ofrecen, pero es decisión de cada uno querer cogerlas o no”.

¿Qué hay tras la reincidencia?

“Ellos eligen la cárcel” es el reportaje multimedia resultado del TFG: “La reinserción social de presos en España”, elaborado por María Carrasco Martínez, del Grado en Periodismo de la Universidad de Valladolid.

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