Día Universal del Niño
Una mirada desde el voluntariado con los más pequeños
Desde el 20 de noviembre de 1959 se celebra el Día Universal del Niño, fecha en la que se aprobó la Declaración de los Derechos del Niño por los 78 estados miembros de la Organización de Naciones Unidas.
Pero, ¿para qué sirve el Día Universal del Niño?
Este día sirve para sensibilizar a la población sobre la existencia de realidades en el mundo que deben ser cambiadas y concienciar de que todos los niños y niñas tienen derecho a la educación, la salud y la protección, sin importar dónde hayan nacido. Además, también se reconoce el trabajo de las personas que luchan por esos derechos de los menores más vulnerables, ya sea a través de ONGs, colaborando económicamente para la adquisición de recursos, voluntarios, etcétera. Gracias a todos ellos, niños y niñas de todo el mundo aspiran a tener un futuro mejor.
Hablamos con una joven voluntaria, para conocer su labor en profundidad.
Reyes Rodríguez Villafuerte, alumna de Psicología en la Universidad Loyola , decidió realizar un voluntariado con la Asociación Papá Alpha en el poblado de Thiancoumlal, ubicado en la región de Kedougou, en el extremo sur de la República de Senegal, donde vivió una de las experiencias más impactantes y enriquecedoras de su vida.
La inquietud y curiosidad por conocer otras culturas, así como la necesidad de entender la situación en la que viven y poder aportar su granito de arena, la llevan a vivir esta experiencia.
"Necesitaba enriquecerme, conocer, entender y sentirme parte de algo que contribuyese a mejorar este mundo tan loco en el que vivimos"
Reyes afirma que lo más impactante de su experiencia fue comprobar que existe “una infancia descartada”; la mayoría de los niños acude a la escuela hasta aproximadamente los 12 años y cuando tienen “suficiente edad” tienen el deber de ayudar en el trabajo de campo, atender las tareas domésticas, cuidar de sus hermanos menores y muchas otras responsabilidades que no debería tener un niño de esa edad.
Reyes reclama el derecho a ser niño, vivir acorde a la edad: acudir a la escuela, aprender, conocer los hábitos saludables, lavarse las manos... Cosas que en nuestra realidad están interiorizadas, naturales, allí son cuestión de supervivencia, desarrollo y valores.
Reyes asegura que no solo la educación académica es importante para todos estos niños, sino también la "educación en la vida".
"Es muy injusto que por nacer dentro de una frontera u otra tengamos distintos derechos"
El día que Reyes se fue del poblado, le ocurrió algo que nunca olvidará. Malal, era el típico niño travieso que iba muy poco a las clases porque trabajaba, tenía poca afinidad con los voluntarios y las veces que acudía a la escuela tenía que cuidar de su hermana porque estaba enferma. El último día, cuando estaban todos reunidos para despedirse, Reyes no vio a Malal, fue a buscarlo a su "casa" y pidió permiso a su padre para que fuera con ellos a despedirse. Malal fue a por algo y salió con Reyes hacia la escuela.
De camino, agarró la mano de Reyes y, cerrándola, dejó en ella una moneda (un franco). Reyes no podía creerlo. Todo lo que tenía, lo más valioso para él, se lo había entregado para agradecerle lo que estaban haciendo por ellos. La moneda, un detalle material, es el reflejo de la solidaridad de estos pequeños. Sin tener prácticamente nada, dan todo lo que tienen; sus sonrisas, bailes, abrazos, lecciones de vida y amor.
Ellos, verdaderos supervivientes, como muchos niños del mundo, tienen sus sueños. Sueños que se irá haciendo realidad gracias a la ayuda de miles de personas que, como Reyes, aportan su granito de arena con la esperanza de que todos, independientemente de dónde hayamos nacido, tengamos los mismos derechos y oportunidades.
