Trayectos
Cuando conocimos a Santiago* no pudimos intercambiar mucho más que un saludo. Él se encontraba en un hogar de la Fundación Into The Light y, sentado en un sofá con la mirada en el suelo, se negó a compartirnos su historia de vida. No fue sino semanas después de ese primer encuentro que, en una corta llamada, nos transmitió lo que camuflaban sus monosílabas respuestas aquél día en la fundación y nos pidió volver a vernos en persona.
Es 2 de febrero y son casi las 4 de la tarde. Santiago nos pidió encontrarnos en el Parque Biblioteca Tomás Carrasquilla, un lugar relativamente cerca a su ubicación, pues de acuerdo con Google Maps, está aproximadamente a doce minutos caminando desde la fundación donde él vive.
El día está nublado pero aún no está lloviendo, él viste una camiseta negra y una gorra gris hacia atrás y, cuando empezamos a hablar con él, nos dimos cuenta que esos doce minutos que pudo demorarse caminando hasta acá eran apenas el abrebocas a las miles de distancias que sus pies se han llevado por delante.
Nació en el 2005 en Maracay, Venezuela. Sus padres siempre tuvieron diferencias por la decisión de tener un hijo, lo cual le generó problemas en su relación con ambos. A los 2 años su padre tomó la decisión de llevárselo y desde ese momento fueron pocas veces las que pudo volver a visitar a su madre.
—Él me decía que mi mamá no me quería, que no me quería recibir y eso me llenaba de odio.
Aún así, de acuerdo con Santiago, el trato de su padre no era bueno y su abuela paterna, junto a su tia, fueron quienes se encargaron de sus estudios y su crianza. No tenía las mejores calificaciones, pero intentaba no fallar en su educación para no decepcionar a su abuela, quien se fue convirtiendo en una de las personas más importantes de su vida.
Sin embargo, cuando Santiago estaba a punto de terminar sexto grado, ella falleció. Su abuela sufría una enfermedad que le impedía movilizarse y ese día "sintió en su corazón" que algo había pasado cuando vió a su tio "correr desde el baño hasta el cuarto de su abuela". Era la 1 de la tarde cuando el motor que impulsaba su vida, se apagó.
Desde ese momento cambió su manera de pensar y su actitud. Su disposición frente a las cosas estaba atravesada por la pérdida de la única persona que lo motivaba, los malos tratos de su padre y la ausencia de su madre.
***
5 de marzo del 2013; la transmisión habitual de las cadenas nacionales de Venezuela fueron interrumpidas. El entonces vicepresidente de ese país, Nicolás Maduro, anunciaba al mundo que, Hugo Chávez, después de casi dos años luchando contra el cáncer, acababa de fallecer.
Ese día el padre de Santiago lo había castigado por cortarse una ceja.
—Cada vez que me castigaban me sentaban todo el día en una silla en la cocina, y eso me dió más rebeldía, en vez de educarme.
Recuerda específicamente la muerte de Chávez porque sucedía en el mismo transcurso de tiempo en que recibía una llamada de su abuela materna, que lo estaba buscando. Él, igual que su padre y su tia, quedaron sorprendidos ante esa situación, pero aún así como estaba castigado, lo mandaron de nuevo a la silla de la cocina y no le permitieron seguir en la llamada. Su tia fue quien siguió hablando con ella.
La rebeldía acumulada por los castigos, el rencor y la curiosidad del encuentro con su familia materna lo llevaron tiempo después a finalmente irse con su madre cuando pasó a séptimo grado.
Pero con ella solo duró un año.
—No sentía ese cariño, no sentía esa conexión de madre a hijo y todavía no la siento. Se me hizo muy difícil. Así que a los 12 comencé mi vida aparte. Comencé a vivir solo. Di el paso número cinco sin dar el paso número uno.
Los dos años siguientes fueron el inicio a la osadía de vivir solo, de trabajar y estudiar al mismo tiempo, de conseguir dónde dormir y qué comer. Además, el cáncer que había matado a Chávez ahora estaba haciendo metástasis en Venezuela, la situación del país comenzó a deteriorarse más y más y Santiago llegó incluso a dormir en la calle y a hacer "cosas que no le gustaban" para poder sobrevivir.
Hasta que, dos días antes de nochebuena, cuando cumplió 15 años, casi muere. Tuvo que volver con su mamá al día siguiente y el 24 de diciembre, en medio de la cena navideña, le dijo que iba a irse del país.
En ese momento Santiago llevaba 1.706,8km en sus dos primeros trayectos de viaje: 735,6km en el trayecto Maracay - Cucuta y 971,2km de Cúcuta a Cali. Santiago recorrió el equivalente de hacer 41 maratones olímpicas en ese trayecto.
El 6 de enero llegó donde su tío materno. Ya en tierra caleña trabajó en un parqueadero pero no se sentía cómodo y a los tres meses se fue para Ecuador, donde su hermana. Otros 718,3km de Cali a Quito.
Trabajaba vendiendo flores y más tarde empezó a vender cigarrillos en un puesto, pero lo que ganaba no era suficiente. Sus oportunidades laborales en Ecuador estaban limitadas por la falta de documentación, estabilidad, la minoría de edad y la dificultad que enfrentan los jóvenes para conseguir empleo, así que decidió entrar a una pandilla, lo cual solo multiplicó sus problemas, por lo que huyó de nuevo a Colombia.
A esos disgustos se les suma que a Santiago no le agradaba el ambiente familiar del hogar sustituto que el ICBF le había asignado. La situación se hizo inaguantable y al mes se fue por su propia cuenta. La suerte de Santiago no estaba en la calle, pues volvió a cruzarse con el Bienestar en el camino y regresó al encierro. Santiago sostiene que le habían prometido regresar a Cali para terminar sus estudios en un hogar sustituto cercano a su tío.
—La defensora no lo hizo y me mandó a un internado.
Al paso de 3 meses, Santiago volvió a irse. Sin tener claro en qué pueblo estaba, caminó hacia la ciudad durante tres horas entre montañas. De ahí fue a Ecuador porque, antes del encierro en el internado, se había comunicado con su hermana que estaba embarazada y quería ir a conocer a su sobrina.
Volvió a trabajar pero los gastos superaban sus ganancias. Las deudas lo obligaron nuevamente a irse de Ecuador y volver a Cali, con su tio, pero siempre le incomodaba estar con su familia, por lo que como un imán, se atrajo nuevamente a Ecuador, con su hermana y su sobrina
Allí su pasado problemático lo encontró, y unas personas con las que él tuvo problemas lo comenzaron a perseguir. El peligro lo obligó a huir, su hermana le dió el dinero que iba para el cumpleaños de su sobrina para que él pudiera devolverse a Colombia.
Otra vez en Cali, Santiago decidió irse a Medellín con un amigo que conoció allí, pues tenían el propósito de irse a Estados Unidos. Sin embargo, una llamada inesperada de su tio advirtiéndole que su hermana tenía problemas, lo hizo quedarse en la capital antioqueña. Durmió 3 días en la calle y a esas alturas, y con todo lo que había atravesado, cumplir 18 años más que hacerse adulto, era una alerta sobre su vida, una pregunta por el futuro, las posibilidades del presente y las realidades de su pasado.
Pensando en cómo seguir, tomó otra decisión: entregarse al Bienestar Familiar. Allí terminaría en un Centro de Diagnóstico, asumiendo un liderazgo dentro de la institución. Él lo define como un liderazgo positivo; ayudar a los nuevos, orientarlos en su proceso, acompañarlos y hacerles creer que pueden cumplir sus metas y que hay otras oportunidades.
Ahora Santiago hace parte de la fundación Into The Light International, lugar al que llegó poco antes de sus 18 años, allí ha estado laborando para la entidad al tiempo que trabaja en su proyecto personal Leones del mañana, una apuesta por acompañar a los jóvenes que hacen parte de estos procesos y que buscan oportunidades cuando es tiempo de egresar.
Leones del mañana
Con su proyecto, Leones del mañana, Santiago busca crear una fundación que motive mentalmente a jovenes egresados del sistema de adopción y darles las bases educativas, laborales y sociales que necesitan para integrarse y tener un futuro próspero. Santiago nos compartió un discurso que escribió para transmitirle a los jóvenes a los que quiere llegar mediante su fundación:
El texto está presentado tal y como fue escrito por Santiago
