Reportaje multimedia sobre kick-boxing y las barreras económicas en el deporte minoritario

Pablo Nicolás Rivas Lucio

Capítulo 1. El kick-boxing: inicios y desarrollo

Nacimiento

El kick-boxing es un deporte de contacto que, como muchos otros, surgió tras una adaptación de diversas disciplinas tradicionales, en este caso fusionando elementos del boxeo con técnicas de artes marciales orientales. Su origen se encuentra en Japón durante la década de 1960, un período en el que las artes marciales occidentales y orientales empezaban a influirse mutuamente, impulsadas por la globalización y el interés en las disciplinas de combate que venían de Asia, especialmente el karate y el muaythai.

Desde sus primeros combates, el contexto cultural jugó un papel fundamental en la evolución del kick-boxing. En Japón, el auge de las artes marciales, impulsado por figuras como Bruce Lee, quien popularizó el uso ecléctico de diversas técnicas de lucha, ayudó a moldear este deporte, dándole la capacidad de trascender las fronteras de una disciplina rígida y dar paso a una más fluida, con énfasis en la versatilidad y el rendimiento físico. Rápidamente, en el territorio nipón se empezaron a crear asociaciones de un primitivo kick-boxing, donde Osamu Noguchi, un promotor deportivo japonés, tuvo un papel fundamental junto a dos maestros de las artes marciales, Naront Siri y Kenji Kurosaki.

Boom cultural

A partir de los años 70, el boom cultural de las artes marciales en Occidente, especialmente con la llegada de películas de kung fu, contribuyó a que el kick-boxing ganara terreno fuera de Japón. En lugares como los Estados Unidos, fue adoptado rápidamente por el público y los atletas.

A finales de la década de los 80´s y principios de los años 90 el cine ejerció un papel fundamental en la difusión y auge del kickboxing a nivel internacional, especialmente en Estados Unidos. Este período coincidió con un resurgimiento del cine de artes marciales, donde el kickboxing encontró un vehículo ideal para su popularización, gracias a la influencia de figuras icónicas y la narrativa de películas que resonaron con el público.

Figuras como Bruce Lee ya habían sentado las bases, pero fue en esta década cuando el kick-boxing destacó gracias a películas que lo popularizaron como disciplina accesible y emocionante. Estrellas como Jean-Claude Van Damme, Chuck Norris y Billy Blanks personificaron la fuerza y habilidad asociadas a este deporte.

La llegada a España

En el territorio español, el kick-boxing tuvo un desarrollo parecido al del nivel internacional. Donde aparece la figura de Dominique Valera, un reconocido karateca francés, como principal artífice de la inclusión de este deporte en la sociedad española.

Como recoge la Federación Aragonesa de Kick-boxing y Muaythai en el apartado “Historia” de su página web, este deporte fue introducido a finales de los años 70 por Valera. El karateca, tras un viaje a Estados Unidos, entró en contacto con el full contact, una modalidad de combate similar que decidió introducir en España a finales de la década. Al año siguiente, en febrero, el francés se corona como campeón del Campeonato de Europa en el Polideportivo Magariños de Madrid.

Para encontrar al primer personaje español relevante en la historia de este deporte hay que trasladarse a finales de 1979, como indica la Federación Aragonesa de Kick-boxing y Muaythai (s.f.): “En octubre del mismo año, tuvo lugar el primer Campeonato de España oficial de Full-Contact en el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid, siendo concretamente el primer Campeón de España del peso ligero Pedro Horcajo”.

Con el primer campeonato nacional oficial ya celebrado, la siguiente década sirvió para desarrollar este deporte y concretar una normativa unificada para todo el territorio. En estos años los esfuerzos se centraron especialmente en elaborar una buena base de deportistas y sistemas de competiciones. Para ello, se realizaron exámenes a deportistas, profesores y árbitros, además de crear diferentes competiciones de ámbito tanto local como internacional. 

Creación de la Federación Española de Kickboxing y Muaythai (FEKM)

Hasta finales del siglo XX, este deporte acogería nuevas modalidades además de Full-Contact, lo que enriquecería la diversidad de deportistas y estilos. Con una amplia red de campeonatos, modalidades y deportistas, surgió la idea de crear la primera federación española de kick-boxing.

Con la llegada del nuevo siglo vuelve a aparecer la figura de Pedro Horcajo, esta vez como defensor y difusor del kick-boxing español a nivel internacional. En 2003 fue elegido como Presidente del Consejo de Administración Europeo, lo que facilitó la unión de la Federación Española de Kick-boxing con la World Pan Amateur Kickboxing Association (W.P.K.A.), suponiendo un cambio organizacional de este deporte.

En 2008 la Federación Española de Kickboxing absorbe a la Asociación Española de Muaythai creando a la actual Federación Española de Kickboxing y Muaythai (FEKM). Esta es reconocida por el Consejo Superior de Deportes (C.S.D.), el Comité Olímpico Español (C.O.E), la Asociación del Deporte Español (ADESP), y dos asociaciones mundiales, la International Federation of Muaythai Associations (IFMA) y la World Association of Kickboxing Organizations (WAKO), siendo esta última reconocida por el Comité Olímpico Internacional como el organismo rector mundial del kick-boxing desde 2021, tras haberle concedido el reconocimiento provisional en 2018.

La actualidad del kick-boxing español

Una vez creada la FEKM, todo hacía prever que este deporte seguiría creciendo en el territorio español. Sin embargo, partir de 2010 hubo una tendencia negativa en el número de licencias emitida por el Consejo Superior de Deportes (C.S.D.), otorgando menos de dos mil en 2015. Esta tendencia dio un giro inesperado en 2016 cuando se emitieron más de nueve mil licencias federativas, dando lugar a una dinámica creciente hasta hoy día.

A nivel geográfico, el kick-boxing tiene un reparto desigual entre las diferentes Comunidades Autonómicas, donde Andalucía y la Comunidad Valenciana poseen el mayor número de licencias federativas con más de dos mil, mientras que en el norte peninsular apenas llegan a las 400 licencias, en comunidades como Galicia, País Vasco o Cantabria.

Capítulo 2. La FEKM, atrapada entre papeles y presupuesto

En el entramado del deporte español, donde los focos suelen apuntar hacia los deportes más populares y las grandes estrellas mediáticas, hay federaciones que, lejos del escaparate, luchan cada día por subsistir, crecer y dignificar su práctica. Es el caso de la Federación Española de Kickboxing y Muaythai (FEKM), que navega entre limitaciones estructurales, trabas burocráticas y una financiación ajustada para sostener un deporte en expansión.

Una tarta que no alcanza para todos

“No somos olímpicos, y eso nos penaliza.” Así de claro lo expresa el titular de la Gerencia de la FEKM, Juan Lama Arenales, al referirse a la distribución de los recursos públicos. En el reparto del Consejo Superior de Deportes, las federaciones olímpicas reciben más apoyo. A la FEKM le corresponde una parte de lo que se denomina “subvención ordinaria”, un fondo general que ronda los 50 millones de euros anuales para todas las federaciones.

Esa subvención representa el grueso de la financiación pública para la federación, aproximadamente el 50% del total de su presupuesto anual. El resto proviene de fuentes propias: un 40% por licencias deportivas (un ingreso fundamental que refleja el número creciente de practicantes) y un 10% mediante patrocinios o ayudas específicas de empresas vinculadas, como marcas de ropa deportiva.

“El problema es que la tarta es limitada, y todas las federaciones quieren crecer”, señala, en referencia a la intensa competencia por recursos en un sistema donde el volumen de ayuda muchas veces no guarda relación con la realidad de cada deporte.

Burocracia: la trampa del crecimiento

Pero el dinero no es el único obstáculo. La burocracia, muchas veces invisible para el público general, es uno de los principales frenos al desarrollo del deporte federado en España.

“Hay días en los que el 80% de mi jornada laboral se va en papeleo con el Consejo Superior de Deportes”, denuncia Juan Lama. Un tiempo que, según él, debería dedicarse a tareas clave: captación de nuevos deportistas, diseño de normativas, formación de entrenadores, o búsqueda de patrocinios. “Si pudiera dedicar solo el 20% a papeleo y el resto a proyectos deportivos, probablemente creceríamos mucho más”, afirma.

Deporte en expansión, estructura al límite

El crecimiento del kick-boxing y el muaythai en España es real. Cada vez hay más practicantes, más clubes y más competiciones. Pero la federación opera con una estructura mínima: apenas un puñado de trabajadores.

“Esto es como una planta y una maceta, para que la planta crezca necesitas que el tiesto sea grande”, explica gráficamente. La previsión es ampliar el equipo a tres trabajadores el próximo año, con la esperanza de llegar a cuatro en dos años. Una cifra modesta, pero fundamental para sostener un deporte que ha dado pasos de gigante en profesionalización.

Uno de esos avances ha sido en la formación y la seguridad. “Hace 10 años las condiciones eran terribles. Ahora es obligatorio tener seguro, que haya un entrenador titulado… Hemos creado los niveles uno y dos de entrenador…”, asegura desde la federación.

Mirando al futuro, con esfuerzo y constancia

El camino del kick-boxing y el muaythai en España no es fácil. Pero pese a los obstáculos, la federación avanza. Con más seguridad, más formación, más practicantes y una hoja de ruta clara. El desafío ahora es conseguir que las estructuras acompañen al crecimiento. Y que la maceta, por fin, sea del tamaño que la planta necesita.

Capítulo 3. Cuando toda una vida no es suficiente

En el municipio onubense de Isla Cristina se encuentra la escuela de deportes de contacto Tanave Vikings, lugar donde se esconde una historia de esfuerzo, pasión y resistencia. Luis Carlos Barrera Toledano, entrenador y luchador, representa a toda una generación de deportistas que, a pesar del crecimiento mediático de disciplinas como el UFC, lidian cada día con una dura realidad: en España, vivir del deporte de contacto sigue siendo una quimera.

“Los deportes de contacto sí están un poquito en auge, pero la UFC, en Estados Unidos... En las federaciones españolas y en el deporte en general, sigue siendo minoritario”.

Luis Carlos Barrera

Una pasión que no paga facturas

Luis Carlos lo tiene claro. A pesar de su trayectoria en el kick-boxing, boxeo, y otras artes marciales, reconoce que "poder comer como competidor en España va a ser muy complicado". Las cuentas no cuadran cuando, tras ganar un torneo, el premio apenas alcanza los 300 euros y el próximo combate puede tardar meses. Una lesión, y todo se detiene: ni vida académica, ni laboral.

Por eso, insiste a sus alumnos: “Lo más importante es tener una buena base de estudio”. La realidad es cruda: ser peleador en España no paga las facturas. “Te puedes hacer artista marcial y el día de mañana montar tu escuela”, explica, pero incluso eso requiere de una inversión económica importante.

De alumno a maestro

Su camino en las artes marciales comenzó cuando tenía tan solo cinco años y su madre lo llevaba a clases de kárate. Más tarde, el colegio le abrió las puertas del judo, y a los 17, el boxeo lo atrapó definitivamente. De ahí en adelante, su evolución en las artes marciales fue constante. "He seguido mi andadura en el tema de todas las artes marciales", cuenta con orgullo.

Su transición a entrenador llegó casi por casualidad: “Llamaron de la Federación para fomentar la actividad en Isla Cristina, y mi entrenador, Pedro Periañez, confió en mí. Tuve un pequeñito sueldo, prácticamente era pagarme la hora y la gasolina, pero bueno, me eché hacia adelante a ver lo que puede surgir”. Pero una pelea entre padres llevó a la suspensión de las clases. Luis Carlos no se rindió. Al mes siguiente, fundó su propia escuela.

Una escuela que es mucho más que un gimnasio

Su centro no es solo un lugar de entrenamiento. Es un refugio, una familia, un motor de transformación. "Tengo alumnos desde los ocho años. Ahora tienen casi 18, y ver cómo han evolucionado es una satisfacción enorme".

La escuela se sostiene a duras penas. Las cuotas apenas cubren el alquiler, la luz, el agua, los seguros, su desplazamiento desde Huelva… y un sueldo muy pequeño. “Ahora llegan junio, julio y agosto, y la escuela se mantiene por lo que se ha generado en invierno”, explica. Pero él no cierra, en julio tiene torneo en Portugal, en septiembre velada en Huelva. “Si paras, ya no estás”.

Luis Carlos también asume un rol social que va más allá del tatami. “Hay niños que sé cuál es su situación. Aunque su clase sea una hora, los dejo toda la tarde en el gimnasio para que no estén por la calle. He salido de trabajar, me he tomado un colacao y he dado clase sin dormir”.

Su relación con el Ayuntamiento

La escuela de Luis Carlos es la única en toda la provincia de Huelva reconocida por la Junta de Andalucía, con un profesor titulado por Educación y Ciencia. Aun así, el apoyo institucional es escaso. “El Ayuntamiento nos ha ayudado en un par de eventos con gasolina, pero si he ido a 10, solo han colaborado en dos” comenta Luis Carlos.

En el Ayuntamiento de Isla Cristina, el encargado de diseñar y distribuir los presupuestos deportivos es Alejandro Pérez Boa, concejal de Deportes. “Nosotros echamos el presupuesto sobre todo en las escuelas deportivas municipales”, asegura. Es ahí donde se invierte en instalaciones, mantenimiento y apoyo logístico, con un objetivo claro: que el deporte de base funcione correctamente y sea accesible para todos.

Y es que, en palabras del propio concejal: “Tenemos la suerte de contar con muy buenos deportistas. Pero si patrocináramos a todos los que se lo merecen, se nos iría todo el presupuesto solo en eso.” Por eso, desde el Ayuntamiento se prioriza garantizar que ningún niño se quede sin practicar el deporte que le gusta. El alto rendimiento, la competición y la promoción ya son, en muchos casos, terreno de empresas privadas o federaciones.

La gestión municipal del deporte en Isla Cristina funciona, muchas veces, respondiendo a las necesidades del día a día. “Lo normal sería decir a todo que no, porque no hay una previsión clara ni proyectos presentados en firme”, confiesa.

En la búsqueda de soluciones ante la falta de financiación, uno de los objetivos a corto plazo es establecer una línea de subvenciones estructurada, con bases claras, plazos definidos y una partida presupuestaria específica. “Queremos que sea algo donde presentes tu solicitud, se reparta el dinero disponible y no tengas que estar gestionando constantemente quién va antes o después”, explica.

A pesar de ello, para Luis Carlos, propuestas como una escuela municipal no solucionan el problema. “En un polideportivo, te limitan horarios. Yo necesito flexibilidad: si tengo que viajar un miércoles, doy clase el martes. Con limitaciones, no puedo mantener la constancia ni la preparación”.

La dura realidad es que la falta de recursos impacta directamente en las oportunidades de sus alumnos.

“La elección de quién compite no es por talento, es por dinero. Quien tiene, va. Quien no, se queda”

El combate continúa

A pesar de todo, Luis Carlos no se detiene. Por él, por sus alumnos, por la pasión que lo ha acompañado desde niño. En cada golpe, cada entrenamiento, cada torneo, pelea no solo contra un oponente, sino contra una estructura que olvida fácilmente a quienes forman el alma de este deporte.

Capítulo 4. Una visión de futuro

"Aquí, si no te lo pagas tú, nadie te lo paga". Así resume Antonio Bustelo Aguilar la cruda realidad de muchos deportistas en España. Alejados de los focos mediáticos, de las campañas de patrocinio y de las ayudas institucionales, cientos de atletas como él persiguen su sueño entre madrugones imposibles y equipamiento prestado.

Desde pequeño, el kick-boxing formó parte de su vida. Su padre lo practicaba desde joven y le transmitió esa pasión que ahora se mantiene intacta, a pesar de los obstáculos. Pero soñar con vivir de ello parece, hoy por hoy, una utopía: "La vida está complicada. Tú no puedes dedicarte a esto completo. Tienes que tener mucha suerte. Y trabajarlo, claro, pero también te tiene que llegar una oferta de una la liga alta."

Mientras espera esa posible oportunidad, equilibra su vida entre entrenamientos y sus estudios, los cuáles ve muy necesarios para encontrar un trabajo que le permita costear el deporte. "La perspectiva es tener un trabajo, y ya luego, cuando se dé el caso, ir peleando poco a poco. Más o menos lo que están haciendo la mayoría de gente".

El material: otra trampa invisible

La compra del material también es una batalla constante. Las marcas homologadas por la federación pueden cambiar de una temporada a otra, según quién pague por estar. Un material que era válido puede quedar obsoleto de un día para otro. "Este año han hecho una putada porque tenemos todo lo que es Top Ten, pero ahora si ese material no tiene el símbolo WAKO, no puedes usarlo."

Las federaciones exigen marcas específicas para cada parte del uniforme: guantes, espinilleras, botines, camiseta... Todo bajo lupa. "Tú tienes que llevar la camiseta dentro del pantalón, entonces la marca sale fuera. Las espinilleras a lo mejor las puedes tener de otra marca, puedes tirar de esto… Pero te van a levantar y te lo van a averiguar." No es una norma, es una vigilancia. Y si no se cumple, no se compite.

Frente a ese sistema cerrado y exigente, los deportistas se organizan como pueden. "Una parte del material la compra un compañero, otra parte otro… Ahora la verdad que podemos compartir entre 10, 8… al que le falta una cosa, lo tiene el otro. Entonces lo vamos salvando." Es la economía solidaria del tatami.

Sin patrocinadores, pero con pasión

Cuando se le pregunta si tiene algún patrocinador, la respuesta es clara: "No. Eso es muy complicado. Aquí no es como en otros deportes." Los apoyos son escasos, puntuales y, por lo general, simbólicos: una camiseta, algún material. Nada que cubra los gastos reales. Los patrocinadores, dice, están reservados para quienes ya tienen nombre o seguidores en redes.

Si no hay dinero, no se compite. "Le dije a mi madre: 'mamá, hay dos campeonatos. El de Andalucía y el de Point.' Y preferí el de Andalucía." A veces, incluso, se saltan torneos por no poder costear dos eventos cercanos en el calendario. "Mi madre dijo: ‘uno u otro, los dos no puede ser’ ". No hay becas, no hay apoyo. Solo una familia que hace cuentas y un hijo que tiene que elegir.

Viajes que cuestan el alma

Las condiciones de desplazamiento para competir también son duras. Muchas veces, para ahorrar el alojamiento, viajan de madrugada y regresan en el mismo día. "Para un campeonato en Almería, nos hemos levantado a las 5-6 de la mañana, hemos ido, hemos competido y hemos vuelto en el mismo día."

Y es ahí donde se revela la verdadera cara del deporte no profesional: la de los que madrugan sin saber si volverán con una medalla o con una lesión, la de los que no tienen sueldo, pero sí vocación, la de los que no buscan fama, sino seguir luchando.

¿Y qué los mantiene en pie?

No es el dinero. No son los premios. Es el amor puro por el deporte. "A veces sí te desanimas. Porque tú ves que te estás esforzando, que estás entrenando todos los días, que lo estás dando todo… Pero también sabes que, si de verdad te gusta, lo haces igual. Y yo lo hago porque me gusta. Porque si fuera por dinero, ya habría dejado esto hace mucho."

Compite por amor al arte. Por amor al tatami. Por cumplir su sueño. Y lo hace sabiendo que quizá nadie se lo reconozca, que quizá nunca aparezca en televisión, que quizá nunca reciba ese patrocinio que le permita dedicarse solo a entrenar. Pero sigue. Porque "el ambiente, entrenar, competir… eso no tiene precio."

Una historia entre muchas

Como él, cientos de jóvenes comparten medallas, viajan sin dormir y entrenan en silencio. No buscan admiración. Solo respeto. Visibilidad. Oportunidades. Porque si bien no tienen el respaldo de grandes marcas, sí tienen algo más poderoso: el compromiso, la pasión y la voluntad de no rendirse.

Las historias que se recogen en este reportaje son el reflejo de una realidad que permanece a la sombra del deporte de élite y los focos mediáticos: la de quienes construyen, con esfuerzo diario, el presente y el futuro del kick-boxing en España. Desde la Federación Española de Kickboxing y Muaythai (FEKM), atrapada entre presupuestos ajustados y una burocracia asfixiante, hasta los luchadores y entrenadores que sostienen este deporte con sus propias manos. El crecimiento no solo se mide en número de licencias o medallas, sino también en sacrificio, compromiso y resistencia.

Luis Carlos Barrera y Antonio Bustelo son solo dos nombres entre otros muchos que comparten una misma lucha: entrenar, formar, competir y enseñar sin las mínimas garantías, en un entorno donde la financiación es escasa, el reconocimiento institucional limitado, y la pasión aparece como el único combustible constante. Sus testimonios revelan un sistema donde el talento a menudo se ve frenado por la falta de recursos, donde las oportunidades no se reparten por méritos sino por capacidad económica, y donde el alto rendimiento convive con la precariedad.

Este reportaje no es solo un retrato del presente, sino una llamada de atención para repensar el futuro del deporte en España. Un futuro donde federaciones no olímpicas puedan tener un espacio más justo en el reparto de fondos, donde los ayuntamientos colaboren de forma estructurada con quienes forman comunidad y transforman vidas, y donde los deportistas de base no tengan que elegir entre competir o comer. Porque, como queda claro en estas páginas, el kick-boxing no necesita compasión, sino compromiso y visión. Lo que se juega en el tatami o el ring, muchas veces, es mucho más que un combate: es el derecho a soñar.

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