Blockchain, el trabajo en red como herramienta hacia la innovación
Teo de la Rosa Marin
Una red para producir transacciones basada en la descentralización de la información
Blockchain es una estructura de información formada, como su nombre indica, por una cadena de bloques. Cada bloque es una unidad de información, como por ejemplo una transacción. La cadena que forman estos bloques es replicada y compartida por todos los usuarios de la red, que funcionan como iguales -lo que se denomina una red peer-to-peer o P2P-. La blockchain se extiende cada vez que se crea un nuevo bloque, extendiéndose al mismo tiempo el historial de transacciones para toda la red. Y para asegurar su integridad, la creación de los bloques de información se valida de forma criptográfica.
Explicado así, un lector no demasiado al día de la actualidad tecnológica puede haber entendido entre poco y nada. Así que, para hacer de esta una explicación más comprensible, podemos partir de su aspecto clave: la descentralización de la información.
La idea detrás de la tecnología blockchain es que todos los usuarios que la forman tengan toda la información de la red. Del primero al último. Que la red no cuente con un servidor centralizado que salvaguarde los contenidos, sino que cada participante de ella tenga una copia de todo en su dispositivo. Así se crea una base de datos que es de todos, pero al mismo tiempo nadie posee.
Blockchain tiene su fundamento en la Tecnología de Libro Mayor Distribuido, que se basa en compartir el histórico de todas las transacciones de la red a sus participantes. La intención de esto es evitar el fraude. Porque para poder actuar de forma contraria a los intereses de la red no se puede atacar a un elemento central que cuente con toda la información. Simplemente porque no existe. Cada nodo de la red tiene su propia versión. Haría falta alterar al mismo tiempo todas y cada una de las copias de la red que cada usuario posea, algo tan costoso que es prácticamente imposible de realizar.
La idea clave detrás de la tecnología blockchain es que todos los usuarios de la red compartan toda la información, generando una base de datos que todos poseen, pero nadie controla
¿Y cómo es tan complejo como para no ser viable? Aquí es donde entra en juego la validación criptográfica. Cada bloque tiene un identificador propio, el hash. Y para generar la cadena, el hash de cada bloque está enlazado con el anterior a él. Así hasta el bloque original de toda la red, el bloque génesis. La trazabilidad es máxima, porque la transparencia lo es, ya que cualquier nodo tiene acceso a todo el historial. Si alguno de ellos detecta que a la hora de generar un bloque nuevo el hash no coincide, la red aborta la creación.
Pero el control de la red no sucede de forma espontánea. Cada red blockchain debe establecer una serie de normas para que su funcionamiento no sea caótico. Estas normas se conocen como Protocolos de Consenso. Son la garantía que hace de la cadena algo inalterable, ya que marca de qué forma los participantes tendrán el control de que la generación de nuevos bloques no sea fraudulenta.
El utilizado por las redes públicas con mayor nombre de usuarios en la actualidad, Bitcoin y Ethereum, es el protocolo Proof of Work o Prueba de Trabajo. En él, todos los nodos de la cadena deben resolver un mismo problema matemático complejo para validar un nuevo bloque. Y para generar un incentivo en los usuarios, aquel que lo resuelve recibe una recompensa por parte de la red. Monedas o tokens de la red, por ejemplo.
El motivo por el que este sistema evita el fraude es simple. Todos los usuarios tienen una copia de la cadena del bloque que se está generando y su hash. Y la resolución del algoritmo es extremadamente compleja. Por lo tanto, para superar a la red al completo, aquel que quisiera alterarla tendría que resolver el problema y generar la cadena de inicio a final para sustituirla -podemos estar hablando de cientos de miles de bloques-, antes de que la red resuelva el problema. En una red extensa, que cuente con millones de nodos trabajando, ni el poder computacional de gigantes tecnológicos como Google podría conseguirlo.
La red evita el fraude con su protección criptográfica, con un protocolo descentralizado tan complejo de revertir que hace prácticamente imposible engañar a la red al completo
Existen otros protocolos de consenso, como el Proof of Stake o Prueba de Esfuerzo. Un sistema que, para reducir el coste de procesado sin reducir la seguridad de la red, escoge a los validadores según su participación en la cadena. Es decir, quien más tenga invertido en una red tiene más posibilidades de ser escogido como nodo que validará la transacción. Creando así un doble incentivo para estos participantes, ya que, si fallan a la hora de aceptar un nuevo bloque, ellos serían los más afectados por la posible pérdida de valor.
Con todo esto en mente, el proceso de generación de nuevas transacciones, de una forma muy simplificada, es el siguiente:
- Para interactuar con la blockchain, los usuarios cuentan con dos claves, una privada y una pública. Con la primera, firman sus transacciones. La segunda funciona como la dirección a la que se debe dirigir quien quiera interactuar con ellos.
- Los nodos cercanos de la red se aseguran de que la transacción sea válida. Para ello, se resuelve el algoritmo ligado al hash del bloque.
- Los validados se procesan como nuevos bloques candidatos.
- Cuando el resto de nodos de la red verifican que el nuevo bloque es válido y no hay errores en la cadena del hash, el bloque se añade a la cadena y se comparte públicamente con todos los usuarios.
- Es entonces, cuando el bloque se ha generado, cuando se produce la transacción.
Dicho esto, no todas las redes blockchain son iguales. La estructura presentada hasta ahora es la propia de las blockchains públicas. En ellas, cualquier usuario puede realizar transacciones y participar en el protocolo de consenso. Sin ningún tipo de registro.
Pero también existen las redes privadas o semiprivadas, en las que el acceso no es libre. A pesar de tener la misma estructura base, son propiedad de una determinada organización, que permite el acceso a la red a quienes la organización considere. En este caso, el protocolo de consenso está limitado a unos nodos seleccionados con anterioridad, siendo sistemas que no tienen por qué basarse en el minado o la remuneración.
Esto sucede porque hay empresas o instituciones que pueden estar interesadas en optimizar su actividad con la tecnología de la cadena de bloques, pero quieren emplear una red propia. Como más adelante se presentará, blockchain les puede permitir mejorar la transferencia de archivos, generar registros de trazabilidad o programar acciones autoejecutables, entre otras ideas.
Las criptomonedas, la primera aplicación de la blockchain
Si una persona que desconoce por completo la tecnología blockchain ha escuchado alguna vez esa extraña palabra, lo más probable es que lo haya hecho ligada a las criptomonedas. Y es completamente normal, ya que las criptomonedas son la primera aplicación de la cadena de bloques y al mismo tiempo la más conocida de sus diferentes funcionalidades.
Blockchain nace de la mano de la criptomoneda por excelencia, el Bitcoin. Cuando allá por 2008, Satoshi Nakamoto – un pseudónimo, se desconoce a quien se esconde tras él – creó el protocolo Bitcoin, bajo la idea de crear un sistema de dinero electrónico que funcionara a partir de una red peer-to-peer que no requiriese de intermediario alguno. Esta red P2P no es otra que blockchain.
Con ella, crea un sistema criptográfico con transacciones que son imposibles de revertir y con mecanismos de revisión que protegen a los usuarios que las realizan de quienes puedan tener intereses malignos. Con este sistema, los participantes podrían realizar los intercambios directamente entre ellos, sin pasar por bancos, estado o cualquier otro intermediario.
El Bitcoin de Satoshi Nakamoto nace con la premisa de crear un sistema de dinero electrónico descentralizado que elimine la necesidad de intermediarios
Al compartir los usuarios, como nodos de la red, toda la información de la cadena, las transacciones que se realizan son públicas. Esto no quiere decir que se conozca a los usuarios que las realizan, sino que el historial de los intercambios es público. De esa manera, la red puede asegurar que un mismo individuo no prometa el mismo dinero a dos partes diferentes, el conocido como problema de doble gasto.
Como se puede comprobar, las criptomonedas como Bitcoin cuentan con peculiaridades que no son propias de las divisas tradicionales. Y una de las más importantes es la forma en que se introducen nuevas monedas en el mercado. El euro, el dólar o el yen cuentan con Bancos Centrales que emiten dinero según sus políticas económicas lo indiquen. En el caso de las criptomonedas, la generación de nuevas monedas está automatizada. Y además tiene su utilidad de cara al mantenimiento de la seguridad de la red.
Anteriormente, hemos hablado de los protocolos de consenso y de cómo el escogido por Bitcoin era Proof of Work. En la red Bitcoin, las nuevas monedas -también llamadas Bitcoin- se generan cada vez que un nuevo bloque se introduce en la cadena. Los nodos que han empleado su poder computacional para resolver el algoritmo y validar la transacción, son recompensados con Bitcoins.
Los "mineros" sostienen la red Bitcoin, asegurándose de que las transacciones que se procesan son válidas y siendo recompensados por ello con monedas Bitcoin
Estos nodos son los conocidos como “mineros”, en referencia a la búsqueda del oro. La fiebre del Bitcoin y las demás criptomonedas que siguen esta estructura es tal que existen grupos organizados en la minería. Equipos que unen toda su potencia para utilizarla a una en el minado de criptomonedas. Se llaman “mining pools”. Encontrar la solución al algoritmo es tan difícil que es más óptimo llevar a cabo esta unión y luego repartir las recompensas equitativamente entre los participantes de la pool.
Por ello, en la actualidad no son mineros independientes los que consiguen estas recompensas. Son pools como F2Pool, Poolin o AntPool las que obtienen esta retribución, que más tarde reparten entre los usuarios que las forman, según la potencia que hayan aportado a la unión.
Fuente: BTC.com
Se podría decir que el algoritmo define la política económica de las criptomonedas. En el caso de Bitcoin, pone el límite algo por encima de los 21 millones de monedas. Que se generan a un ritmo ya establecido, que se ralentiza conforme se generan. La idea, como explicaba Nakamoto en el momento de su creación, es que se conozca desde el primer momento el contexto completo y la introducción de moneda en el mercado no sea un factor que afecte al valor que la oferta y la demanda le den, haciéndola más estable.
Durante los primeros meses tras su creación, el valor de un Bitcoin era prácticamente cero. La primera transacción que se hizo en el mundo real con ellos fue en mayo de 2010, cuando un programador, Laszlo Hanyecz, intercambió 10.000 BTC por dos pizzas por valor de 45$. Once años después, en 2021, un único Bitcoin ha llegado a superar los 60.000 dólares de valor.
Fuente: Investing.com
Y es que, a día de hoy, las criptomonedas, con Bitcoin a la cabeza, están cada vez más presentes en nuestro entorno. “Cada vez más, se oyen por todas partes referencias a las criptomonedas, ya sea en las noticias, la radio, las redes sociales…”, destaca Gonzalo Muelas, abogado especializado en Regulación Digital. Como bien concluye Muelas, “esto demuestra que las criptomonedas están teniendo una enorme acogida en el público general”.
2021 está siendo un año explosivo en cuanto al valor de estas divisas. Durante la segunda mitad de 2020, Bitcoin volvió a superar los 10.000 dólares de valor, después de dos años sin hacerlo. Cifra que se ha llegado a multiplicar por seis por momentos, llegando a máximos por encima de los 64.000 durante el mes de abril.
"Cada vez se habla más de las criptomonedas [...], lo que demuestra que están teniendo una enorme acogida entre el público general", destaca Gonzalo Muelas
Bitcoin no es la única. Multitud de otras monedas, las llamadas alt-coins, están creciendo en valor a pasos agigantados. Ethereum, la segunda mayor moneda del mercado -y que más adelante en este mismo artículo será protagonista-, ha llegado a superar los 4.000 dólares tras iniciar el año algo por encima de los 1.000. Otras como Cardano y XRP multiplicaron su valor por nueve y siete en los cuatro primeros meses del año.
El caso más sorprendente es el de DogeCoin, una criptomoneda creada a mediados de 2017 y cuyo valor era residual hasta hace muy poco. Durante la última semana de 2020, podías comprar una de estas monedas por 0.01 dólares. A inicios de mayo, el coste ha llegado hasta los 0.66 dólares, multiplicándose su valor más de un 6.000%. Esto la llegó a convertir en la cuarta criptomoneda con más capitalización, por encima de los 60 billones de dólares.
A pesar de esta vorágine de mercado y su crecimiento en valor, las motivaciones detrás del impulso de las criptomonedas se han mantenido bastante intactas. Ideas como la independencia respecto a los bancos y los medios de pago tradicionales o la defensa de los derechos de las personas que surge de la descentralización siguen apareciendo en el discurso de sus partidarios. Aun así, según el abogado Gonzalo Muelas, “el mensaje comercial se ha ido alejando de mensajes disruptivos y rompedores para garantizar que los reguladores lo acepten”.
Hay quien habla de una burbuja especulativa alrededor de las criptomonedas. Para Muelas, “todavía están a medio camino entre una moda pasajera para aquellos interesados en especular y una economía real sin agentes centralizadores”. Al ganar en visibilidad y aparecer como opciones rentables ante los ojos de los inversores, entran nuevos usuarios en el mercado con la intención de hacer dinero, sin importar el avance o no de la tecnología como tal.
En la actualidad, las criptomonedas se encuentran a medio camino entre la moda especulativa y la creación de un nuevo modelo económico basado en la descentralización
No obstante, el impacto que estas divisas están generando en el mercado es evidente. Porque independientemente del uso que se le den, Muelas destaca que “ya han conseguido revolucionar la economía, generando un interés insólito sobre ellas”. Y es que las criptomonedas “han puesto de moda la tecnología blockchain y ha abierto el camino para nuevos medios de pago y cobro que aparecerán en los próximos años”, concluye.
Si bien las criptomonedas han crecido muy rápido durante los primeros meses de 2021, este factor especulativo hace que se encuentren en un escenario de alta volatilidad, en el que cualquier movimiento del mercado afecta a su valor.
Evolución del valor de las seis principales monedas del mercado (Binance, Bitcoin, Cardano, DogeCoin, Ethereum y XRP), durante el año 2020. Fuente: Investing.com
Evolución del valor de las seis principales monedas del mercado (Binance, Bitcoin, Cardano, DogeCoin, Ethereum y XRP), durante el año 2020. Fuente: Investing.com
Este mismo mayo, el mercado ha recibido varios golpes. Por un lado, Tesla, empresa que fabrica automóviles eléctricos dirigida por Elon Musk, ha decidido dejar de aceptar Bitcoins para comprar sus coches, alegando que el consumo de electricidad necesario para generarlos es tan alto que no son medioambientalmente sostenibles.
Y, por otro lado, la acción de países como China, que ha prohibido a los bancos nacionales realizar transacciones con criptomonedas. Una prohibición que no es nueva, pero que ha reafirmado en los últimos meses. En este contexto, muchas monedas han vuelto a niveles de finales del 2020.
El crecimiento del valor de las criptomonedas de inicios de 2021 ha ido desapareciendo desde el mes de mayo, en el que diferentes movimientos del mercado las han hecho caer
La idea de la burbuja especulativa persigue a las criptomonedas desde hace años. Si volvemos algo atrás en el tiempo, en 2018 se produjo lo que por entonces ya se consideró la explosión de la burbuja. A finales de 2017, Bitcoin alcanzaba por primera vez los 20.000$. Ethereum llegó a los 1.000$ en enero de 2018. Y monedas de menor capitalización como Binance o XRP multiplicaron su valor.
Pero el 16 de enero la situación cambia y el mercado cae en más de un 20%. Las pérdidas no quedan ahí, y durante los meses posteriores la mayoría de criptomonedas acumulan caída tras caída. Bitcoin llega a mínimos de 3.200 dólares y Ethereum llega a quedarse en los 82, a pesar de ser las dos principales monedas del mercado.
Fuente: Investing.com
Desde entonces, las criptomonedas han ido creciendo al mismo tiempo que la tecnología evolucionaba y ofrecía más utilidades a sus usuarios. No ha sido hasta 2020, y especialmente 2021, cuando han recuperado y superado los valores a los que llegaron a colocarse tres años atrás.
Un horizonte de contratos inteligentes
El universo que se está desarrollando en la blockchain no se queda únicamente en las criptomonedas. Una de sus principales aplicaciones que más funcionalidades está ofreciendo son los smart contracts o contratos inteligentes. Estos son programas, alojados en la cadena de bloques, que pretenden ser una reinvención de los contratos tradicionales.
Un smart contract es una aplicación o programa de software que funciona en una blockchain compartida, que se ha programado como código informático con una serie de cláusulas que han de cumplirse para su ejecución. Al funcionar sobre la blockchain, los contratos inteligentes cuentan con las cualidades propias de un bloque, como son la inmutabilidad, la descentralización de su contenido o la seguridad del consenso de la cadena.
Para encontrar el origen de los contratos inteligentes tenemos que retroceder hasta 1996, cuando el informático teórico Nick Szabo acuñó el término. Szabo defendía que la mayoría de cláusulas que existen en un contrato pueden traducirse a un lenguaje entendible por hardware y software. Y que una vez programado, el mismo software podría encargarse del cumplimiento de esas cláusulas.
En 1996, la tecnología no permitía la creación de una red que hiciera realizable la idea de los smart contracts. Años después, gracias a la blockchain, sí que es posible. La evolución de la tecnología permite poder ejecutar programas sobre la cadena de bloques descentralizada sin que una entidad central ejecute o supervise el proceso. La red al completo se encarga de ello.
Las redes blockchain han creado un espacio en el que es posible programar contratos inteligentes en forma de condiciones autoejecutables escritas en código
Pongamos un ejemplo que resuma su funcionamiento. Dos amigos inician una competición. Son corredores habituales, así que deciden crear un fondo de criptomonedas donde cada lunes depositarán 5 monedas cada uno. Cuando acabe la semana, quien más kilómetros haya recorrido se quedará con las 10 monedas. Esta simple condición se programará como contrato inteligente en la blockchain y cuando acabe la semana, el que haya hecho más kilómetros ingresará automáticamente la cantidad completa en su cartera.
¿Cuál es la principal característica que diferencia a estos contratos de los tradicionales? La generación de confianza. La programación en código no da posibilidad al error. Si un contrato inteligente está bien programado, una vez esté sobre la cadena de bloques la ejecución será automática.
“Los contratos tradicionales son a futuros, crean obligaciones de cumplimiento”, explica Ana Mercedes López, profesora de Derecho Internacional Privado de la Universidad Loyola. Pero como los smart contracts requieren de un depósito previo y se ejecutan automáticamente, “sabes que no va a haber incumplimiento, porque cuando se cumplan las condiciones la obligación se realizará también automáticamente”, resume Ana Mercedes.
Cuando se programa un smart contract, el contenido pasa a ser inmutable y todos los usuarios de la cadena tienen una copia, incluidas las partes implicadas. De esta forma, se elimina el fraude. Como consecuencia, desaparece la necesidad de tener confianza en la otra parte, sea alguien conocido o desconocido. Lo más importante es que el código no contenga errores. Con que eso se dé, el acuerdo siempre se llevará a cabo una vez las partes lo hayan aceptado.
Los smart contracts son inmutables, es decir, una vez se programan en la cadena de bloques no se pueden alterar de ninguna manera
Como uno podría preguntarse, para que las cláusulas del contrato se cumplan y se pueda autoejecutar, el programa requerirá de información para saber cuándo se cumplen las condiciones. Para introducir en los smart contracts datos que no son propios de la cadena, sino que son externos, existen los llamados oráculos. Lugares de referencia a los que el programa acudirá para comprobar si ha de ejecutarse.
Un ejemplo real de su uso en la práctica: hay aseguradoras que han utilizado smart contracts para automatizar los seguros por el retraso de los vuelos. En su programación sobre la blockchain, se fijaba como oráculo el control de entradas y salidas de vuelos de los aeropuertos. En el caso de que detectara que alguno de sus clientes había sufrido un retraso, el contrato se ejecutaba e ingresaba automáticamente la compensación en la cartera de criptomonedas del cliente.
Eso sí, en una red inmutable y autoejecutable como blockchain, “el oráculo puede ser el punto débil”, destaca Ana Mercedes. “Dentro de la cadena, lo único que puede ocurrir es que el contrato esté mal programado, a partir de ahí es automático, pero el oráculo es externo y depende de la persona que te suministre la información desde dentro de la cadena”, detalla López.
"El oráculo puede ser el punto débil del smart contract [...], ya que es externo a la cadena y depende de la persona que te suministre la información", alerta Ana Mercedes López
A día de hoy, Ethereum es la principal blockchain pública sobre la que ejecutar contratos de este tipo. La plataforma, creada en 2014 por Vitalik Buterin, nació con el objetivo de desarrollar los smart contracts. Y lo hizo a partir de su lenguaje de programación, Solidity, y su máquina virtual, la Ethereum Virtual Machine (EVM), que la forman todos los nodos de la propia red Ethereum.
Para crear estos contratos sin abusar de la red, se establece una barrera de entrada, medido en gas. En la EVM el coste es Ether, la criptomoneda propia de Ethereum. A mayor poder computacional requiera la programación, mayor es el coste. Y de la misma forma que los mineros de Bitcoin obtienen monedas aprobando transacciones, los mineros en Ethereum ingresan Ether aceptando estas operaciones.
Aun así, como alerta Ana Mercedes López, en el estado actual los contratos pueden cumplir con una lógica sencilla, pero la tecnología aún requiere de mejoras para poder asumir transacciones más complejas. Siendo contratos inmutables, ¿cómo se podría gestionar un cambio de normativa? ¿Y en el caso de que una parte entrara en concurso de acreedores y no pudiera controlar su patrimonio?
La condición de la cadena de bloques de estar descentralizada y existir en cada nodo complica también cuestiones propias del derecho tradicional. En caso de existir algún problema, ni existe un lugar en el que situar físicamente la transacción ni en muchos casos se conoce a la contraparte. Para resolver cuestiones de este tipo, están apareciendo entidades en la cadena de bloques que “suplen” funciones que jueces y tribunales llevarían a cabo.
La más conocida de todas es Kleros. Una especie de jurado popular al que se accede comprando criptomonedas de su red, alojada en Ethereum. Cuantas más monedas tenga un usuario, más probabilidades tiene de que le asignen un caso, suponiendo eso un incentivo para participar y no errar en la resolución. Funciona como un oráculo, al que las partes acuden para que medie en caso de que exista algún problema. “Es un proyecto apoyado por la Unión Europea y que lleva casi 500 casos resueltos”, explica Ana Mercedes López.
Descentralizar las aplicaciones
En nuestro día a día, utilizamos decenas de aplicaciones. En el teléfono móvil, en el ordenador, en el televisor… Dándoles todo tipo de usos. Ya sea para hablar con nuestros amigos y familiares, publicar fotos en redes sociales, planificar la agenda o consultar nuestra información bancaria. Sea cual sea la aplicación, todas tienen una misma característica: están alojadas en un servidor centralizado que depende de una empresa u organización.
Ese servidor central es al que nosotros nos conectamos para poder interactuar con la aplicación y el que nos envía la información que necesitemos en ese momento determinado. Y los propietarios son quien dictan las normas de lo que podemos hacer o no, qué contenidos son válidos.
No hace falta ir más lejos que a cualquier red social. Para acceder a ella debemos inscribirnos y aceptar sus términos y condiciones. Sus mecanismos de control vigilan los contenidos y tienen la última palabra a la hora de lo que se puede publicar o no. Y mantiene en sus servidores una copia de todo lo que se ha publicado en la red y los datos de los usuarios que la forman.
La tecnología blockchain, a partir de los smart contracts, ha generado una alternativa a este modelo de interacción. Las Decentralized Aplications o DApps -Aplicaciones Descentralizadas en su traducción al español-. Entendiendo el funcionamiento de la cadena de bloques y los contratos inteligentes, las DApps siguen el mismo patrón.
Las aplicaciones descentralizadas emplean redes blockchain para alojar sus contenidos, de manera que el desarrollador no controla los datos de sus usuarios
Son aplicaciones programadas como un conjunto de smart contracts y que se ejecutan sobre una red blockchain -la mayoría lo hacen sobre Ethereum-. Como cualquier app, funciona en un determinado dispositivo como puede ser un ordenador o un teléfono móvil. Pero la diferencia se encuentra en el backend del programa, en el alojamiento de la propia aplicación.
Es la cadena de bloques la que funciona como servidor, no está centralizada de ninguna manera. Todos los participantes de la red tienen la copia al completo de la aplicación y la información que esta contiene.
Carlos Kuchkovsky, miembro de la Junta General de Alastria -principal consorcio sobre blockchain español-, señala que este tipo de aplicaciones no tienen por qué cambiar la forma en que interactuamos con internet ahora mismo. “Seguiremos teniendo aplicaciones que ejecutamos, pero dejarán de ser aplicaciones independientes para estar conectadas”, explica.
El gran cambio se da en la gestión de la información. Que las empresas dejen de controlar toda la información que obtienen sobre los usuarios y que sean los usuarios los que controlen su identidad digital y qué parte de ella quieren que las aplicaciones utilicen.
Como explica Carlos Kuchkovsky, estas aplicaciones no cambian la forma de interactuar con el usuario, pero sí cambian la forma en que se gestiona nuestra información
Kuchkovsky utiliza un ejemplo que hace comprensible este modelo de gestión de datos. Imaginemos que Spotify se ejecutara sobre la blockchain, como aplicación descentralizada. Si surgiera una plataforma alternativa, nosotros podríamos marcharnos con nuestro historial de uso de Spotify. Porque forma parte de nuestra identidad digital, no es propiedad de nadie más. Así, esta nueva alternativa podría ser capaz de proporcionarnos contenido en base a nuestros gustos. No cambiamos la usabilidad, pero las aplicaciones dejarían de ser silos de información, para ser aplicaciones conectadas.
Hasta el momento, el crecimiento de las DApps está produciéndose a su propio ritmo. Según los datos obtenidos del portal State of the DApps, desde abril de 2015, momento en que se empezaron a desarrollar, se han creado algo más de 3.500 proyectos de DApps. 2018 fue el punto álgido, ya que 1.341 de ellos se iniciaron durante ese año. Más de 100 nuevas aplicaciones mensuales de media. A día de hoy el ritmo es más lento. Desde 2020 se crean alrededor de unas 30 cada mes.
Fuente: State of the DApps
Según Carlos Kuchkovsky, esta evolución se debe principalmente a dos motivos. El primero, que las ideas conocidas como low hanging fruit - fruta madura en español – se llevaron a cabo inicialmente, porque son las que era fácil pensar. Y el segundo, ligado al primero, es que después de la fase inicial las ideas son más complejas y concretas y, por lo tanto, más de nicho y lentas de producir.
Si nos fijamos en las plataformas blockchain donde se han desarrollado, observamos la predilección que existe por Ethereum, ya que 2.782 de ellas se ejecutan sobre esta red -casi el 80% del total-. No todos estos proyectos han funcionado. Las cifras de State of the DApps apuntan que alrededor de la mitad de estos proyectos -1724- están activos y ya disponibles al público. Pero 975 de ellos han sido abandonados por sus desarrolladores. Y el resto se encuentran están en versiones beta o en desarrollo.
Las DApps creadas hasta ahora han utilizado la blockchain para muchas funcionalidades diferentes. Pero son cuatro los campos que más activos han estado históricamente: el exchange de criptomonedas, las apuestas, los juegos y las finanzas. En los últimos meses, tanto el intercambio de criptomonedas como las aplicaciones de finanzas son las que han acumulado un mayor número de transacciones mensuales. Y con ellas, crecen también en número de usuarios las DApps que funcionan como cartera de criptomonedas o las que suponen mejoras en la seguridad de las cuentas.
Fuente: State of the DApps
“Las apuestas y los videojuegos son sectores donde los usuarios son muy apasionados, donde la gente tiene menos aversión al riesgo y así la innovación aparece antes”, explica Kuchkovsky. Y en el caso de las finanzas, crecen “porque blockchain es la tecnología mas modelo de interacción nacida para desintermediar y disrumpir las finanzas”, concluye.
Un nuevo modelo financiero
Este auge de las aplicaciones descentralizadas ligadas a las finanzas ha provocado una de las últimas tendencias que han aparecido alrededor de la blockchain, la Decentralized Finance o DeFi –Finanzas Descentralizadas en español-. Proyectos en forma de aplicaciones, que en la mayoría de casos ya existían en el mercado de capitales tradicional, pero que ahora se está explorando utilizar en el ecosistema blockchain.
Gracias a ello se están generando nuevos modelos de negocio descentralizados a partir de las ventajas de la cadena de bloques. Las divisas descentralizadas, las criptomonedas, son el primer caso y el más evidente. Dinero que no emite ningún banco central que modifique su valor u oferta en base a una política monetaria.
De intercambiarlas nace también la idea de los exchanges descentralizados de monedas. Aplicaciones que estudian los movimientos del mercado de las criptomonedas con un algoritmo propio para conseguir a sus usuarios las transacciones con el menor coste de operación posible, sin intermediario alguno. El que más éxito está obteniendo es Uniswap. Simplificar la forma de obtener diferentes monedas facilita poder operar en diferentes redes.
Los exchanges de monedas automatizados, las plataformas de financiación de proyectos descentralizadas o los protocolos para recibir o aportar liquidez son algunos ejemplos de las ideas con las que innova DeFi
Pero también están apareciendo otros servicios financieros, como la recaudación de fondos descentralizada. Las Initial Coin Offering o Oferta Inicial de Monedas se han convertido en la principal forma de recaudación de dinero para proyectos sobre blockchain. En ellas, los fundadores del proyecto lo presentan ante los usuarios y venden tokens de su red o aplicación para financiar el inicio del desarrollo.
Tokens que tienen utilidad y valor dentro de esa red, ya que permiten realizar las acciones diseñadas. Y que además dan al desarrollador la capacidad de incentivar a un tipo de inversor u otro. Pudiendo marcar como requisito, por ejemplo, que no puedan vender los tokens durante un determinado tiempo, para hacer llegar inversores que confíen en la idea y no en especular con ella.
Como en todo lo relacionado con la cadena de bloques, la confianza surge de la cadena, no de la contraparte. Así, el centro de atención deja de ser si el desarrollador tiene el volumen monetario suficiente de partida, sino en la brillantez o no de la idea. Esta premisa permite la existencia de las liquidity pools. Otra de las iniciativas de DeFi, que crea plataformas automatizadas de préstamos. Donde obtener un determinado tipo de monedas durante un tiempo concreto o aportar las tuyas propias a cambio de la obtención de intereses.
Según Carlos Kuchkovsky, los proyectos de DeFi van a seguir creciendo porque son un modelo de ingresos 24/7, programable y que elimina fricciones entre las partes. “Blockchain permite que las finanzas estén embebidas en cualquier aplicación, que todo sea Fintech, una fusión entre las finanzas y la tecnología-”, destaca Kuchkovsky.
Ante el fenómeno creciente, el éxito de aplicaciones como estas puede estar sentando la base de un nuevo modelo económico digital, creado sobre las diferentes redes blockchain, que cambie nuestras formas de gestionar nuestros datos y nuestras finanzas en un futuro no muy lejano.
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