Café, el tesoro olvidado de Colombia

Los bajos precios que tienen los productos del campo colombiano -en este caso, el café- en la bolsa internacional, han hecho que los agricultores trabajen en saldos rojos, quedándose únicamente por amor a su tierra o falta de oportunidades.

por: Joselin María Cuartas & Germán Andrés Enciso

"El café no es de Colombia, es del dólar”

-Dagoberto Novoa, comerciante de café

EL PROBLEMA

El pasado 1 de octubre de 2018, hubo un plantón nacional de cafeteros por la que parece ser la crisis más dura de este sector en una década. Las 3’500.000 personas que derivan sus ingresos del café en el país alegan que en 1984 una libra se cotizaba a 1,40 dólares, por lo cual los precios de hoy deberían encontrarse entre los 2,90 y 3,20 dólares. Es decir, el precio del café debió incrementarse de la misma forma en que lo ha hecho esta moneda en los últimos años, cosa que no pasó.  

“Afectó los precios del café internacionalmente y, con ello, la tranquilidad de 550 mil familias cafeteras en Colombia”

Una de las posibles causas de esta crisis es que, a finales del mes de agosto e inicios de septiembre del año 2018, tuvo lugar un fenómeno especulativo en la bolsa de Nueva York. Este afectó los precios del café internacionalmente y, con ello, la tranquilidad de 550 mil familias cafeteras en Colombia. La reciente caída llevó a que este producto llegara a costar 1 dólar por libra, uno de los peores valores en los últimos 10 años.

Los campesinos reclaman atención respecto a sus dificultades. En primer lugar, no reciben apoyo para la compra de abonos cuyos precios van en aumento. Por otro lado, tampoco se les ayuda en la renovación de los cafetales de más de cinco años, un proceso más que necesario puesto que a esta edad los granos empiezan a ser muy pequeños; lo anterior hace menos productiva la cosecha.

“El valor de la producción se incrementó cerca del 16% anual real, al pasar de $6.7 billones en 2015-2016 (0.7% del PIB) hasta los $8.1 billones en 2016-2017 (0.9% del PIB)”, según un análisis de la Anif (Asociación Nacional de Instituciones Financieras) sobre el panorama de la producción cafetera.

Con el paso del tiempo, Colombia dejó de ser una “nación cafetera” para cederle su lugar al petróleo. Una situación irónica para este sector que ha representado el 10% del Producto Interno Bruto (PIB) y casi el 30% del producto agropecuario en los años 50s.

En el pasado quedan las épocas doradas del café. Un producto que llegó a Europa proveniente de Etiopía y luego al continente americano en el proceso de colonización; y que fue hasta finales del siglo XVIII que se le consideró comerciable.

En Colombia, el café se expandió en un periodo de siglo y medio, tiempo en el que comenzó a establecerse lo que hoy se conocen como zonas cafeteras. Una de estas regiones es Viotá, un municipio del departamento de Cundinamarca.

Mapa de regiones cafeteras en Colombia

Al dar clic sobre la ubicación señalada encontrará información sobre la cultura cafetera.

Mapa tomado de aquí

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EL ROSTRO

Dagoberto Novoa es un comerciante que vive en el municipio de Viotá, en Cundinamarca. Aprendió cómo funcionaba la industria del café desde que tenía 10 años, cuando su padre le enseñó todo lo que sabía sobre el que fue el tesoro más preciado de Colombia. Su casa, de tres pisos, se divide en dos partes. En una de ellas se encuentran los espacios familiares; del otro lado, un patio donde se realiza todo el proceso antes de la comercialización.

“La poca rentabilidad ha llevado a que se pierda la fe de los caficultores, quienes han migrado a otros cultivos”
Graciela Mendoza, caficultora

Al patio de la casa de Dagoberto llegó Graciela Mendoza, una mujer que ha trabajo toda su vida en los cultivos de café. Graciela, de 56 años, cuenta que no ha recibido ninguna ayuda por parte del gobierno colombiano, ni del Banco Agrario. Más bien, para ella, la poca rentabilidad ha llevado a que se pierda la fe de los caficultores quienes han migrado a otros cultivos como el plátano y el aguacate.

“Con los abonos para soquear sí nos ayudan”, asegura Graciela, “después de 5 o 6 años, toca tumbarlos para que vuelva a dar el café”. Y es que soquear consiste en renovar los cafetales viejos puesto que pasados estos años el cultivo pierde su calidad. Sin embargo, estas ayudas no son ni la mitad de lo que se necesita para que los productores mantengan a flote sus fincas y obtengan algún beneficio.

A pesar de la reciente crisis que atravesó el café, los caficultores como Graciela no olvidan cuando, hace aproximadamente una década, este tuvo mejores tiempos. Una época en la que el grano llegó a ser el símbolo de Colombia ante el mundo por la característica suavidad, sabor y aroma de la especie arábiga. En aquellos años, afirma Graciela, “el café daba para mantener la finca y le quedaba”.

Danilo Silva, quien ahora es conductor, cuenta que hace unos años en el municipio el café era lo que más daba plata en la región. Ahora, el panorama es otro, en las fincas aledañas a Viotá predominan el plátano y el aguacate puesto que requieren menos costos de producción y mayor ganancia al comercializarlo.

Como explica, Gerardo Peña, caficultor de la región, “el cultivo de aguacate tarda menos tiempo en darse y solo un aguacate puede pesar el kilo”; por esta razón, los finqueros van dejando atrás sus plantas de café buscando una mejor calidad de vida e ingresos.

En otros tiempos, el café lo pagaba todo, pero su época dorada es algo del pasado. Danilo afirma que algunos finqueros se rehúsan a dejar la caficultura ya que siguen aferrados a lo que fue alguna vez este cultivo. Ya no hay quien trabaje el café porque quienes eran empleados hoy quieren ser sus propios jefes, reduciendo la mano de obra y, a su vez, aumentando la competencia.

“El problema está en que el gobierno no entiende ni conoce el sector agropecuario”
Jorge Caldas, Líder cafetero

Jorge Caldas es uno de los que se rehúsa a abandonar el café debido a que, según él, “el problema está en que el gobierno no entiende ni conoce el sector agropecuario”. A este caficultor de 76 años su padre, quien era comerciante de café, le brindó la mayoría de los conocimientos que le llevaron también a ser miembro del Congreso Cafetero y líder entre sus compañeros campesinos.

Jorge manifiesta que el encanto del café colombiano está en su sabor. La especie arábiga se caracteriza por ser más suave que la del tipo robusta y cuya calidad deja gozar de un olor y sabor agradables. No por nada, Colombia se ha posicionado como el primer productor en el mundo de esta clase de café.

Franklin Piña es el dueño de Souvenir Coffee, una empresa que nace en el 2008 cuando su padre decide dejar de ser un empleado y encuentra en el café una alternativa de trabajo independiente. Franklin se involucra en el año 2010 y desde entonces se ha hecho cargo del negocio. Años más tarde, en el 2017, crearon una línea de productos terminados en un café en Bogotá.

“La diferencia se la gana el que hace todo el esfuerzo de producirlo”, dice Franklin refiriéndose a las ganancias del negocio, cuya materia prima viene desde Chitaraque. Un municipio ubicado entre los límites de los departamentos de Boyacá y Santander, a una hora de San Gil.

“Colombia es un país caficultor, pero su población no conoce de café”
Franklin Piña, empresario cafetero

“Tú vas a Argentina y te das cuenta de que la mayoría de gente sabe cómo hacer asados, sabe preparar una carne. Ellos son especialistas en las carnes. En Colombia ni siquiera sabemos qué es un buen café”, manifiesta Franklin mientras preparaba tres tazas de café en la cocina de Souvenir Coffee.

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DE LA FINCA A LA MESA

Sembrar café no es nada fácil, pero tampoco imposible. Depende de cumplir con determinadas condiciones como el clima, adecuado en una altura entre los 1.200 y 1.800 metros, y los cuidados del cultivo para evitar enfermedades como la roya y la broca.

La Asociación de Cafés Especiales (SCA por sus siglas en inglés), es una de las organizaciones que se han dado a la tarea de preparar catadores, quienes están en la capacidad de reconocer un buen café y evaluar su calidad en taza (preparado y servido).

El café geisha de Panamá ha sido calificado con 94,66 puntos, un nuevo récord internacional. En Colombia, también hay buenos puntajes con respecto al café en taza; como el de Franklin, quien obtuvo 84 puntos.  

Tomar café suave colombiano es un deleite para el paladar y eso lo saben los catadores. Jorge Caldas explica que este se debe tomar caliente mas no hirviendo. El primer sorbo debe dejarse diez segundos en la boca haciendo gárgaras, como si se "enjuagara" la boca con el café. El segundo debe durar dos segundos en la punta de la lengua, esto permite sentir un cambio en el sabor que queda por más tiempo en el paladar y deja un rastro de una dulzura suave.

Luego, Caldas se termina su café.

Y no solo se acaba el café en la taza, sino también en el municipio de Viotá.

¿Cómo se cultiva el café?

Si quiere aprender a sembrar café, en la siguiente infografía le mostraremos los pasos a seguir.

Para comentar la infografía, dar clic aquí.

¿EL FINAL?

Las opciones para las más de 500 mil familias campesinas que viven del café son cada vez más limitadas si desean continuar con dicho cultivo. Una de estas alternativas es aceptar la oferta de las grandes productoras, las cuales pueden brindarles una mayor garantía de comercialización del grano. No obstante, poder unirse a estas empresas es todo un reto debido a que producen cafés especiales que se trabajan de una forma a la que el pequeño productor no está acostumbrado.

Cabe decir que, la FedeCafé ofrece oportunidades como una red de comercio interno (cooperativas) para que los precios de la bolsa internacional no afecten a los productores. Sin embargo, esto solo beneficia a aquellos que estén dentro de los 351 comités municipales o juntas locales que pueden variar en cantidad, debido a la poca viabilidad que los cultivos tienen para los pequeños caficultores.

Además, el gobierno se ha comprometido en pagar 25 mil pesos para aquellos productores que hayan vendido su carga de 125 kg de café por debajo de los 700 mil pesos, una ayuda que los mismos cafeteros tachan de insuficiente, si es que la recibieron.

A pesar de que el mismo Roberto Vélez Vallejo, Gerente General de la Federación Nacional de Cafeteros, describe a esta crisis como un asunto que no solo le importa a Colombia, sino también a un mercado internacional, el aumento de las ayudas no se ha llevado a cabo por completo. Por ello, el banco agrario ha realizado brigadas por municipios del Eje Cafetero para que los pagos pendientes por parte de los campesinos se puedan congelar ya que la cartera cafetera morosa asciende al 12%.

Por el otro lado, el Banco Agrario ha propuesto un refinanciamiento de deudas que consiste en llegar a un acuerdo con aquellos deudores que por motivos externos no puedan cumplir con los próximos pagos, aplazando o disminuyendo el monto a pagar. También, se ha lanzado un proyecto en conjunto con el gobierno desde los espacios que ofrece Construyendo País: Grano a Grano.

Este proyecto consiste en inyectar más ingresos a las cooperativas cafeteras para que los campesinos que vendan a esta institución obtengan más ingresos y los precios de producción no sean un freno para el agro. No obstante, no todos los campesinos venden a esta institución por diferentes motivos (el mismo campesino se encarga de transformar esta materia prima a otros productos o lo detiene la desconfianza hacia las instituciones públicas).

De la misma forma, desde el Banco Agrario se recalca que "los precios en la bolsa internacional son muy volátiles, lo cual vuelve impredecibles este tipo de situaciones".

En debates en el congreso se ha hablado sobre las crisis de este sector y se ha llamado a que los legisladores se preocupen por financiar el Fondo Nacional del Café (FoNC) para beneficiar al conjunto de caficultores colombianos en temas de la garantía de compra, la investigación científica y tecnológica, asistencia técnica y en la promoción y comercialización del grano.

La promoción de sustituir los cultivos tradicionales con la siembra de ‘cafés especiales’, como se vio en la última Cafés de Colombi EXPO, no es la única alternativa; el ofrecer asesorías sobre tecnificación y competencia en el mercado también se hace imperante.

Pero no cualquier tipo de asesoría. El pequeño productor requiere una educación amplia con respecto a lo lucrativo que podría ser el mercado del café si ellos fueran quienes transformaran este grano en productos terminados. Si los campesinos recibieran la formación que tuvo Franklin, estarían en la capacidad de generar productos capaces de costear los gastos de la finca y obtener mayor ganancia.  

Lo anterior con el propósito de llevar bienestar a los productores, mantener el posicionamiento del café colombiano como el mejor del mundo en categoría suave y preservar una cultura y dignidad caficultoras porque...

Sustituir una plantación de café cada cinco años no es lo mismo que arrancar de las raíces a quienes se han dedicado toda la vida a la producción de este grano que mantiene en movimiento y despierto al mundo.

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