El 8.4% de los menores comparte imágenes íntimas ajenas sin consentimiento
Según un estudio de la revista JAMA Pedriatics el 8.4% de los menores de 18 años ha confesado haber distribuido imágenes íntimas de otras personas sin consentimiento. La relación directa entre sexting y difusión no consentida es la causa de que el 26% de los menores haya recibido mensajes de contenido sexual.
“Imagínate que te tomas un selfie y, de pronto, alguien que tiene treinta mil seguidores en Twitter publica dentro de tres años tu foto pidiendo su difusión para encontrarte”
Ana tenía dieciséis años cuando decidió tomarse un selfie. Escogiendo entre varios filtros pensó en enviárselo a un amigo suyo y, después de dudar, se decidió a hacerlo. Sin embargo, quedó bastante sorprendida cuando de pronto un desconocido, que a raíz de esta situación se convertiría en su pareja, empezó a compartir su fotografía por las redes sociales con la intención de encontrarla.
Tres años más tarde descubrió que, a través del selfie que envió a su amigo, un chico colgó en Twitter sin su permiso su fotografía, compartiéndola con sus treinta mil seguidores. Pidió, además, que difundieran la imagen para poder llegar hasta Ana, con la excusa de que se había enamorado al verla.
Ana, que era menor de edad en el momento en el que se tomó la fotografía y cuando se difundió la imagen, ni siquiera fue consciente de todo lo que estaba ocurriendo. Con dieciséis años tampoco imaginó que su selfie tendría tanta repercusión en su vida tres años más tarde.
Aunque esto no quedó aquí: su fotografía siguió difundiéndose sin su consentimiento por toda la red de Twitter. Ana había perdido totalmente el control sobre su imagen, pero ni siquiera era consciente de ello. Varias cuentas de personas influyentes llegaron incluso a usar la imagen de Ana para menospreciarla por su físico, con la única intención de herir a quien había difundido su fotografía por no tener una buena relación él.
Ana, víctima de difusión de imágenes
Ana, víctima de difusión de imágenes
En el momento en el que toda esta situación se desarrolló, Ana no reaccionó de la misma manera como afirma que lo habría hecho en la actualidad. Puede ser porque el devenir de los años le ha aportado la madurez que en ese momento, en plena adolescencia, no disponía. Pero no solo Ana ha cambiado. Los conocimientos y herramientas para evitar esta difusión masiva e intrusiva de nuestra privacidad han avanzado progresivamente y, con ellos, el concepto de imagen también ha evolucionado.
Actualmente, la imagen se potencia con las redes sociales. Estas dinámicas se han hecho extensibles al resto de la población, creando un concepto de imagen tergiversado, es decir, completamente distinto a lo que en realidad se representa. La necesidad de crear una imagen propia ha expuesto a cientos de personas que suben sus fotos y vídeos a las redes sociales.
Esta necesidad de mostrar y contar lo que tienes o lo que estás haciendo ha provocado que los jóvenes utilicen con frecuencia las redes sociales. Suben publicaciones diariamente, dependiendo del usuario, lo cual genera una obligación autoimpuesta que en muchos casos es desmedida.
Infografía propia, basada en una encuesta propia realizada a jóvenes
Infografía propia, basada en una encuesta propia realizada a jóvenes
Alba Martínez Nieto, estudiante de Artes Dramáticas, es prueba de ello. Alba comparte todo lo que hace diariamente, desde lo que está haciendo, hasta lo que come. “Me gusta compartir, que la gente me vea”, explica. Sin embargo, reconoce que transmite una imagen que no es real, sino que lo hace para no mostrarse vulnerable. “Es importante que no todo el mundo sepa la realidad de ti”, añade.
Así, se comprueba que las redes sociales tienen una influencia en los comportamientos de cada usuario. No se representa la imagen real del usuario, sino la que se quiere resaltar, basándose especialmente en unos patrones de comportamiento preestablecidos. De esta forma, la presión social ejerce una responsabilidad sobre los usuarios a la hora de publicar unos contenidos u otros. Existe la posibilidad de que se creen adicciones que, posteriormente, deberán ser tratadas por un profesional que acabe con ellas.
Un mal uso de estas herramientas también puede provocar consecuencias nefastas para cualquier persona. Actualmente, se localiza un alto grado de individuos que no gestionan bien el uso de las redes. En palabras de Carlos Zapata, educador social, los adolescentes no tienen una educación específica dentro de los centros educativos en cuanto al uso de las redes sociales.
En algunos casos, los adolescentes realizan este mal uso de manera consciente con el único fin de dañar a una persona concreta. Según datos del Ministerio del Interior, una media de seis menores al día son víctimas de ciberdelitos; la misma fuente confirma que, en 2017, se registraron 2.287 víctimas (menores de edad) afectadas por delitos de ciberacoso, pirateo de cuentas o envío de imágenes y vídeos de contenidos eróticos o sexuales. Por tanto, las redes sociales se pueden convertir en un problema serio mediante prácticas como el sexting, llegando incluso hasta las últimas consecuencias: difundir imágenes íntimas.
En cualquier caso, las redes sociales abren una puerta de posibilidades muy amplias para publicar contenido, ofrecen muchas facilidades para generarlo y permiten que muchos usuarios hagan y deshagan a su antojo. No existe, tampoco, un control sobre la identidad que proyecta cada uno, aumentando así las posibilidades de manipular la imagen de otra persona. Las herramientas de control sobre ello son, además, bastante escasas, y tampoco se han empleado demasiados recursos para que la gente joven aprenda a utilizar correctamente las distintas redes sociales.
Socializando vía online
Por otro lado, las redes sociales han supuesto un cambio sustancial en la socialización de los seres humanos, puesto que han permitido contactar con nuestros conocidos en cualquier momento. El lugar donde cada uno estemos situados ha perdido relevancia, pues ahora se puede establecer contacto de forma gratuita con cualquier persona que tenga internet. Solamente con conocer su usuario en la red social que se esté usando, se puede empezar a interactuar con la persona.
Muchos ciudadanos se conocen directamente por las redes sociales sin haberse visto nunca en persona. Es algo bastante normalizado y que antes no existía de la misma forma. De hecho, ahora es normal buscar a una pareja sentimental o conocer nuevas personas mediante internet, pues algunos usuarios se sienten más cómodos conociendo a las personas a través de una pantalla. Asimismo, todos los días vemos en redes sociales como Twitter publicaciones de personas diferentes con las que podemos interactuar sin siquiera saber quiénes son.
Tanto internet como las redes sociales han llegado a ser una parte troncal de nuestra sociedad, proporcionando una cantidad de información abrumadora. Gracias a la interconectividad que nos permiten las redes sociales, a la inmediata difusión y al enorme alcance que tienen, constantemente tenemos acceso inmediato a sucesos que ocurren en puntos lejanos de donde nos encontramos físicamente, conociendo noticias sobre manifestaciones multitudinarias, desastres naturales o si nuestra estrella de Hollywood favorita ha sido vista con una nueva pareja.
Es en este contexto en que la interacción a través de las redes sociales está tan extendida y normalizada que las personas que carecen de ellas son la excepción. Los jóvenes son las personas que tienen más asimilada esta situación, pues desde que son pequeños conviven con las redes actuales y, por ello, han crecido utilizándolas. Para ellos son más que un complemento de su sociabilidad, pueden llegar a ser una realidad complementaria.
En un mundo en el que tener un móvil se ha vuelto algo necesario, todos los jóvenes disponen de uno para su uso personal. Hace tiempo que se quedaron atrás los teléfonos fijos que se instalaban en los hogares y que eran de uso común para toda la familia. De hecho, podemos ver que la publicidad de las plataformas online y servicios de telefonía están enfocadas, por lo general, a un público joven. Asimismo, la mayoría de las redes sociales cuando se anuncian emplean a actores jóvenes, puesto que este es su gran público objetivo.
Es a través de estas redes sociales donde los jóvenes comparten todo tipo de cosas, desde expresar su opinión sobre un tema, hasta criticar algo, contar alguna vivencia o compartir imágenes propias. Expresan los sucesos que les ocurren por medio del enorme altavoz que resultan ser las redes sociales. A la pregunta de por qué se comparte contenido en las redes sociales hay varias respuestas. Algunos usuarios comparten información porque quieren hacer algún anuncio o alguna reclama, otros lo hacen porque quieren que haya más gente que vea o lea algo que ellos han encontrado y otros, simplemente, porque les gusta que la gente sepa lo que hacen.
Esto lleva a algunas personas que, como Ana, deciden enviar un selfie a un conocido. Su intención fue compartir una fotografía con la que se sentía a gusto, sin ser consciente de que tres años más tarde un chico intentaría localizarla por esa foto a través de las redes sociales, recibiendo una gran cantidad de mensajes de personas desconocidas para acercarse a ella.
Carlos Zapata, educador social
Carlos Zapata, educador social
Esta libertad de compartir fotografías propias se debe también, en parte, al cambio que ha supuesto el uso de las redes sociales en el concepto de intimidad que tiene la sociedad. Los documentos que antes tenía un carácter más privado, como una foto del propio cuerpo, que ni se publicaba ni se mostraba, ahora se enmarcan en otro contexto totalmente distinto, donde los usuarios hacen público una cantidad de contenidos antes impensables. Sirva de ejemplo, las fotografías de medio cuerpo o cuerpo entero que suben algunos adolescentes a redes como Instagram o Tinder, de manera pública.
Pero internet no solo ha introducido cambios en nuestro concepto de intimidad, sino que también ha modificado y digitalizado las formas de mantener relaciones sexuales. El sexting, una práctica en aumento desde hace varios años, consiste en el envío e intercambio de contenidos de tipo erótico o sexual a través del móvil o de otros dispositivos tecnológicos. Clara, pseudónimo de una víctima de sextorsión, tenía quince años cuando aceptó enviarle una foto íntima a un chico con el que habló a través de Instagram, después de que este se la pidiera en varias ocasiones. Poco después recibiría varias fotos de él que, al igual que la suya, también eran de carácter privado.
“El sexting en sí mismo no es una práctica ni buena ni mala”. Así lo afirma Antonio Murillo, responsable del grupo de Trabajo de Psicología, Sexología y Pareja de la Delegación de Córdoba del Colegio Oficial de la Psicología de Andalucía Occidental, quien añade que se trata únicamente de una forma de comunicación y que, como tal, cuenta con ventajas y con inconvenientes.
Entre sus ventajas, Norma Ageitos, sexóloga y miembro de la Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología, destaca que realizar esta práctica facilita la comunicación erótica, pues gracias al distanciamiento que suponen las tecnologías, se pueden expresar deseos que cara a cara pudieran resultar difíciles de compartir por generar sentimientos de vergüenza o pudor.
El sexting permite, además, que una persona se familiarice con su propio cuerpo. Hoy en día se tiende cada vez más a exponer una imagen predispuesta en las redes sociales, sobre todo a través de la publicación de fotografías decoradas y retocadas que, en ocasiones, no muestran la realidad de los usuarios que están detrás. Por el contrario, “el sexting es sobre la marcha”, no hay tiempo para retocar la fotografía o preparar un decorado, sino que es “más natural”, explica Ageitos. Esta naturalidad permite que poco a poco se genere cierto grado de aceptación con el propio cuerpo.
Otra ventaja de practicar sexting es la posibilidad de ampliar nuestra sexualidad. Así lo considera Carmela Cobo, sexóloga de la Asociación de Especialistas en Sexología, quien indica además que el sexting es una herramienta que bien utilizada puede servir como una novedad, para eliminar la rutina entre las relaciones de parejas, por ejemplo. Puede ser también un útil instrumento en situaciones imprevisibles como la expuesta por el coronavirus. En un momento donde todos los ciudadanos se encontraban confinados y, ante las carencias producidas por la falta de contacto físico, el sexting se ha convertido en una forma de facilitar la conexión entre las personas.
Esa facilidad que han ofrecido las tecnologías para acercar a los ciudadanos, también ha permitido que esta práctica sea cada vez más frecuente entre las personas jóvenes, incluyendo a los menores de edad. Hace veinticinco años, era impensable el masivo uso que se le da en la actualidad a los teléfonos móviles y cámaras, aún menos como una herramienta para facilitar nuestra sexualidad. Sin embargo, hoy en día prácticamente todo los ciudadanos disponen de un teléfono móvil con cámara, además desde muy temprana edad. Sirva de ejemplo como entre 2012 y 2017 se ha incrementado un 6,8% los usuarios en Internet con una edad entre 4 y 13 años en la comunidad andaluza, según el estudio Hábitos, actividades y riesgos en las TIC realizado por el Observatorio de la Infancia en Andalucía (2019).
En la actualidad, estos dispositivos son para los adolescentes una “extensión de su cuerpo”, como explica Murillo. Los jóvenes han encontrado en ellos también una nueva forma de comunicarse para expresar su sexualidad. De hecho, según recoge el séptimo Barómetro de la empresa de productos sexuales Control, en España el 40% de los jóvenes utilizan apps de mensajería para practicar cibersexo. La práctica es mucho más común entre los hombres (47,1%) que las mujeres (30,7%).
Asimismo, el hecho de utilizar dispositivos tan conocidos desde una temprana edad para iniciar relaciones más íntimas a través, por ejemplo, del sexting, facilita que vean esta práctica como algo más cotidiano, al conocerla desde sus inicios en las relaciones de pareja. Así, según expone el trabajo realizado por la investigadora de la Universidad de Oviedo, Patricia Alonso - Evaluación del fenómeno del sexting y de los riesgos emergentes de la Red en adolescentes de la provincia de Ourense - la mayoría de los estudiantes de ESO y Bachillerato de esta provincia han practicado sexting en alguna ocasión. “Los chicos son más propensos a enviar textos de contenido íntimo, mientras que ellas suelen enviar imágenes”, asevera Alonso en las conclusiones de su investigación.
Además de caracterizarse porque los documentos enviados tienen un carácter sexual o erótico, el sexting es una práctica con unas peculiaridades específicas. De esta manera, aparte de su carácter sexual, el sexting se define también por la naturaleza privada de los mensajes, fotografías o vídeo enviados. Otra característica muy importante de esta práctica es la voluntariedad, tanto por parte de la persona que recibe la fotografía, como de quien la difunde. Cobo afirma que siempre se debe practicar sexting de manera libre, sin recibir presiones de ningún tipo. “La mayoría de veces lo hacemos por presión, por la pareja, la sociedad… Si lo haces que sea porque te apetece”, añade.
Infografía propia, basada en los datos de una encuesta propia
Infografía propia, basada en los datos de una encuesta propia
La importancia de esta característica es vital, sobre todo para establecer si se trata de una actividad entre dos personas que quieren disfrutar de su relación o, si por el contrario, se trata de una imposición que en el peor de los casos se puede estar ejerciendo a través de una extorsión. “Yo al principio no quería pasarle nada porque me daba recelo, pero (él) era superinsistente y al final le acabé pasando una foto”, precisa Clara mientras explica lo incómoda que se sentía por los comentarios que le realizaba el chico para que le enviara una fotografía.
Finalmente, otra característica que define al sexting son los canales empleados que, en la actualidad, lo constituyen las nuevas tecnologías a través de las aplicaciones de mensajería rápida, como WhatsApp, o las redes sociales, como Instagram. No obstante, este tipo de práctica sexual lleva realizándose desde hace años, la única diferencia es que ahora existen otras vías para practicarla, “al igual que en otro tiempo hubiera sido escribir cartas o relatos”, asegura Ageitos.
Sin embargo, a diferencia de estos canales, internet no solo ofrece un mundo de posibilidades, sino también de riesgos. Como todo lo nuevo, la seguridad de los usuarios que practican sexting aún no está debidamente asegurada. “No tenemos la capacidad de hacerlo de manera segura, no nos enseñan y pensamos que todo vale, lo que puede convertir el sexting en una práctica de riesgo con peligrosas consecuencias”, confirma Cobo.
Para combatir los posibles riesgos que puede ocasionar esta práctica, Cobo recomienda seguir una serie de pautas que, si bien no hace que los usuarios estén exentos del peligro, sí proporcionan una mayor seguridad. Una de las pautas más importantes es crear capas de anonimato, es decir, eliminar todos aquellos datos que pueden identificar a la persona de la fotografía. Desde los datos en la aplicación utilizada (nombre, foto de perfil, número de teléfono…), hasta elementos cotidianos del entorno, como la cama o la ropa, constituyen elementos identificables que deben evitarse. Especial relevancia cobran los tatuajes y las marcas corporales, como las manchas o lunares, que son junto con el rostro y la voz los elementos más peligrosos de exponer por su fácil reconocimiento.
Igual de importante que controlar lo que se muestra, es vigilar con quién se comparte esa información. Ageitos señala que no podemos esperar que los jóvenes limiten el uso de esta práctica a sus parejas o a personas con las que tengan confianza, puesto que, además de que el sexting es una manera también de interactuar con usuarios desconocidos, “estamos pidiendo a un adolescente un nivel de reflexión que no tiene, en general, en esa edad”.
No obstante, si se quiere interactuar eróticamente a través de internet con usuarios desconocidos, se debe aumentar la protección. Por ello, es conveniente utilizar plataformas seguras donde, por ejemplo, no se pueda grabar las interacciones entre los usuarios. También se recomienda utilizar aplicaciones como Telegram, que no solo permite ocultar tu número de teléfono dentro de una conversación privada, sino que también avisa cuando un usuario ha realizado una captura de pantalla. En este sentido, destaca también el chat creado por la marca de juguetes eróticos We Vibe, el único de este tipo de comunicaciones más privadas que no permite hacer capturas de pantallas a las conversaciones.
A pesar de estas innovaciones y de la progresiva mejora que las aplicaciones realizan para garantizar la seguridad de los usuarios -como el cifrado extremo a extremo de WhatsApp, que envía los mensajes cifrados para evitar que terceras personas puedan acceder a ellos- aún escasean las aplicaciones que proporcionan un espacio seguro para llevar a cabo prácticas como el sexting. Así, el intercambio de documentos íntimos puede suponer una práctica de alto riesgo, con consecuencias tan peligrosas como el ciberbullying, stalking, grooming o la difusión de imágenes no consentidas.
La difusión de imágenes no consentidas consiste en la divulgación de documentos íntimos como fotografías, vídeos o audios, normalmente de carácter sexual, que previamente se habían compartido con una persona de supuesta confianza. Las imágenes suelen distribuirse a través de medios de masas como Internet, aunque también es habitual emplear aplicaciones como WhatsApp o Facebook. Asimismo, se publican en lugares muy concretos, donde se conozca a la víctima o donde exista un público masivo, para provocar un daño mayor.
La privacidad de esa persona se convierte entonces en un escándalo público que puede durar indefinidamente ya que, una vez que se sube una imagen a Internet, es prácticamente imposible eliminarla; las imágenes son fácilmente copiadas y guardadas por terceros para ser compartidas cuando se elimine la original. Además, al incluir información que identifica a la víctima, aumenta las probabilidades de que los empleadores, sus amigos y familiares también estén expuestos a la humillación.
Esta práctica, considerada como violencia sexual puesto que expone sin consentimiento la sexualidad de una persona, afecta mayoritariamente a las mujeres, ya que la exposición de la vida íntima y preferencias sexuales es una forma de desvalorización hacia el género femenino. Sirva de ejemplo que la principal reacción ante este ciberdelito es culpar a la víctima por su participación en la foto, pues en muchas de ellas, las imágenes son tomadas por las propias personas que aparecen incluidas. Sin embargo, la realidad es que en la mayoría de los casos las imágenes son publicadas sin consentimiento ni conocimiento por parte la de víctima.
La difusión de imágenes no consentidas es un delito que cuenta, además, con un doble nombre: pornovenganza. A pesar del extendido uso de esta terminología, sexólogas como Cobo advierten de que este término no es exacto por dos razones principales: en primer lugar, porque no todos los delincuentes están motivados por una venganza. Y, en segundo lugar, porque el contenido no sirve a la finalidad de la pornografía.
Respecto a las motivaciones, además de la venganza, también se dan casos de extorsión económica o de personas que hackean diversos dispositivos para subir este tipo de documentos de carácter privado a sitios web de pornografía. Asimismo, el concepto de venganza hace referencia a que el daño que ha recibido la víctima ha sido una respuesta a otro daño ocasionado previamente, es decir, se culpabiliza a la víctima de la situación.
Sobre la finalidad, no se trata de un material pornográfico puesto que las imágenes no son grabadas para el consumo masivo, las víctimas no son actores o actrices y no han asumido la finalidad de la pornografía: la exhibición a terceros, incluya o no fines lucrativos. Por último, no es una forma de entretenimiento debido principalmente al sufrimiento de las víctimas, quienes en la mayoría de los casos no reciben el apoyo de la sociedad.
Tampoco son una manera de entretenimiento porque, generalmente, las imágenes son obtenidas de forma ilícita mediante robos o cámaras ocultas. Asimismo, Murillo indica que el contenido de la información utilizada en sexting no tiene porqué ser siempre sexualmente explícito, pues puede tratarse de una fotografía ‘con una pose sexy’ o un audio con palabras íntimas.
Carmela Cobo, psicóloga y sexóloga
Carmela Cobo, psicóloga y sexóloga
El término 'pornovenganza' es, por tanto, insuficiente para describir todas las situaciones en las que se difunden imágenes íntimas. Algunas autoras como Shopie Maddocks -docente, investigadora y activista- propone el término de ‘Diseminación (o difusión) no consensual de imágenes íntimas’, un nombre más amplio que recoge la variedad de casos que pueden darse dentro de este delito.
Esta amplitud puede observarse en las distintas secuelas que presentan las víctimas. Las consecuencias de este delito no son iguales para todas las víctimas, pues como señala Cobo, cada caso es especial. No obstante, una de las primeras y principales consecuencias al ser víctima de este delito es la exposición a la que está sometido el afectado, pues no solo se critica los documentos difundidos, sino que también se presta gran atención y se comentan todos los acontecimientos de su vida. Además, en la mayoría de los casos, los vídeos y fotografías se difunden en lugares donde el afectado es conocido.
Asimismo, junto con estos documentos se suelen añadir otros datos personales como el nombre completo, el teléfono móvil o, incluso, la dirección. Esta información facilita que terceras personas aprovechen la vulnerabilidad de la víctima para aumentar la humillación. Esta última se ve reforzada por un contexto social donde se culpabiliza de las consecuencias de este delito a la persona que envió las fotografías, en vez de a quién las difundió.
Por ello, es habitual que las víctimas muestren sentimientos de culpa o de vergüenza. “En nuestra mente es la sexualidad la que me ha metido en ese lío”, explica Ageitos, “cuando la culpa es de todas las personas que han difundido esas imágenes – es decir, también de aquellos que las reenviaron– y de quienes consideran la sexualidad como un objeto de burla”. El sexting es únicamente una herramienta disponible que sirve para ampliar la sexualidad, ni la persona que envía la fotografía, ni la práctica en sí son los culpables.
Interiorizar esta idea de culpa puede cambiar la postura del afectado sobre su sexualidad. Según Ageitos, es muy probable que una persona que ha practicado sexting previamente, sea de manera ocasional o habitual, disponga de una relación positiva con su sexualidad. Sin embargo, verse afectado por la sobreexposición que inflige este delito, puede originar dificultades para volver a tener relaciones sexuales, así como una pérdida de la autoestima y de la confianza en los demás.
Estas secuelas pueden derivar con posterioridad en cuadros de estrés postraumático, estados depresivos, ansiedad o en el desarrollo de fobias. En algunas situaciones, cuando la víctima se encuentra falta de apoyos y no dispone de los recursos necesarios para paralizar la difusión, el caso deriva en una de las consecuencias más graves: el suicidio.
Hace un año, Verónica, trabajadora en la empresa Iveco, se quitaba la vida cinco días después de que un compañero difundiera sin su consentimiento un vídeo suyo de carácter sexual entre los empleados de la compañía. La exposición y el acoso al que se vio sometida, unido al escaso apoyo que recibió por parte de su entorno, incluido el laboral, pues la empresa calificó el asunto como un problema personal, propiciaron que Verónica sintiera que no podía parar esta situación.
Cuestión de género
La magnitud de estas secuelas puede variar debido a varios factores. El primero de ello es el género de la víctima. Murillo explica que, en principio, el delito es el mismo independientemente del género. Sin embargo, socialmente es un delito que afecta más al género femenino, puesto que en la actualidad aún no está normalizado que la mujer muestre su cuerpo sin una motivación sexual. Sirva de ejemplo la cesura realizada en ese sentido desde Instagram, donde un joven puede publicar una fotografía sin camiseta, pero la imagen de una joven con una camiseta con transparencia puede ser eliminada.
La directora del Instituto Andaluz de la Mujer (IAM), Laura Fernández, ratifica esta situación. “Cuando las víctimas son mujeres conllevan una valoración social sobre su conducta sexual que queda por encima del delito del que son víctimas, culpabilizándolas o valorando su vida sexual, cosa que no ocurre cuando la víctima es hombre”, argumenta. Carmen, víctima de la difusión de una fotografía suya de manera no consentida, ha vivido esta doble valoración.
En su caso, Carmen subió una fotografía en ropa interior a sus historias de Instagram. Poco después, su entonces pareja le reenvió los comentarios realizados por varios de sus amigos sobre su fotografía. Cuando la publicó en Instagram, Carmen afirma que era consciente de que cualquier usuario podía ver su fotografía, puesto que su perfil era público, pero no esperaba recibir comentarios tan negativos de personas cercanas a ellas. Entre los mensajes se encontraban afirmaciones como que “una mujer normal no hace eso” o que lo que se merecía era que su novio le "metiera un guantazo".
Entre los mensajes y críticas que recibió a través de las redes, Carmen comenta que uno de los más extensos y donde más se la juzgó fue en el audio de una amiga de su entonces pareja, a quien apenas conocía, donde se afirmaba que se hizo esa foto porque “iba provocando”. “Cuando lo escuché me impactó mucho, me parece asqueroso que entre las mujeres se insulten así”, señala.
Los datos oficiales también sitúan a las mujeres como las víctimas mayoritarias de este tipo de delitos. Así lo recoge el Ministerio del Interior en su estudio Sobre la cibercriminalidad en España, donde se expone que en 2018, 1.519 mujeres fueron víctimas de un delito de acceso e interceptación ilícita, siendo 1.019 los afectados del género masculino. Por otro lado, Ageitos recalca que los hombres suelen ser víctimas de ciberdelitos como el ciberbullying, debido sobre todo a motivos LGTBIfóbicos.
Sin embargo, la difusión de imágenes no consentidas “está relacionada con el disfrute que las mujeres y hombres realizan de su sexualidad”, explica. En la sociedad actual, este libre ejercicio de la sexualidad no es igual para ambos géneros. Mientras que a la mujer se le imponen etiquetas como ‘puta’ o ‘guarra’, a los hombres se les relaciona con etiquetas positivas, como de ‘superhombre’. Para explicar esa diferencia, Ageitos pone de ejemplo las imágenes íntimas que muchas sexólogas reciben de hombres desconocidos, quienes las envían de forma indiscriminada, mientras que las mujeres se ven obligadas a preocuparse más por las imágenes que envían para que estas no sean difundidas.
El apoyo como pilar fundamental
En la amplitud de estas secuelas también influye el trato que recibe la víctima en su entorno. Ageitos confirma que, aunque no en todas las familias ocurre igual, aún existe una reacción generalizada de castigar a los adolescentes, denominándolos como “insensatos” por haber enviado ese tipo de contenido. En estas situaciones, el apoyo de la familia, sin juzgar las acciones de la víctima, adquiere una gran importancia, pues ayuda a los jóvenes a sobrellevar mejor las secuelas psicológicas.
Norma Ageitos, sexóloga
Carmen corrobora la importancia de recibir el apoyo de amigos y familiares en estos casos. Así, a pesar de que a sus padres no les gusta que se exponga en las redes, no dudaron en apoyarla, sin juzgarla. Una de las reacciones que más le sorprendió fue la de su abuela, a quien no le había comentado los hechos acontecidos por temor a su reacción. Sin embargo, cuando su abuela vio a Carmen en la televisión, a raíz de una entrevista que concedió a Espejo Público para hablar de su caso, decidió llamarla.
“Me dijo que estaba muy orgullosa de mí, que publicara lo que me hiciera feliz y me alejara de esa gente tóxica”. Estas palabras le hicieron reflexionar, puesto que el hecho de que “una persona de 87 años me diga que no he hecho nada malo y que me apoya, y que unos de 25 me digan que lo que tienen que hacer es pegarme, me hace plantearme que estoy haciendo las cosas bien”.
Junto con la familia, la reacción del profesorado es un apoyo vital para las víctimas de este delito. Es muy importante que el alumnado se sienta respaldado por los docentes, así Ageitos afirma que el impacto de las consecuencias variará dependiendo de si se toman medidas contra los alumnos que han difundido y compartido estas imágenes o, si por el contrario, las medidas se centran en culpabilizar a la víctima, cambiando por ejemplo el trato que esta recibía antes de difundirse los documentos.
En este sentido, Rocío – pseudónimo de una víctima de una supuesta difusión ilícita de imágenes– se sintió muy apoyada por el personal docente de su instituto. Fue un amigo quien le indicó que estaban difundiendo una foto suya de espalda desnuda; una foto que supuestamente ella había enviado a un chico del instituto. Sin embargo, cuando Rocío vio la fotografía supo que no era ella, puesto que, además de que no había enviado ningún nude o desnudo, la muchacha de la fotografía tenía unas marcas de nacimiento con las que ella no contaba.
No obstante el rumor de que la persona de la foto era ella se fue extendiendo por el instituto, donde una vez que el caso fue conocido por la dirección del centro, tanto la jefa de estudio como el director hablaron con ella para entender lo sucedido y emprendieron distintas acciones para conocer al autor de este delito.
Igual de importante que averiguar la autoría, es informar a la víctima de los distintos canales de los que dispone para pedir ayuda y denunciar los hechos. En el caso de Rocío no fue necesario denunciar a la persona que, posteriormente, confesó haber realizado este delito, puesto que no era ella quien salía en la foto. Sin embargo, ello no quita la relevancia que adquiere en estas circunstancias que los profesores comenten con los alumnos qué herramientas existen.
Vía administrativa o penal
Entre estas herramientas se encuentra el Canal Prioritario, un espacio habilitado por la Agencia de Protección de Datos (AEPD) donde los usuarios pueden comunicar que se está difundiendo de manera ilícita contenido sensible, sobre todo aquel que esté relacionado con contenido sexual o violento, y solicitar su retirada.
A partir de esta reclamación, la Agencia, como autoridad independiente, estudia los datos proporcionados y adopta medidas cautelares para limitar la difusión y el acceso a los datos personales. Cobrarán especial urgencia aquellos casos particularmente graves como víctimas de violencia de género, abuso o agresión sexual o acoso, o cualquier otro colectivo vulnerable como el de los menores de edad o con discapacidad, entre otros. Igualmente, la Agencia determinará cuál es la sanción correspondiente para los autores del delito.
“Los ciudadanos creen que deben acudir a la vía penal para los temas de protección de datos, cuando por la vía administrativa, se puede acudir a la Agencia de Protección de Datos y hacer valer tus derechos de manera sencilla, ágil y gratuita”. Jesús Fernández, abogado especializado en materia de Protección de Datos, incide en las posibilidades que ofrecen las instituciones a través de internet.
Jesús Fernández, abogado especializado en Protección de Datos, Servicios de la Sociedad de la Información y Comercio Electrónico
Jesús Fernández, abogado especializado en Protección de Datos, Servicios de la Sociedad de la Información y Comercio Electrónico
Entre las ventajas de este canal habilitado por la Agencia se encuentra que es una herramienta sencilla de utilizar, pues los usuarios tan solo necesitan de conexión a internet y un certificado digital; es un medio seguro donde se recibe además una rápida respuesta, sobre todo en los casos particularmente graves mencionados. Asimismo, destaca que a diferencia de la vía penal, es un recurso gratuito dado que no es necesario un abogado, aunque se recomienda contar con su consejo legal, sobre todo en casos delicados.
En la búsqueda de recursos sencillos y fáciles de comprender, la Agencia ha habilitado un canal vía WhatsApp especial para los jóvenes donde pueden preguntar cuestiones acerca de su privacidad, seguridad y protección de datos. El Canal Joven, al que se puede acceder desde la página web de la AEPD, supone un avance por parte de la Agencia, quien consciente de que WhatsApp es una de las aplicaciones más estandarizadas en España, sobre todo entre los jóvenes, intenta aumentar la comunicación de estas cuestiones en edades más tempranas a través de esta herramienta.
Por otro lado, el Instituto de Ciberseguridad Española desde hace unos meses ha puesto a disposición de los ciudadanos un teléfono (017) donde los usuarios pueden contactar para preguntar cualquier duda en materia de seguridad, así como alertar de algún delito que sufran como la usurpación de identidad. “A mí mismo me ha pasado. El fin de año de 2018 me hackearon la cuenta de WhatsApp, precisamente porque confié en un contacto (…), a quien le habían usurpado la identidad. Y yo también caí en cascada. Por suerte, lo pude solucionar de manera rápida porque supe desenvolverme, pero imagina cualquier persona que no tiene esos conocimientos”. Por ello, Fernández defiende la importancia de conocer la función de entidades como la AEPD o el INCIBE, que proporcionan la información y recursos necesarios ante estas situaciones.
A pesar de la existencia de estas herramientas, la mayoría de las víctimas prefieren no denunciar por temor a lo que puede ocurrir, especialmente cuando los denunciantes son menores. Clara explica que, cuando el chico al que le envío su fotografía la amenazó con difundirla, no denunció por miedo a las represalias. “No sabía cómo moverme, me sentía amenazada. No se lo conté a nadie porque imagina que manda esa foto a alguien conocido”. Este temor aumentó cuando la amenazó con frases como “si te veo por la calle, te hago algo”.
En este sentido, Cobo reafirma que las víctimas no deben tener miedo de presentar una denuncia para que sobre los delincuentes “caiga el peso de la ley”. Asimismo, añade que muchas víctimas sienten culpabilidad o vergüenza por denunciar este delito, temiendo el escarnio al que muchos afectados se han visto sometido. No obstante, Cobo defiende que la vergüenza no debe tenerla la víctima, “sino la persona que lo ha hecho y quien la difunde. Tenemos que cambiar el foco”.
Para conseguir esto, considera vital fomentar la difusión de los canales y herramientas que existen para denunciar este delito a través, por ejemplo, de las redes o la televisión. “La gente no habla demasiado de estos temas. Muchas veces no tienen ni consciencia de que está mal enviar imágenes de amigos a otras personas”, por ello, Cobo cree necesario aportar de manera más habitual información sobre estos asuntos, sobre todo en los institutos, para que los jóvenes disponga de suficientes conocimientos tanto para protegerse, como para saber cómo actuar ante estas situaciones.
Artículo 197.7
Desde el punto de vista judicial, la legislación española ha introducido a lo largo de los últimos cincos años distintos reformas para adaptarse mejor a los nuevos cambios sociales. Eloísa Pérez Conchillo jurista y profesora de Derecho Constitucional asevera que “el derecho tiene que ser capaz de adaptarse a las nuevas realidades”. En ese sentido, también confirma que el derecho a la intimidad se ha ido configurando hacia una perspectiva mucho más abierta.
Jesús Fernández, como abogado especializado en materia de Protección de Datos, comenta que hasta la reforma del Código Penal realizada en 2015, la sociedad no empezó a hablar sobre delitos contra la intimidad, como el stalking o ciberacoso. Entre las novedades de esta reforma, destaca la inclusión, dentro del el artículo 197.7, del delito de difusión de imágenes no consentidas también en aquellos casos donde la grabación sí se hubiera realizado con el consentimiento de la víctima.
De esta forma, se recogían situaciones como la de Olvido Hormigos, en aquel momento concejala socialista en el pueblo toledano de Los Yébenes, que supondría un punto de inflexión que facilitaría la posterior reforma. En 2012, la expareja de Hormigos difundió en internet un vídeo íntimo que ella le había enviado previamente. Hormigos presentó una denuncia, sin embargo, el caso se archivó porque la ley en ese momento entendía que para que hubiera existido un delito de difusión sin consentimiento, el vídeo tendría que haber sido obtenido de manera ilícita.
Con la posterior reforma, el artículo 197.7 permitió que este delito se persiguiera más fácilmente. Se estableció una pena de prisión de tres meses a un año - o una multa de seis a doce meses- para todas aquellas personas que sin autorización difundieran a terceros imágenes o grabaciones audiovisuales del afectado, perjudicando gravemente la intimidad personal de esa persona. Asimismo, si las imágenes o vídeos eran de menores, esto podría sumar cargos adicionales como pornografía infantil y pedofilia.
También se incluyó que la pena se aplicaría en su mitad superior cuando los hechos hubieran sido cometidos por el cónyuge o por la persona que estuviera manteniendo una relación sentimental con el afectado; cuando la víctima fuera menor de edad o una persona con discapacidad, o si los hechos se hubieran cometido con una finalidad lucrativa.
En el artículo se castiga además, dentro del apartado 197 bis, a los terceros que reenvíen los documentos privados, “por cualquier medio o procedimiento, vulnerando las medidas de seguridad establecidas para impedirlo, y sin estar debidamente autorizado”, con una pena de prisión de seis meses a dos años.
Por otro lado, Fernández destaca también la importancia de la protección de datos en España, recordando que hace cuatro años desde que se aplicó el Reglamento General de Protección de Datos el 25 de mayo de 2016. Se trata del Reglamento Europeo que protege a las personas en cuanto a sus datos personales y la libre circulación de estos. Pero, España ya contaba desde 1999 con una Ley Orgánica de Protección de Datos de Carácter Personal. Por ello, no sería correcto decir que la protección de datos se trata de algo novedoso en nuestro país, sino que ya existía una tradición con anterioridad en la que la protección de datos se consolidaba como un derecho fundamental.
Fernández hace referencia directa al Artículo 18 de la Constitución, basado en el derecho a la intimidad de la propia imagen; dentro de este puede encontrarse el apartado 4 que, a su vez, habla de las intromisiones de la informática de los ciudadanos españoles. Sin embargo, es cierto que aunque se haya aplicado una temprana ley de protección de datos, esta no se ha sabido plasmar hasta aproximadamente 2015, cuando se empezó a hablar de otras problemáticas internas como el ciberacoso. Actualmente, con los avances tecnológicos es muy fácil poder grabar material audiovisual y difundirlo; dejando la puerta abierta al acoso que sufren muchos menores en redes por ello, especialmente si son imágenes de carácter sensible.
Los familiares en muchos de los casos no están concienciados, pero eso no quiere decir que no existan herramientas para concienciar y prevenir sobre este tipo de situaciones. En Internet se publican recursos continuamente y a través de la web se puede llegar a cualquier tipo de información “siempre que mostremos interés por mantenernos informado”, puntualiza Fernández.
A pesar de ello, el uso de las redes sociales puede ocasionar repercusiones negativas, especialmente en los jóvenes. Partiendo de esta base, en el artículo Gestión de la privacidad de los perfiles de Facebook de adolescentes (2016), Andrés Chamarro, junto con otros autores, han destacado que “los controles de privacidad suelen ser difíciles de entender, incluso para los adultos”; esto nos lleva al desconocimiento en cuanto a las opciones de privacidad que existe en las redes. El acercamiento a estas opciones de privacidad estándar es proporcionado por las propias redes sociales, mientras que estos conocimientos no suelen tratarse en los centros educativos. Se espera, además, que esta información sea adquirida por los jóvenes a través del interés y la preocupación por querer mantenerse informado.
No obstante, entre los motivos más habituales para utilizar Internet, el Observatorio de la Infancia de Andalucía en 2018, señala que “un 74,8% expresa que les permite (Internet) mantener un contacto con aquellas personas, amigos o familiares que no ven con frecuencia, saber sobre la vida de otras personas (61,1%), o que sepan sobre ellos/as a través de sus fotos y vídeos (60,3%)”. Asimismo, hasta un 86% consulta páginas por diversión.
Los casos en cifras
Junto con el aumento del interés por parte de las entidades de ampliar los conocimientos sobre seguridad y protección de datos entre la población, sobre todo entre los jóvenes, también se han incrementado el número de casos de difusión de imágenes no consentidas. En el informe de 2018 sobre cibercriminalidad en España se aprecia un aumento significativo: en total hubo 245 casos más que en 2017 (2.505 casos).
Por otro lado, se aprecia “un aumento generalizado global del malware móvil, confirmado por otros informes internacionales”. También, entre 2015 y 2018 se observa un aumento de los delitos informativos. El 80,2% de los delitos conocidos corresponden a fraudes informativos, es decir, estafas; mientras que el 10, 8% corresponde a amenazas y coacciones. Para Fernández, el número de casos de difusión ilícita no ha aumentado en sí, para él la diferencia entre las cifras se debe a que ahora existen más herramientas para poder cometer este delito.
De todas formas, ante estos datos, las aseguradoras están jugando un papel importante en este ámbito, ya que han ofrecido nuevas iniciativas para combatir estos delitos. Así es el caso de Mapfre, que cuenta con una cobertura nueva dentro de su póliza del hogar. No se trata de un seguro exclusivo, pero sí se encuentra dentro del denominado paquete del hogar. En caso de que un delito de difusión de imágenes se produjera, la compañía asumiría el coste de la emisión de una certificación de veracidad bajo otra serie de acciones realizadas por profesionales especializados.
Una vez se extraigan las evidencias digitales que garantice la acción producida, se hará un análisis de las evidencias y de los contenidos en base a la violencia digital. También se realizará un informe sobre todo este proceso que pasará a entregarse al asegurado. Para proceder al borrado y al avance de la huella digital, el asegurado señalará expresamente qué desea borrar y dicha información será objeto de prestación; la empresa pedirá al asegurado los datos necesarios para llevar a cabo y finalizar el procedimiento.
Educar para prevenir
En términos de educación, es fundamental abordar ciertas cuestiones. Educar en el buen uso de Internet, especialmente con relación a la sexualidad, facilita que los futuros adultos cuenten con las herramientas suficientes para tratar situaciones concretas y sensibilizarse con ellas. Sin embargo, queda mucho camino por recorrer. Según Carmela Cobo, psicóloga y sexóloga profesional, no existe educación sexual a nivel nacional; salvo excepciones. De esta forma, se propagan diferentes problemas que afectan a la sociedad actual, como la desigualdad. También afirma que no sería complicado establecer planes para actualizar la educación, desde los profesores hasta los alumnos, pero no hay voluntad de hacerlo.
Por la misma corriente continúa la sexóloga Norma Ageitos, quien afirma que todavía existen muchos problemas para perpetuar la educación sexual de manera tangible: “si no ponemos medios específicos, como presupuestos orientados a pagar programas y proyectos, cuya efectividad y calidad estén comprobados. Todo esto recae en la voluntariedad y todavía queda mucho por hacer”. En consecuencia, se comprueba que la educación sexual ocupa un papel residual en la estructura de la educación española. Los centros educativos, por norma general, invierten los presupuestos en otras áreas y esta se queda descolgada.
En este aspecto, la intimidad es algo que se debe preservar entre los adolescentes. Norma Ageitos se pregunta si estos tienen realmente espacio para la intimidad. Afirma que se tienen que comportar como adultos, pero sin tener la intimidad de las personas adultas. No tienen alternativas ni en sus casas, ni las ciudades. De esta forma, se recalca que los jóvenes están completamente vigilados y controlados, por tanto, dichos espacios tienen que ser proporcionados para que puedan experimentar de una forma sana.
Las acciones en materia de educación, tanto sexual como cibernética, dentro de los colegios e institutos son muy importantes. En palabras de Cobo, los cursos sobre sexualidad permiten identificar las carencias que tienen los adolescentes a la hora de relacionarse. Por ello, hablar de ética o conductas para saber cómo comportarse dentro de una relación de pareja resulta crucial en su formación como personas. Y es aquí donde la ciberseguridad juega un papel fundamental.
La educación sexual tiene un vínculo directo con el uso de las redes sociales o aplicaciones de mensajería. Muchos de los jóvenes no conocen qué ocurre cuando mandan una imagen o un vídeo íntimo. La seguridad en este aspecto es importante y resulta imprescindible que expertos en la materia divulguen su conocimiento con el fin de establecer una relación totalmente segura a través de estos medios.
Infografía propia, basada en una encuesta propia realizada a adolescentes
Infografía propia, basada en una encuesta propia realizada a adolescentes
En este aspecto, Laura Fernández, directora del Instituto Andaluz de la Mujer, afirma que en Andalucía se estableció el Protocolo de detección e intervención en la atención a las víctimas de ciberdelincuencia de género, el cual recoge que el uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) no es ni igualitario, ni positivo para la mujer.
Se cometen cada vez más delitos contra los derechos de las mujeres usando las TIC, afectando de manera directa a los adolescentes. Fernández indica que esto sucede debido a que el machismo se ha trasladado a la sociedad virtual. Desde el IAM, han comprobado que es algo más complejo y grave porque se ataca la intimidad de las mujeres como no se ha hecho nunca.
Dados los hechos, el Instituto Andaluz de la Mujer ha propuesto soluciones a este problema, mediante la publicación de una guía didáctica denominada ‘La ciberviolencia en las redes sociales’. Esta herramienta se enmarca en la coeducación e intenta proporcionar una guía de actuación con dirección a una buena práctica profesional. Por otra parte, el propio instituto ha creado talleres en centros municipales llamados ‘Teatro Social’, donde los alumnos de secundaria trabajan distintos aspectos de la ciberviolencia de género. Sin embargo, consideran que aún necesitan reforzar su área de actuación con más recursos.
Guía didáctica 'La ciberviolencia en las redes sociales’
Guía didáctica 'La ciberviolencia en las redes sociales’
Por su parte, Antonio Murillo, responsable del Grupo de Trabajo de Psicología, Sexología y Pareja de la Delegación de Córdoba del Colegio Profesional de Psicólogos de Andalucía Occidental, considera que la educación sexual es muy deficiente, se debe integrar como asignatura obligatoria y se debe ajustar a distintas perspectivas: el plano biológico, social o psicológico; no solo es necesario hablar de la prevención, pues la formación sería escasa en este sentido.
Con relación a los ciberdelitos, indica que se debe empezar a prevenir los posibles delitos justo cuando los niños y adolescentes tienen acceso a los medios de telecomunicaciones con el fin de aprender a utilizar correctamente los dispositivos. Con ello, lo acompañan en el conocimiento de los riesgos que tienen y la forma de prevenirlos. De esta forma, depende de los centros educativos y las directivas que tengan estos respecto a esta problemática.
Las instituciones, en gran medida, son partícipes de este entramado. Es necesario además que sean parte de la solución. Para ello, la sociedad ha de conocer y saber qué labor están haciendo; comprobar que hacen un buen trabajo y que su utilidad es palpable. Una de esas instituciones es Andalucía Proyecto Digital, de cuya labor habla Macarena Marín Isac, responsable Provincial de la Red de Voluntariado Digital de Andalucía Compromiso Digital: “Andalucía Compromiso Digital es un proyecto de la Junta de Andalucía con la misión de acercar las tecnologías a la ciudadanía, desde lo más básico a lo más avanzado […]. Ahora mismo estamos centrados en las competencias digitales, donde la seguridad y la protección de datos son básicas. Tenemos unas jornadas que se llaman ‘Educar para proteger’, dirigidas a padres, profesores y alumnos, especialmente enfocadas a los centros escolares”.
Por otra parte, existe la plataforma Guadalinfo, de la que forma parte Francisco Jesús Pérez Roldán, como agente de innovación local. El objetivo fundamental de estos centros formativos es acercar las nuevas tecnologías a los ciudadanos y salvar la brecha digital, facilitando el acceso a estas tecnologías en lugares donde, en principio, se supone que es más difícil que los ciudadanos puedan acceder a ellas, como los pequeños municipios o los barrios más desfavorecidos de las ciudades andaluzas.
De este modo, explica en qué consiste dicha plataforma: “es un proyecto de la Junta de Andalucía, junto a las Diputaciones provinciales donde se trata de llevar las nuevas tecnologías a los pequeños municipios. Guadalinfo nace para acabar con la brecha digital, pero se ha convertido en un banco de pruebas en cuanto a nuevas tecnologías”. Francisco añade que, en la actualidad, se está trabajando en formación dirigida a las nuevas tecnologías, haciendo talleres con los jóvenes. “Creamos un proyecto llamado Guadalinfo educativo, que surge de la necesidad de los colegios, impartiendo la asignatura Cultura Digital”.
Estos cursos se empiezan en sexto de primaria, pero admite que deberían empezar antes, pues a esas edades los jóvenes ya comienzan a tener relación con dispositivos digitales. Así las cosas, se comprueba que existen instituciones volcadas en la prevención de ciberdelitos, aunque existen otros agentes sociales que puedan participar en esta tarea como, por ejemplo, la Policía.
Francisco Jiménez, coordinador del centro sevillano ubicado en Tres Barrios
Francisco Jiménez, coordinador del centro sevillano ubicado en Tres Barrios
La Policía es una de las instituciones públicas con mayor influencia para hablar de ciberdelincuencia. Tienen diferentes equipos preparados para luchar contra delitos de esta naturaleza, de modo que el acercamiento de las fuerzas policiales a los menores de edad puede convertirse en una ayuda fundamental.
La Policía local del Ayuntamiento de Palma de Gran Canaria, junto con la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito y asociación Pantallas Amigas, lanzó el veintiocho de enero 2019 la campaña ‘Si no eres tú, no puedes compartirlas’ con el fin de sensibilizar a la población sobre los delitos en Internet. La campaña está compuesta de diez viñetas con mensajes contundentes sobre el uso de las imágenes íntimas de otras personas y su difusión en plataformas como Twitter, Facebook o YouTube.
Campaña ‘Si no eres tú, no puedes compartirlas’
La Agencia Española de Protección de Datos publicó otra campaña el veintiocho de enero de 2020 denominada ‘Por todo lo que hay detrás’, momento en que también presentó un canal prioritario para comunicar la difusión de contenido sensible en Internet y solicitar su retirada. Los destinatarios de la campaña se centran en las víctimas y en quienes contribuyen a la difusión de vídeos imágenes o audios. Dicha campaña presenta un apartado de preguntas frecuentes sobre la difusión ilegítima de contenidos sensibles, donde se muestra el desenlace de una situación específica y las consecuencias que trae esta difusión.
A pesar de estas actuaciones, es evidente que se necesitan más medios para poder educar, se necesita mayor concienciación por parte de las instituciones. La educación sexual y cibernética han de ser dos pilares imprescindibles en la formación de las chicas y los chicos. La sexualidad e Internet forman parte de su vida y, en consecuencia, emplear recursos en ello trae beneficios a largo plazo para cada uno de ellos. Ageitos plantea un sistema donde prime la educación: “es importante que la educación la haga alguien con ciertas nociones de pedagogía. Hacer una educación desde el miedo está completamente desvinculado de lo que es la educación […]. Es bueno que exista un diálogo”.
¿Qué opinan los estudiantes?
¿Qué opinan los estudiantes?
Por tanto, el control sobre los adolescentes se puede considerar ineficaz. La comunicación, la comprensión y la empatía son realmente importantes para acercarse y comprenderles. A su vez facilitará que los adolescentes comuniquen sus preocupaciones y hablen de temas que, aunque son tabús en muchos sitios en la actualidad, son esenciales, como la sexualidad.
En consonancia con lo anterior, el abogado Jesús Fernández comenta que en los menores, ante todo, se debe priorizar en los valores a la hora de educar: “las herramientas no son ni buenas ni malas, depende del uso que se le dé. Es importante educar en valores y en los buenos usos digitales que se le pueden dar a estas herramientas”.
Es, por tanto, labor de los padres y educadores preocuparse por entender el momento por el que pasan los jóvenes y enseñarles los mecanismos necesarios para que sepan entender su sexualidad, aprender a descubrirse por sí mismos (o con otras personas) y además, hacerlo del mismo modo con las redes sociales, o Internet en general.
Un uso correcto y responsable de ello significará que existe una mayor conciencia del uso que se da a estos instrumentos. La educación es la piedra angular de cualquier país y, ahora, es el momento de apostar por un modelo actualizado para formar no solo a buenos profesionales, sino a mejores personas.
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